Estado y suciedad

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Hace unos cuantos días venía manejando de noche por el puente El Naranjo. Estaba lloviendo mucho y los carros circulábamos a baja velocidad por las condiciones del clima. Sin embargo, al llegar al extremo del puente, unos carros pararon y ya no continuaron. Había una hermosa y exuberante laguna artificial recién creada gracias a la costumbre de tirar basura en las calles. Se taparon los tragantes y se hizo una cola de vehículos (otra más en este tráfico citadino) bastante apreciable.

Algunas personas salieron de sus carros y bajo la fuerte lluvia bajaron a ver si podían destapar los tragantes. No los encontraron o había mucha basura atorada y no fue sino hasta que un pequeño camión se logró abrir paso que algunos vehículos seguimos su ejemplo y logramos pasar. A todo esto, ya teníamos una hora o algo así en la cola.

Cuento esta anécdota porque ilustra un pequeño efecto de la condenada costumbre de tirar basura en las calles. La primera reacción que provoca es condenar a la gente por poco educada.

Pero al pensar la reacción y poner atención a lo que significa que la gente esté poco educada, se encuentran explicaciones interesantes al hecho.

En efecto, somos un pueblo poco educado si nos comparamos con otros países. Tenemos tasas altas de analfabetismo para el siglo XXI y poca gente con estudios universitarios.

¿Poco educados? Sí. Con esta y muchísimas otras carencias. Resultado de una historia en la que el estado guatemalteco no ha podido construir otro tipo de país. Ligado a intereses oligárquicos con fuertes resabios coloniales (que se pueden observar en cómo se discute la educación en idiomas mayas, por ejemplo), el estado no ha sido capaz de regular de manera adecuada la conducta de sus ciudadanos.

Desde costumbres tan aparentemente triviales como botar basura en cualquier lugar hasta procesos de corrupción que llegan afectar hasta el mismo funcionamiento estatal, se evidencian fallas en mecanismos de socialización elementales. De esa cuenta, vivimos en una continua anomia que impide relaciones sociales con otras características.

Evidentemente que hay responsabilidad personal en todos estos aspectos, pero al considerar que es un problema tan extendido y que afecta todo tipo de relaciones sociales, se puede considerar que hay un fallo en la construcción estatal que permite la existencia de estas conductas.

Valdría la pena pensar más a fondo en estas relaciones entre comportamientos personales/ sociales y la construcción estatal particular que hemos tenido. Por allí quizás explicamos algunos de nuestros males.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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