En el día internacional de los desaparecidos

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karlaschlesingerPor Karla Schlesinger

Nada en este mundo puede justificar la desaparición forzada. Nada. Ni el miedo más profundo, ni el patriotismo más convencido, ni el odio más ciego.

Quien no lo ha vivido no puede imaginar la angustia de perder a un ser querido de esta manera. Aún así, los exhorto a que lo intenten.

¿Cómo creen que se sentirían si hoy en la noche no regresa a la casa su esposo o su hija?

¿Acaso no los buscarían hasta debajo de las piedras? ¿Podrían comer y dormir sabiendo que tal vez en este mismo momento se les tortura?

¿Cómo se sentirían si nadie quisiera darles razón, si hasta su propia familia y amigos les voltearan la espalda porque no quieren meterse en problemas?

¿Y si ese ser amado fuera un niño?

¿Qué pasaría si los vieran con lástima, pero a la vez con cierto fastidio por no cambiar de tema?

¿Les gustaría que les dijeran: “Tal vez en algo andaba metido”? ¿Y acaso importa? ¿Por qué en este caso no hubo debido proceso?

¿Creen ustedes que con el pasar del tiempo es aceptable que la sociedad les diga: “Ya pasó el tiempo, hay que perdonar y olvidar” y para mientras no hay ni una tumba a donde llevar flores?

Este es el sufrimiento de 45 mil familias. Si la sociedad guatemalteca se sigue rehusando a enfrentar esta mancha negra en su pasado, no me digan que está lista para un mejor futuro, porque no hay progreso que valga para estos miles de desaparecidos que no tuvieron la oportunidad de defenderse y probar su inocencia.

Mientras se sigan ofreciendo excusas para un Estado represivo capaz de “desaparecer” personas sin seguir el proceso legal, solo se puede concluir que lo volveríamos a permitir.

Y sí, para las 45 mil víctimas de desaparición forzada es demasiado tarde. No se les puede devolver la vida, pero al menos debemos exigir que sean devueltos sus restos a sus familias. Es lo mínimo.

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