Entre pobres

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En menos de una semana, Guatemala vivió dos formas extremas de relación humana. En Jalapa, uno de los 125 municipios con pobreza extrema, un hombre desesperado robó 15 quetzales de pan (menos de dos dólares), para alimentar a su familia. Amílcar Aguilar Andrés, fue capturado y encarcelado. Para salir en libertad condicional, debía pagar una fianza la cual, obviamente por su situación de desempleo y pobreza extrema, no tenía. Alguien inicia una campaña en redes sociales y pronto se reúne el monto de la fianza y alguna cantidad extra para cubrir la entrega de una despensa a la familia.

El viernes 18, en horas de la mañana, Rigoberto Lima, un maestro y líder comunitario defensor del ambiente, fue asesinado mientras protegía a otros defensores de derechos humanos. El asesinato se produce mientras presuntos empleados de la empresa Reforestadora del Petén Sociedad Anónima (REPSA), habían cercado las instalaciones del Centro de Administración de Justicia en la cabecera de Petén.

La reacción de los supuestos laborantes se debía a la orden judicial que mandaba cerrar a REPSA debido a su responsabilidad en la contaminación del río La Pasión. Como se recordará, la crisis de vida en el río y las comunidades de la cuenca del mismo, se derivó por irresponsabilidad de la empresa que cultiva palma para la producción de aceite. Su manejo irresponsable de los desechos y muy probablemente también de pesticidas, acabó con la flora y fauna de la rivera, la cual servía de medio de vida a las comunidades aledañas.

En Petén, Rigoberto Lima era un activo dirigente comunitario defensor del derecho a un ambiente sano. Apenas dos días antes habían confirmado que se declaraba el cierre de la empresa por las violaciones a las leyes ambientales. Habían ganado en buena lid una resolución judicial, utilizando el estado de derecho. En respuesta, fue acribillado cuando buscaba proteger a otros y otras.

Amílcar Aguilar, fue apresado porque incumplió la norma legal que prohíbe tomar lo que no es propio. Tomó el pan que no podía pagar porque carecía de recursos y necesitaba llevar alimento a su familia. Amílcar recibió la solidaridad inmediata de los casi tan pobres o poco menos pobres que él. Entendieron su situación y realizaron un acto de solidaridad humana para aliviar su calvario de pobreza y exclusión.

En el Norte, una familia ha sido mutilada ante la tolerancia del Estado que nada hace para garantizar la justicia ante las agresiones a defensoras y defensores de derechos humanos. Una familia ha perdido a un ser querido y probablemente a uno de sus principales sostenes. Una comunidad ha perdido a un líder reconocido y querido. En la zona de Jalapa, otra familia también podría perder a un familiar que, pese a tener libertad condicional, habrá de enfrentar la ley y quizá la cárcel, por haber robado panes.

Por el contrario, en una de las llamadas cárceles VIP en Guatemala, el ex gobernante Otto Pérez Molina y la ex vicepresidenta Roxana Baldetti Elías, pelean porque se les libere de la prisión preventiva. Misma a la que llegaron por la evidente responsabilidad en el robo del erario. De esa riqueza limitada cuyo robo ha significado la ausencia de recursos para que el Estado ofrezca los servicios básicos a la población. Él y ella, enriquecidos desmedidamente a costa de nuestros impuestos, pretenden privilegios que reiteradamente le han negado a la población.

Entre pobres se hizo la colecta para pagar la fianza de Amílcar. Entre pobres, también, se vivió el duelo por el asesinato de Rigoberto. Entre pobres y quienes solidariamente se sumen, habrá de conducirse el proceso que transforme este estado de cosas, nutrido por la impunidad, la inequidad y la exclusión.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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