Esperanza

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Hojeo una revista que recuerda el Holocausto, fotografías en sepia, testimonios crudos y vergonzantes de lo capacitados que estamos para la maldad y sobre todo para resistir, he ahí el mayor de los méritos, la resistencia como única manera de sobrevivir. Pensar que no han sido los únicos, que historias similares se repiten por todos los rincones. Como la receta del agua azucarada, predicada una y otra vez.

Necesitamos una estragia de motivación, predicadores en las esquinas inyectándonos la esperanza inmediata, hasta adentro por las venas. Nos urge poner cara de alegres y sonreírle a la vida que trae cada día su propio afan sus propias desventuras. Sé que los merolicos abundan, esos cabrones que nos venden la cura hasta para el mal de amores, esos a los que buscamos en momentos de desesperación, esos que reptan en nuestros sueños que tocan al subconsciente y le aplican el péndulo hasta dejarlo dormido y ¡zas! roban todo.

Incansables. Tipos con todo tipo de astucias militares que manosean la patria y a los hijos de esta. Parásitos aferrados a devorar lo poco sano que queda. Miedosos, que aterrorizados por la juventud y el intelecto usan su espada para partir en trozos las familias condenándolas al mas duro de los castigos, la incertidumbre.

Incertidumbre que joroba la espalda impidiendo caminar derecho porque las penas pesan y, disculpe, no se pueden disimular ni siquiera con pan, porque no hay garganta que logre tragar la dulzura del alimento cuando las lágrimas están atoradas. No. No se puede.

Recuerdos en blanco y negro, cientos de fotografías alineadas sobre mantas, afiches, cada una con apellido, ciudadanos importantes que padecen la desaparición porque son tan peligrosamente hermosos para construir una sociedad mejor. Vetados, qué ironía, porque la estructura de sus pensamientos era superior a aquel que teniendo medallas y reconocimientos se siente escoria cuando se compara con ellos.

Esos héroes de esperanza difícilmente viven muchos años, a ellos se les recuerda, a ellos se les venera. Inmaculados conservaban aquella actitud revolucionaria que hace a los pueblos subir de escalón.

Íntegros. Sin contaminación. Quisieron transmitir de boca a boca la fortaleza, piedras de tropiezo para la corrupción. Brillaron en la noche y aún más en el día, puntos fáciles de ubicar. Oda a la verdad así eran, así son.

Hoy, México revive un capítulo de nuestra historia guatemalteca, la desaparición de estudiantes normalistas, volvemos a escuchar “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Ahora el ruido es más evidente, casi ningún lugar en el mundo deja de tener atención, cientos de ventanas mediáticas buscan la noticia por no decir que buscan la masacre.

Solo existe un lugar donde la tecnología no puede entrar, el vil momento del crimen de Estado. Nadie lo vio, ningún oído lo escuchó. La desaparición es un pacto a la fuerza entre la víctima y el verdugo.

“Tenemos nuestra tanda de problemas pero deberíamos ser solidarios con México. Hace 30 y pico de años así nos veíamos todos los días” Abraham Barrios.

Esa máxima me ha pegado en estos días. ¿Cómo nos veíamos en ese tiempo? Todos los días. Qué caro hemos pagado el haber dejado que nos trataran así. Quizá dentro de todo se persiga un gobierno mejor, quizá y todavía guardamos un poco de esperanza en las autoridades. Pero de lo que sí estoy segura es que nosotros, individualmente no nos tenemos mucha fe y esperanza mejor ni hablar. ¿O sí?

Cambio de opinión en esta línea. Yo creo que en el fondo sí nos tenemos fe. Pero cuidado, no lo digamos tan alto que el coco anda por ahí y ese espanta re-feo.

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About Author

Brenda Marcos

Nací en la ciudad de Guatemala, emigré a Estados Unidos. Por ahora estudio y trabajo para obtener mi licencia como maestra de lenguaje de señas. Estoy sentada junto al camino que conduce al sueño americano, quizá un día me levante y siga a otros que he visto pasar. Contribuyo escribiendo mis observaciones y me hago los quites con el racismo que pega tan duro por estos lados.

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