Entre la crisis: las elecciones y el DPI de Santa Claus

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¿Razones para no votar? Hay para tirar. Razones estructurales y razones coyunturales, propias de la situación de corrupción actual. Aquí un catálogo brevísimo (tomado parcialmente del libro La cajita infeliz de E. Sartelli). Cada quien es libre de completar la lista de acuerdo a sus preferencias.

La abstracta igualdad ante la ley no elimina las concretas desigualdades que se originan por la posición que se tiene en la producción de la vida social y que influye en la conducción de la vida política de un país. Un millón de votos no significa que a ese millón de votos se le haga caso. A la hora de decidir una política concreta se le hace más caso a 8 familias: Gutierrez, Novella, etc., o a ciertos organismos internacionales como el FMI y el BM, que a un millón de ciudadanos que fueron a votar.

Participar, votar, no significa que uno decida en aspectos centrales de su vida.¿Desde cuándo le han preguntado a uno en las elecciones las políticas concretas que se implementarán en los gobiernos? Cuestiones tan elementales como los impuestos, los privilegios fiscales, las condiciones de empleo no las decidimos con nuestro voto.

Uno elige ciertas figuras, pero no ciertas políticas. Es una práctica usual que incluso figuras “populares” o no tan corruptas realicen las mismas políticas que los más fieles defensores de la derecha. El candidato que llega (con los votos que llegue) se siente en la más completa libertad de hacer lo que se le ronque la gana cuando está en el poder (es decir, lo que tiene que hacer de acuerdo a los intereses que realmente representa). Votar por un partido, por una figura parece un concurso de belleza: se vota por el más simpático, no por lo que realmente debería importar: los intereses que representa.

La votación se hace por apenas ciertas figuras, lo cual es un proceso sumamente restringido. Esto tiene consecuencias serias: se vota para cargos como presidente, vicepresidente, diputados. Pero no se vota por otras igual de importantes: ministros, jueces, “expertos” de todo tipo que son los que implementan las políticas concretas.

De fondo, lo que se intenta señalar es que el tipo de sistema político que tenemos, dependiente del sistema económico, impide la real participación y produce una elección sumamente restringida, aunque formalmente existan chistes como “igualdad ante la ley”, “elecciones democráticas”, etc.

Pero además, en los mismos parámetros de funcionamiento del sistema electoral, estas elecciones están fuertemente deslegitimadas. Los partidos son financiados, en buena medida, por corrupción y narco, los principales candidatos están ligados a intereses corruptos y no parecen tener la menor voluntad de cambiar este estado de cosas, las opciones marginales andan más perdidas que los hijos de la llorona puesto que no supieron recoger ni expresar adecuadamente las demandas de las protestas (si tanto dicen “representar” al pueblo, se hubieran retirado de las elecciones).

Por ello, creo que estas elecciones, el DPI de Santa Claus o la siembra de hortalizas en Siberia, tienen más o menos, el mismo valor. Nimier.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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