En el balance cotidiano

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Están en cada rincón del mundo. No hay campo en el que no se les encuentre. En todo momento y  en cualquier lugar, siempre alguien se levanta para alzar la voz en defensa de un derecho. Ese alguien, mujer u hombre es, en esencia, una persona defensora de derechos humanos. Personas que practican un derecho universalmente reconocido: el derecho a defender derechos humanos.

Porque no se trata únicamente de que los Estados suscriban convenciones y reconozcan en sus leyes los derechos humanos de toda naturaleza, sean civiles y políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales o de género, así como los derechos de los pueblos. Hay necesidad de vigilar su cumplimiento y, generalmente, alzar la voz para que se cumplan. Ese quehacer es la actividad de las y los Defensores de Derechos Humanos (DDH). Personas cuya acción de vida es ser la voz de quienes no pueden alzarla, caminar por su pueblo o comunidad, protegerla de las agresiones y los ataques, ser el rostro de quien no puede salir en público.

Un trabajo que no se realiza sobre un lecho de rosas. Por el contrario, en una gran cantidad de países, las y los DDH hacen su tarea bajo la amenaza o la agresión. Miles han pagado con su vida el amor a sus semejantes. Otros miles también están en la cárcel porque los estados utilizan indebidamente el derecho penal como arma de ataque. El exilio y la tortura es también la alternativa para miles más.

En el camino, también pueden perder su empleo, sufrir el aislamiento de la familia, enfrentar difamación e insultos. La misoginia, la fobia a las diversidades sexuales, el racismo, la exclusión, el despojo y los males que buscan superar para otros y otras son también males que confrontan día a día.

Y pese a ello, siguen ahí. Día con día, preparando sus tareas de defensa para otras y otros. Recorriendo los rincones de sus países, buscando apoyo internacional cuando se requiere, educando o intentando educar sobre el sentido y el valor de defender derechos humanos.

Sin las y los DDH, las sociedades en los Estados débiles, corruptos y autoritarios, e incluso aquellos Estados sólidamente democráticos, estarían desamparadas. Precisamente para recordarle al mundo el rol fundamental que desempeñan y para homenajearles, se ha instituido el 9 de diciembre como el día mundial de las y los Defensores de Derechos Humanos.

Guatemala también tiene su historia de violación e irrespeto a los derechos humanos. Pero también, cuenta con miles de personas que día con día se levantan para defender el derecho de todas y todos en distintos ámbitos. Incluido el derecho a defender derechos humanos. Si bien es cierto,  Guatemala es un país que se ha caracterizado por la gran intolerancia y en no pocas ocasiones responsabilidad del Estado en los ataques a DDH (más de 870 en 2014),  también lo es que hay un aporte enorme a la defensa del derecho a defender derechos humanos.

Desde este espacio, un reconocimiento a la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos (UDEFEGUA) y su equipo, ante el incansable y permanente esfuerzo por proteger a las y los DDH. Un reconocimiento a todas las personas que en cualquier lugar de Guatemala y el mundo,  defienden el derecho de otras y otros, para construir el futuro. A ellas y ellos, va dedicado este verso de Otto René Castillo:

 

FRENTE AL BALANCE MAÑANA

 

Y cuando se haga
el entusiasta recuento
de nuestro tiempo,
por los que todavía
no han nacido,
pero que se anuncian
con su rostro
más bondadoso,
saldremos gananciosos
los que más hemos
sufrido de él.

   
  Y es que adelantarse
uno a su tiempo,
es sufrir mucho de él.

Pero es bello amar al mundo
con los ojos
de los que no han nacido
todavía.

 
    Y espléndido,
saberse ya un victorioso,
cuando todo en torno a uno
es aún tan frío y tan oscuro.
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About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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