Este eterno Viernes Santo

0

I
¿Qué hacía ese casete blanco, sin etiqueta alguna entre la colección de casetes de merengue y salsa que teníamos en la casa?

Supongo que su origen era el mismo que aquellos ejemplares de literatura testimonial nicaragüense y salvadoreña, cuidadosamente forrados con papel bond blanco o periódico para que nadie distinguiera el título.

El caso es que, si bien la música que mis hermanas universitarias llevaban a la casa a principios de los años 90 pasó de parecerme aburridísima a gustarme. Y yo pasé de tener discusiones muy fuertes con ellas para que escucháramos salsa o merengue a tomar primero tímidamente los casetes y después a escucharlos una y otra… y otra vez. Al punto de que en un momento se me advirtió:

— “Cuando salgás a la calle no cantés esas canciones, porque te puede pasar algo…”

Era la época en la que también tenía que salir a la calle con mi gafete de la escuela primaria donde estudiaba, para asegurar que, si querían subirme a la fuerza a un camión del ejército, pudiera demostrar que era menor de edad y estaba estudiando.

Con el tiempo fui descubriendo el nombre de la mayoría de autores de los libros y canciones. Hasta que con la firma de la paz pude leer y escuchar libremente lo que quisiera… pero durante muchos años guardé la inquietud acerca de aquel casete blanco que solo me causaba un gran estremecimiento cada vez que lo escuchaba, sin saber el nombre de la voz que le daba vida a esas letras.

Hasta que un día, gracias a que uno de esos universitarios contemporáneo de mis hermanas posteó en su muro de Facebook el enlace de YouTube de Maderas Latinoamericanas, finalmente pude ponerle nombre a la voz y letra de esas canciones que tanto me gustaban.

Se trataba del único disco en estudio de Julio Solórzano, hijo mayor de Alaíde Foppa.

II
La letra de la segunda canción de ese disco fue escrita precisamente por la poeta detenida-desaparecida por el Estado guatemalteco en 1980.

El poema describe con exactitud el espíritu de esta época del año en el país y la violencia que la acompaña y puesto que no es tan fácil encontrarlo en internet, los dejo con él:

Semana Santa en Guatemala

Es un color de volcanes azules
es un olor de jazmines y azahares
es un dolor permanente y silencioso
Semana Santa en Guatemala.

Es esta virgen dolorosa que camina lenta
al paso vacilante de la procesión
con sus siete puñales en el corazón
Semana Santa en Guatemala.

Es este eterno Viernes Santo
vestido de morado
que canta en voz baja
sus letanías
que hace del luto
una extraña fiesta
mientras que en las calles
caen bajo las balas
vivos heridos, muertos verdaderos.
muertos verdaderos en Semana Santa.

Semana Santa en Guatemala.

Alaíde Foppa

 

Share.

About Author

César Ramiro García

Parafraseando a Savater y Galeano, soy un pesimista que piensa que es necesario actuar para que las cosas cambien porque los optimistas están felices con nuestra situación actual. Trabajo contra el racismo y considero que es necesario luchar por la memoria y el medio ambiente. Soy lector y ciclista urbano.

Leave A Reply