“En Guatemala solo bolo se puede vivir”

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La frase es atribuida a Miguel Ángel Asturias y encierra una verdad irrebatible. No porque todos los guatemaltecos seamos borrachos, habrá unos cuantos que no lo son, otros más que son bebedores sociales y otros que pueden dejar la furia cuando ellos quieran. Nada de malo hay en echarse las chelas de vez en cuando, un día sí un día no, todos los días, o con la frecuencia que el parroquiano estime necesario. Tampoco es malo que en lugar de chelas se tome licor u otro tipo de bebidas espirituosas.

La gente tiene distintos hábitos para eso del chupe, unos de gorra; otros en la mañana, antes del café, o café con piquete; varios quizá se tomen un su güisquito y ya, otros un su vinito; y así, cada quien tiene su técnica, como un señor, anciano él, que me contó que se tomaba la cerveza al tiempo porque fría no hacía efecto. ¿Cómo así?, le dije yo. Sí, mire, esos que llenan la mesa de cervezas para que vean que son buenos pa’lchupe, no sirven; porque a cada rato van a orinar y no les hace efecto, en cambio al tiempo ahí se queda en el estómago y pega, me dijo, mientras se compraba una su cerveza de esas que les dicen taconudas y solo cuestan cinco quetzales, puro sensei.

El gusto por el licor o las bebidas fermentadas puede ser adquirido, pero también hay quienes dicen que está en los genes, por eso es que somos un país de bolos. A veces me he preguntado si el fondo, pero no de la botella, más bien del mero asunto es que en realidad estamos malitos de la cabeza, pero no locos de atar, más bien como que fuéramos depresivos y necesitamos que un psiquiatra nos diagnostique y nos dé terapia o algún medicamento que nos devuelva el equilibrio químico.

La de Estados Unidos, por ejemplo, es una sociedad de desequilibrados. ¿De qué otra forma se le puede llamar a un país que produce asesinos en serie, asesinos de masas, tiradores solitarios, terroristas, racistas y toda clase de gente violenta, con patologías de todo tipo y que sirven para engrosar los manuales de psiquiatría? Por eso no es raro que Estados Unidos sea el principal consumidor de la droga que se trasiega por el mundo. Quizá algún escritor estadounidense alguna vez dijo: En “América” solo drogado se puede vivir”.

Sea aquí o en la Patagonia, la vida es dura y es difícil vivirla. No es raro que el licor o las drogas sean de consumo masivo, porque ayudan a evadir la realidad.

Somos un país de enfermos mentales sin diagnóstico, porque la salud pública apenas puede con las enfermedades físicas y menos va a poder con las de la cabeza. La salud privada quizá ofrezca servicios decentes de psiquiatría, pero no es algo común, ni tampoco será barato; es decir, pocos podrían pagarlo.

En resumen, vivir en este país es difícil y la mayor parte del tiempo existe la necesidad de evadirse de esta realidad de pobreza y violencia.

Estamos bien chusemas.

Salud pues.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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