En el Día Internacional de las personas con discapacidad

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El 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las personas con discapacidad. Es una buena fecha para recordar y visibilizar algunas de las condiciones de exclusión que tienen que afrontar en una sociedad tan insensible como la guatemalteca.

Hay que considerar que las personas con discapacidad son uno de los grupos que mayor exclusión afrontan, por diversas razones. Los recursos que se destinan desde el Estado para resolver aspectos relativos a la salud, educación, atención laboral, etc., resultan totalmente insuficientes. Los esfuerzos privados resultan escasos frente a la demanda que existe y que, además, se encuentra centralizada en la capital (¡hay que imaginar lo que significa ser mujer, indígena, pobre, rural y con una discapacidad en este país!).

Pero además, todavía existe cierta sensibilidad que considera a las personas con discapacidad como “pobrecitos”, personas totalmente necesitadas de ayuda, y cuya reacción ha sido, como se evidencia en conversaciones, chistes y ciertas campañas publicitarias (basta pensar el tono de las campañas de Teletón de no hace muchos años), la caridad y la compasión.

Frente a ello, lo que se necesita es ir creando mayor sensibilidad de las personas con discapacidad como sujetos de derechos. Destinar los recursos suficientes para la atención de las distintas necesidades que presentan y organizar la sociedad de forma más incluyente.

Por ejemplo, en el país muchos edificios públicos y privados, las calles, el transporte, los espacios públicos, entre otros, están diseñados de tal cuenta que impiden que las personas con discapacidad puedan acceder a los espacios de forma adecuada. En principio, la construcción de rampas y accesos que permitan la circulación más libre para las personas con discapacidad no son demasiado elevados. Sin embargo, este aspecto tan evidente, ni siquiera se toma en cuenta en muchos casos.

Con todo, es de resaltar que existen esfuerzos de personas y grupos de personas con discapacidad y familiares que van, poco a poco, creando un movimiento que ayude a visibilizar las condiciones de exclusión que afronta este grupo y que lucha por mejoras particulares, así como por una nueva sensibilidad que ayuda a ver a las personas con discapacidad no como “pobrecitos” o sujetos que despiertan compasión y lástima, sino como sujetos de derechos.

Como debe ser.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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