Entre la crisis: con los calzones bajos

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Aunque la crisis terminó de aclarar y evidenciar que el sistema político y electoral que tenemos es una verdadera porquería, lleno de corrupción, privilegios e impunidad, no nos dio tiempo para introducir algunos cambios que lo adecentaran, siquiera un poco, para estas elecciones (ya sé, ya sé, lo que queremos es transformarlo, pero igual, resultó imposible en la coyuntura).

Es que era muy difícil. Por varias cosas. El sistema está podrido y dadas sus características, una reforma seria requiere un esfuerzo significativo.

Los políticos piensan la política con una lógica económica. Si invierten dinero para llegar a los cargos públicos, deben recuperar con creces la inversión. Sirven a sus propios intereses y a los de sus financistas. Ya es lo normal, lo cual significa que es una práctica difícilmente removible. Además, son los propios políticos quienes tienen que cambiarla…jodido, ¿no? ¿Qué político que participe en este sistema y que se beneficie del mismo quiere cambiarlo?

Hay intereses anudados de políticos, empresarios y criminales que hacen que el sistema funcione así. Verlo de esta forma permite comprender el tamaño del animal. Es grande y no va a cambiar fácilmente.

Pero otro aspecto fundamental respecto a la imposibilidad de cambiarlo es que la crisis nos agarró con los calzones bajos. Es decir, desorganizados y sin un horizonte (programa) de cambio.

La crisis hizo posible manifestar nuestra indignación y rabia. Lo cual es bueno. Pero es insuficiente, como lo estamos viendo. Nos queda organizarnos a mediano plazo y no para estas elecciones que ya están a la vuelta de la esquina y con las opciones delineadas. Digamos que no queda Baldizón. De verdad, ¿Jimmy Morales es una alternativa? Jajajaja.

Se está empezando a gestar una crisis económica (lo señala IPNUSAC). Irresuelta la crisis política y con crisis económica a la vista, las elecciones no arreglan nada. Perpetúan los problemas. Por lo que de aquí a algún tiempo, tendremos más descontento expresándose en las calles. Pero es complicado porque siempre existe la posibilidad de la violencia en contra del descontento.

Quizás con un ánimo popular, debemos ver las elecciones como la confirmación de lo podrido del sistema, no hacernos ilusiones y con este conocimiento, considerar otras formas de organización y participación. En otras palabras, prepararnos para el próximo cachimbazo y que no nos agarre, de nuevo, con los calzones en la mano.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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