Entre malos chistes y espionaje

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La celebridad la construye a fuerza de proferir frases grotescas que caen en el absurdo. Se inauguró el 14 de enero al poner a declamar al público la Jura de la Bandera. Acto que luego replicó en otro evento. En el ínterin, utilizó las estrofas del himno nacional para sus discursos. En marzo, durante una supuesta muestra de patriotismo, le exigió al comentarista deportivo David Faitelson que se disculpara por su comentario sarcástico hacia el fútbol guatemalteco.

Por si fuera poco, en abril le ofreció “mano de obra barata” al nazi, candidato a la presidencia en Estados Unidos, Donald Trump. Recientemente afirmó ante migrantes en Estados Unidos que en Guatemala lo que “más se produce son dos cosas: niños y agua”. Tal parece que construye uno de sus personajes de comedia, a sí mismo en el cargo de presidente de la república.

Con poco menos de un tercio del primer año de su gobierno transcurrido, Jimmy Morales ha dado más de qué hablar por su afición al ridículo que por su desempeño como gobernante. Tanto es el descuido en el ejercicio de su cargo que hasta el canal de TV oficial se ha olvidado de actualizar la información. A tal grado que aún difunde los mensajes del depuesto Otto Pérez Molina, hoy procesado por robo al erario y quien fue sustituido en el gobierno por Alejandro Maldonado. En más de 100 días de ejercicio, la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia ha sido incapaz de corregir este fallo. Una evidencia que ni uno solo de los miles de perfiles falsos que defienden por encargo al gobernante  puede borrar a fuerza e insultos o amenazas.

Otro campo de ridículo ha sido la posición presidencial en torno a las propuestas de reforma a la Carta Magna en el campo de la justicia. Dichas reformas fueron presentadas por los presidentes de los tres poderes del Estado, a saber, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Es decir, Jimmy Morales es uno de los promotores del proyecto que incluye reducir el ámbito de los funcionarios que disfrutan de antejuicio. Pese a ello, en una reunión de la Asociación Nacional de Municipalidades (ANAM), afirmó que promovería la inclusión del antejuicio para los alcaldes. Esta afirmación lleva a preguntarse si tan siquiera ha leído la propuesta o si, por el contrario, mintió descaradamente al decir que la apoyaba o ante los jefes ediles al ofrecerles impunidad.

Sin embargo, no todo es desidia en el ejecutivo. Algunas acciones parecen tener un seguimiento programado en aras de alcanzar la meta propuesta. Uno es la militarización del ejercicio del gobierno mediante el proyecto del “Tren del Desarrollo”, encargado al instituto armado. Mismo que ya ingresó al terreno de la construcción de carreteras por orden gubernamental.

El otro, tanto o más peligroso que el primero, es que la rosca inmediata a su alrededor, esa que en pasillos de gobierno denominan “la juntita”, está ocupada en espiar a la dirigencia social, a la prensa, la oposición política e incluso la cooperación internacional. Formados en la lógica de la doctrina contrainsurgente, los oficiales Mario Aragón Paredes y Armando Melgar Padilla, utilizan sus posiciones para recabar información y producir “inteligencia”, sobre los objetivos planteados.

En materia de servicios de seguridad e inteligencia, la responsabilidad política recae en quien ocupe el principal cargo al mando de las mismas. En este caso, la presidencia de la república. De tal suerte que, si bien el gobernante parece haber llegado al cargo por carambola, legalmente tiene la responsabilidad administrativa y funcional de lo que hagan sus subalternos.

De manera que, don Jimmy Morales haría bien en poner los pies sobre la tierra, reflexionar sobre que ha asumido como gobernante y que a la hora de dar la cara ante eventuales abusos de los miembros de su “juntita”, no habrá chiste ni frase absurda que lo saque del entuerto. Por lo tanto, es menester que se tome en serio el ejercicio de la presidencia y dirija una investigación inmediata a fin de deducir las responsabilidades a quienes resulten implicados en acciones ilegales.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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