Empujar hacia el salto cualitativo

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El país está en un momento histórico quizá irrepetible. La presión hacia el gobierno llega desde distintos sectores y las renuncias de funcionarios no detienen la crisis. Es posible que los poderes fácticos no hayan calculado bien el peso que las protestas populares iban a ejercer y que la toma de conciencia acerca de la corrupción sería la chispa para encender un fuego que lanza llamaradas que dicen #RenunciaYa.

Es un hecho que del gobierno ya no queda nada y que el presidente no renuncia porque al sistema no le conviene, pues su salida podría hacer crecer la ola que puede arrasar con la demás corrupción del Estado: Cortes y Congreso de la República, por ejemplo.

De ahí que el discurso que se quiere imponer ahora es el de restar importancia a las protestas populares y a la consigna principal del movimiento que empezó el 25 de abril, que exige la renuncia del presidente y de todos los funcionarios corruptos.

Los medios de comunicación tradicionales casi nunca hacen alusión a que la exigencia ciudadana converge en el pedido de la renuncia del mandatario, prefieren centrarse en la lucha contra la corrupción, pero hasta el momento los principales sospechosos, como la vicepresidenta y su secretario, no han sido procesados y ni siquiera se sabe en dónde están.

Es obvio que para que la situación del país mejore hay que hacer cambios de fondo. No es el momento para maquillaje. Ni se debe pensar en que las próximas elecciones son la oportunidad para introducir los cambios, porque son los mismos políticos que contribuyeron a crear la crisis los que están participando.

Hay que considerar que tampoco se ha dicho mucho de la contraparte de la corrupción; es decir, los empresarios corruptores, quienes quizá sean los principales beneficiarios del sistema, y que ahora asustados enfilan todas sus fuerzas a impedir que Baldizón llegue al poder, pues parece que se les hace más difícil pactar con él. Pero también preocupa a todos los actores del sistema que la fuerza de las protestas siga creciendo, porque eso los obligaría a hacer concesiones que, por lo visto, no están dispuestos a realizar.

Se debe tener claro que la solución a esta crisis no es votar por el menos peor. Cualquier político que llegue al poder, por bienintencionado que sea, es casi imposible que logre incidir positivamente, porque las reglas del juego serían las mismas.

Lo que queda al ciudadano común es seguir participando en las protestas y consolidarlas. Llenar La Plaza y hacernos escuchar es el camino. Desde La Plaza, a viva voz, podemos impulsar los cambios necesarios para empujar el país hacia el tan necesario salto cualitativo. Articular un discurso común es la meta, sin dejarnos callar por el que los medios tradicionales de comunicación quieren imponer.

El camino dentro la legalidad es presionar para que renuncien los corruptos, y si quienes los sustituyen también son corruptos se vuelve a protestar y a protestar. También ese es el camino para presionar al cambio de las leyes que permiten la corrupción del sistema.

No se debe desperdiciar la oportunidad histórica que tenemos.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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