En peligro de extinción

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—¿Y a vos quién putas te dio el encargo de buscar la felicidad colectiva? —Me pregunta cínicamente mi otro yo después del arrollador triunfo de Jimmy.

La interrogante me toma por sorpresa no tanto por lo altisonante sino por lo ostensiblemente tardío.

—¿Cuándo vas a entender que tus aspiraciones no tienen nada que ver con lo que la gente quiere? —¿Qué te creés que sos?

No le es fácil caer bien cuando hace preguntas que no tienen respuesta convincente.

—Vos estás bien, viví tu vida, no ganás nada sudando calenturas ajenas.

De nuevo, el tono amargo e inapelable de la realidad me deja sin argumentos. ¿Ajenas? ¿Qué es estar bien? ¿Puede estarse mejor? ¿Existe acaso un estado de bienestar nirvanesco en el que el ser humano deja automáticamente de buscarle tres pies al gato?

—Al final de cuentas ya ni te gusta Guatemala, ya no te hallarías, te ven y te sentís como de otro planeta

No pude evitar percibir despecho en eso último, al mejor estilo del Chavo del 8. Tiene razón –pienso– pero trato de justificarlo como lo haría la mujer abusada que se niega a dejar al marido. No es cuestión de lógica. ¿O sí? ¿Qué es lógica sino un consenso general? ¿Qué tiene que ver “gustar” con eso?

—Soñar es para perdedores, por lo menos estadísticamente hablando, razona.
Tiene razón de nuevo –pienso–, las inhumanas estadísticas no mienten pero tampoco detuvieron al Caballero de la Triste Figura. ¿Será un defecto genético?

—Quizás te convenga aceptar que sos parte de una minoría “muy pequeña”, y que nunca llegarás ni a “minoría grande” mucho menos a mayoría, tenés que entenderlo.

Tengo que entenderlo pero no puedo. Dejaría de ser humano, pienso. No puedo imaginarme menos irracional de lo que ya soy. Oficialmente perdería la prueba de las leyes de robótica de Asimov.

—Buscá algo más productivo que hacer con tu tiempo cerote.

El insulto era tan innecesario como claro el mensaje. De nuevo tiene razón. Si no necesariamente más pisto, ¿cuántos momentos menos con gente querida? ¿Cuántas lecturas sabrosas perdidas? ¿Cuántas canciones en guitarra?

—Haceme caso y poné los piés sobre la tierra, todo funcionaría exactamente igual mañana si te morís hoy, pará de sufrir. Viajá, disfrutá, viví, no te amargués por una abstracción.

El nihilismo como mecanismo de defensa, habrase visto. Por eso nos ganan los creyentes. La vida continúa sin vos, cierto, pero todavía no. Habrá libros, habrá guitarras, habrá momentos, habrá futbol, habrá paz. También habrá buenos amigos con quienes compartir la frustración, las pocas ideas que nos queden, el dolor y el privilegio de ser una minoría en peligro de extinción.

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

2 comentarios

  1. René Villatoro on

    Esa frase de ser una “minoría muy pequeña” caló profundo. Gracias por compartir tus sentimientos y tus desilusiones, ya que hay varios más (pocos) que formamos parte de esa minoría. Saludos

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