Estadísticas y percepciones de violencia: no hay encuentro

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Las estadísticas de homicidios, en números totales y de muertes por cada cien mil, uno de los indicadores más usados para medir y comparar el tema de violencia en un país, son claras: Guatemala ya no es un país tan violento como en el año 2009 cuando la cifra de homicidios alcanzó la cifra de 6498, una tasa de 46.36 por cien mil y un promedio de muertes diarias de 17.8.[1]

Al año 2015, la cifra de homicidios descendió a 4778, la tasa fue de 30 por cien mil y el promedio diario de muertos fue de 13.09, lo que representa una reducción de 26.46% en el período.

Ni qué decir que estas cifras todavía son muy altas, pero hay que señalar que hay un descenso de poco más de 1700 muertes al año, respecto al año más fuerte de violencia.

Sin embargo, una cosa son las estadísticas y otra la percepción de la gente. Si uno pregunta a cualquier persona o lee las declaraciones que se vierten en los medios de comunicación, es posible advertir que la gente responde de manera clara que piensa que la violencia se vuelve peor cada día.

Me pareció significativo, por ejemplo, que en un grupo de jóvenes de distintos lugares de la ciudad capital (considerados como zonas rojas), las respuestas a la pregunta “¿cómo está la violencia en su comunidad?” fueran que está muy mal, que ya no se puede salir, etc.

Varias explicaciones se pueden proponer. Una, es que las personas están viendo la realidad desde su entorno que no ha dejado de ser violento. La baja de muertes que se registra a nivel nacional (sobre todo en el departamento de Guatemala) no se “siente” en las calles, pues estas aún son peligrosas. Muertos sigue habiendo y su situación como jóvenes es vulnerable. Por ello es que no aprecian una mejoría significativa y, al contrario, dicen que la cosa va “peor”.

Dicho de otra forma, el deterioro de la vida de las personas (en este caso jóvenes) debido a la violencia no se ha detenido de acuerdo a la reducción en la cifra de homicidios. Aunque hayan bajado, hay un “clima de violencia” que no es tan fácil de “desinstalar”, pese a la reducción numérica.

Otra explicación es que los medios de comunicación han funcionado como una caja de resonancia de la violencia. Dado que todos los días sigue habiendo crímenes (y a veces hay expresiones bastante grotescas de ellos), no se puede percibir el descenso por la saturación diaria de violencia.

Valdría la pena hacer un estudio específico al respecto. Por ejemplo una encuesta de victimización de carácter nacional complementado con estudios cualitativos (grupos focales que puedan discutir, entre otras cosas, la brecha entre números y percepción) y saber cómo se está comportando el fenómeno.

Lo cierto es que no es lo mismo ver la violencia desde las alturas de las estadísticas o sentir la violencia desde las calles de las colonias violentas.

[1] Las cifras son las que ofrece la PNC. Hay una diferencia significativa si se usan los datos de INACIF.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

1 comentario

  1. Que no hayan muertos no quiere decir que no hay extorsionistas y víctimas resignados a pagar la extorsión, como tampoco quiere decir que no hay asaltos, maras, etc … contar muertos suena a lo que hace “nuestro diario”, la realidad es más compleja

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