Es urgente hacer algo más

0

Foto URA

Por Úrsula Roldán

Los acontecimientos vividos en el país tan solo refiriéndome a los de este último mes: el claro tráfico de intereses en las comisiones de postulación, la estructura criminal dirigida por Byron Lima, las protestas sociales y su lamentable represión con heridos y encarcelados; así como el asesinato de ocho personas en la Aldea Los Pajotes de San Juan Sacatepéquez con intervención de fuerzas armadas privadas y un aparente enfrentamiento entre pobladores, sin haber existido una intervención pública imparcial que evitara la tragedia. Y para colmo el cinismo de los partidos políticos y actuales funcionarios públicos, dando alardes de la corrupción en el manejo del erario público e irrespeto total al tan proclamado “Estado de derecho”.


La ciudadanía está realmente al desamparo de un liderazgo ético y con la suficiente fuerza articuladora para promover una transformación de este estado de cosas que solo nos llevan a más enfrentamiento, más injusticia y más impunidad; con el lamentable saldo de que quienes más pierden, son los sectores más vulnerables, que además tienen que enfrentarse a la sobrevivencia del día a día en escenarios de pobreza, hambre, migración y terror en sus territorios. Aunque tampoco es que las clases medias estemos exentas de salvarnos de este hoyo negro en el que estamos.

Estoy convencida de que hay muchos haciendo cosas, algunos medios de comunicación independientes, periodistas, columnistas, conscientes de su papel del derecho y ética en el manejo de la información y con criterio; organizaciones comunitarias y sociales defendiendo aquello a lo que tienen derecho, sus tierras, su alimentación y otros recursos naturales; las protestas sociales como un signo de poner un alto a los abusos de poder e incumplimiento de deberes públicos, organizaciones de derechos humanos poniendo el ojo en el respeto al debido proceso y procurando el fin de la impunidad; organizaciones de mujeres levantando las voces contra todo signo del sistema patriarcal y mucha población trabajadora siendo responsables y honestos en ganarse el pan de cada día.

Pero hay muchos otros todavía indiferentes a lo que afecta a las mayorías, complaciente y cómplices de la corrupción y del tráfico de influencias; acarreados por los partidos políticos, cayendo en la falacia de satisfacer un favor político individual después. También los hay traficantes de la religión, de la sobrevivencia, de de mujeres hombres, niños y niñas que buscan una alternativa fuera de nuestras fronteras. Los hay aquellos que repiten el discurso de los poderosos, haraganes, indios, trasnochados, comunistas, anti progreso, a todo aquel que defiende su derecho y el de todos.

No se trata solo de un balance de izquierdas y derechas, de buenos y malos; sino de qué sociedad y qué país queremos donde quepamos todos, con dignidad y respeto a nuestros derechos fundamentales. Necesitamos discutir y proponer qué modelo económico y social es el necesario, no para que las grandes empresas obtengan mayores ganancias a costa de la destrucción ambiental y social, sin ningún medio de distribución de la riqueza (ni empleos dignos, ni impuestos necesarios, ni responsabilidad en la sostenibilidad ambiental y social); sino para que otros, más de siete millones de personas que están en el umbral de la pobreza tengan posibilidades de salir de ella; para que las comunidades rurales, indígenas, campesinas le sean respetados sus derechos de elegir el tipo de desarrollo que quieren para sus territorios y el nivel de participación política que será necesario construir para ser realmente representados y respetados sus derechos individuales y colectivos en un nuevo sistema político nacional. Miles de niños y jóvenes el grueso de nuestra población mayoritaria necesitan salir de la desnutrición, de dejar de ser atrapados por los círculos de violencia, de tener mejores niveles de educación, oportunidad de emprendimiento y/o empleo. Toda la población queremos que se erradique la violencia común, estructuras criminales, violencia de género y de Estado; todos y todas queremos vivir con dignidad y en relaciones humanas de mutuo respeto.

Muchas veces me he preguntado, ¿habrá entre las familias poderosas de este país, los empresarios, algunos que puedan quedar de políticos decentes, los que van a emprender desde sus espacios de poder un cambio en esta dirección? lo que implicaría permitir un proceso de diálogo donde estén claros que en los resultados deben anular sus privilegios, transparentar su accionar político y ceder su poder en pro de construir propuestas de desarrollo fundados en el bien común y la paz social, con un modelo económico y político inclusivo. O es la población organizada y consciente de las clases populares y medias la que debe empujar un equilibrio en las relaciones de poder y construir un nuevo vehículo, no maniatado por el tradicional partido político y estructuras organizativas que reproducen los mismos males que combatimos, sino por la articulación social amplia, liderazgos colectivos y complementarios, anti neoliberal, pluricultural (con amplitud para discutir las plurinacionalidades), antipatriarcal, de economías medias y que claramente se proponga el cambio del modelo.

Esto es lo que nos queda, una revolución democrática, que coloque en el centro la vida, el bien común, con un alto sentido ético y ojalá pacífica, antes que sucumbir a más muerte, más confrontación y más mafias gobernando.

Share.

About Author

Firma Invitada

Autores invitados y colaboradores en la página de El Salmón

Leave A Reply