En el mar, alejado de la costa

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Como ya se presume, la globalización anunciaba además de las promesas de éxito global y de consumo masificado y democratizado, el inicio de la decadencia del capital como forma de organización económica y social. La ilusión del desvanecimiento de las jerarquías para parecer todos sujetos con las mismas oportunidades, fue solo eso, la ecualización del vacío existencial que todos anidamos en la interioridad. Las masas se volvieron ejércitos educados para el consumo ilusoriamente exclusivo, y las minorías poderosas acumularon sin precedentes hasta el desborde. Pero el sistema capitalista es cada vez más débil, endeble y frágil porque en su afán acumulativo radica la propia posibilidad de su extinción. Las burbujas inmobiliarias que reventaron en la primera década de este siglo, anticiparían ya su vejez y su incoherencia.

La contradicción está explotando entre los valores de la modernidad y el desborde neoliberal. El modelo liberal o Ilustrado (S. George) promovió por más de un siglo la libertad individual y la emancipación de la mayoría; el bienestar material y la igualdad. Además se prometía un régimen constitucional, elecciones libres y la separación de los poderes e incluso el Estado laico. En cambio el modelo neoliberal no puede satisfacer las garantías morales y sociales que ha enarbolado el esquema liberal. Dicho con un ejemplo: jornada laboral reducida y guarderías gratuitas ya no es rentable para el sistema contra guarderías prepago y jornada extendida. Dicho más fríamente, el sistema enfrenta el desafío de época en el que debe decidir cuál es el nivel de desigualdad que quiere tolerar para poder sobrevivir como forma hegemónica.

Pero la objeción ha empezado a hacerse pública, el 99% del planeta toma conciencia sobre el oprobioso 1%. Los movimientos sociales de la primera y la segunda década de este siglo representan cada vez mejor la decantación de esa conciencia política sobre su propia condición. En ese sentido, Occupy, Indignados, la Plaza de Guatemala, los de la primavera árabe son todas expresiones enfurecidas del incumplimiento de la promesa del modelo liberal, pero también hartas de la acumulación exorbitante de riqueza de aquel 1% de ricos (incluidos políticos, financistas e industriales) que triplicó su fortuna, pero además lo hace a costas del Estado mismo.

La expresión offshore significa literalmente en su traducción al español, en el mar y alejado de la costa, y en esa expresión se resume la prerrogativa que el mismo sistema diseñó para que los fastuosos representantes del 1% no enfrentaran el incómodo problema de la recaudación fiscal. Allá en los paraísos fiscales, casualmente paradisíacos lugares en el mar, yacen alejados de la impertinente injerencia del Estado, un entramado de instituciones financieras que permiten y ayudan a presidentes, aristócratas, nuevos empresarios del deporte o de cualquier actividad que los catapulte como íconos del consumo, famosos actores y todo aquel que quiera evitar aportar a su propia sociedad.

Los documentos de Panamá destaparon a lo ancho y largo del planeta aquella incómoda doble moral; ¿qué dirán ahora los organismos multilaterales?, ¿cómo se justificarán los representantes del pensamiento marroquiniano?. Después de conocer la moral de papel de grandes figuras de la política, la cultura popular, el deporte, el cine, etc., los márgenes de la ética se han vuelto elásticos y el sistema empieza a verse desnudo, es claro que el capitalismo no puede resolver un contexto de exclusión  de masas, solo puede generar un cambio en las condiciones de ese contexto, esa es la próxima batalla.

 

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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