Este momento: apuntes desde las calles I

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Gustavo MaldonadoPor Gustavo Maldonado*

Cómo se produjo el estallido: breve caracterización de los hechos

Miles de guatemaltecos empezaron a manifestarse en las redes sociales tras el destape por el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), del millonario desfalco realizado por una estructura criminal enquistada por años en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT). La convocatoria realizada en la red social Facebook, bajo el nombre “RenunciaYA”, que fijaba la cita para manifestarnos el sábado 25 de abril, fue tomando fuerza. Otra de las convocatorias llamaba a la realización de plantones diarios, que iniciaron frente a la casa presidencial el lunes 20 y se extendieron a lo largo de la semana previa a la primera gran concentración. Nos lanzamos a las calles. Así se preparaba el ambiente para aquel sábado.

Llegada la fecha atendimos al llamado y vimos con una mezcla de alegría, nerviosismo y asombro, confluir desde todos los puntos a diferentes grupos, familias y personas individuales. Más de 25 mil personas en una plaza casi llena. Y las manifestaciones han continuado. Surgen preguntas. La resistencia y la protesta constituyen en la historia de Guatemala, un ejercicio permanente de diversas organizaciones, en su mayoría indígenas y campesinas que llevan décadas luchando por la defensa del territorio. Asimismo, han acontecido en el transcurso de las décadas, manifestaciones de similar magnitud, como la famosa Marcha de los mineros de Ixtahuacán. Entonces, ¿qué tiene de nuevo este fenómeno? ¿A qué se debe tanto júbilo y tanta expectativa?

Primero, la composición del grupo que se concentró en la plaza ese día. Esta manifestación superó cualquier expectativa, en cuanto a expresiones espontaneas de protesta de las capas medias urbanas, en la ciudad de Guatemala, tomando en cuenta la prolongada ausencia de movimientos netamente urbanos y espontáneos durante las últimas décadas. Otro hecho digno de tomarse en cuenta es que se trata de una convocatoria realizada por medios electrónicos, que logró una asistencia plural, sin distinción ideológica o política. El grito que nos unía era un NO rotundo a la corrupción, que se dejaba escuchar desde lo más profundo de nuestro hartazgo.

Además de la ausencia de banderas partidistas y de divisiones ideológicas, algo importante es, que a pesar de haber ocurrido al principio sin más norte que la indignación por los actos de los corruptos, los reclamos se han ido profundizando. Estas primeras expresiones se llevaron a cabo en orden, de manera pacífica y horizontal, sin protagonistas o figuras encumbradas, rompiendo al menos en la dimensión simbólica con la lógica vertical de las estructuras y los mecanismos reproductores del poder. Empoderamiento de la población. Pura expresión ciudadana de repudio a la corrupción y al estado de cosas dentro de la sociedad. Pero, ¿qué fue lo que convocó a esa diversidad de personas de la ciudad a manifestarse aquel día?
Por lo pronto, como detonador evidente podemos nombrar la indignación ante los actos corruptos. Esta indignación parte en algunos casos, de un sentimiento moralista propio de algunos sectores de las capas medias y acomodadas urbanas, y en otros casos de reivindicaciones históricas relacionadas con la idea de justicia dentro de la sociedad, que encuentran en este momento la posibilidad y el común denominador del repudio a la corrupción, para expresarse y confluir sin importar la bandera, a manifestar esa indignación. En todo caso acumulación histórica de factores. No hay cuerpo social que aguante tanto, habíamos hace mucho rebasado el límite de lo tolerable y aun así, permanecimos mucho tiempo inertes.

Antes de la confluencia diversa y espontanea del sábado 25, los sectores urbanos hemos permanecido aletargados durante algún tiempo. Las últimas protestas urbanas que vale la pena mencionar se pueden situar en 1994, 2000 y 2005. Pero ninguna de estas manifestaciones logró concentrar en un solo lugar a una concurrencia tan diversa o a una cantidad similar de personas. Hartazgo de vivir reprimidos, violentados y saqueados en las diversas dimensiones de la vida. La energía de ese hartazgo ha estado ahí, acumulándose y esperando la chispa que prendiera el polvorín. Y esa chispa llegó, con este caso de corrupción que apenas es lo visible de las estructuras criminales dentro del Estado y de la putrefacción social en todas las dimensiones. Por eso debemos tener claro que, si bien existen diversas propuestas y reclamos dentro de esta lucha, lo estratégico es dirigirnos bajo un común denominador, que pareciera ser la lucha contra la corrupción y la depuración de las estructuras que la reproducen y le dan cabida.

Ahora bien, cualquier intento de sistematizar un momento, de tomarle el pulso a un proceso en desarrollo, requiere la atención y la curiosidad de quien mira anonadado algo que fluye y se desborda ante sus ojos. Vamos pues a la historia, esgrimamos nuestros cuestionamientos hacia ella, intentando encontrar puntos de referencia para explicarnos los fenómenos del momento actual. Empecemos por los personajes de la trama.

Cómo llegamos a este punto: de cómo se gestan las mentalidades que nos han mantenido atomizados

Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti son un claro ejemplo del éxito de la estrategia contrainsurgente en su dimensión ideológica, iniciada por los sectores conservadores de poder en 1954 e intensificada a lo largo de las décadas del conflicto armado. En primer lugar, ella, el ejemplo de una persona de ese segmento de la clase media aspiracional, arribista, superficial, ignorante, prepotente y despolitizada. Con antecedentes nada gratos en el ejercicio del poder desde años de juventud, bajo el gobierno de Jorge Serrano Elías. Junto a ella, tenemos a uno de los soldados que ejecutaron el genocidio, que no era un general ni un coronel en aquel momento, sino un mando medio que dirigía las fuerzas de tarea. Es decir, uno de los hombres que realizaron directamente las masacres. La despolitización de la mentalidad superficial y la militarización de la sociedad, juntos en una pareja de funcionarios.

Esta pareja de gobernantes representa el producto humano ejemplar y culminante de un proceso histórico de condicionamiento ideológico que se inicia con el derrocamiento de Jacobo Árbenz en 1954. Entre los acontecimientos relevantes de este proceso podemos mencionar, la militarización de los institutos públicos tras la culminación de las jornadas de lucha de marzo y abril del 62, el inicio del conflicto armado y el consiguiente despliegue de la estrategia contrainsurgente, que se intensificaría en las décadas ulteriores. La militarización de la seguridad, la creación de aparatos paramilitares de extrema derecha, el adoctrinamiento y la construcción de un cerco informativo que se gestó para mantener desinformada y ajena al conflicto armado que se desarrollaba en el país, a mucha de la población urbana durante muchos años.

Este cerco informativo evitaba que la información llegara, a la vez que intentaba adoctrinar especialmente a las capas medias urbanas, desde los medios de comunicación nacional y otros medios de reproducción ideológica. Luego, la llegada de las antenas parabólicas y la televisión por cable, que cayeron sobre las condiciones generadas de antemano por los medios locales, desplegando la novedosa y colorida publicidad norteamericana. Esta embestida definitiva viene a poner la tapa al pomo del adormecimiento de las fuerzas de esas mismas capas medias, cuya participación y liderazgo habían sido clave para el triunfo de la revolución democrática de 1944. Algunos de estos sectores ya habían visualizado y asimilado las llamativas imágenes de aquel primer mundo consumista en los filmes de Hollywood y por medio de furtivos viajes a Miami, muy de moda en aquel entonces para algunos privilegiados.

Ahora ese mundo se presentaba ante sus ojos en la TV por cable y se materializaba en su espacio vital con la explosión de las primeras versiones subdesarrolladas de centros comerciales, la expansión del uso de los electrodomésticos y el inicio de la llegada de las PC´s a algunos hogares urbanos.

Transcurría la agitada década de los años ochenta. Las pistas de patinaje, los restaurantes de comida rápida y los videojuegos, fueron copando el imaginario de un fuerte sector, propiciando un culto a lo superficial, emulador de la cultura consumista norteamericana, pero mucho más terrible pues emulaba aquella, en un país con condiciones enormes de desigualdad y pobreza. Este nuevo mundo de prácticas y tecnologías propias de la idea del confort norteamericano, construyó una realidad diferente dentro de la cual se fue forjando en estos sectores urbanos una mentalidad de indiferencia, que les hacía sentirse lejanos de esa realidad que si bien no les era ajena, se percibía en menor escala dentro de esa burbuja.

Tras esto y firmados los acuerdos de paz, una de cuyas desgracias fue romper los vínculos entre los movimientos y fuerzas democráticas que actuaban antes de aquel momento como una unidad articulada, aterriza el proyecto neoliberal que se venía expandiendo desde décadas atrás, como parte del avance totalitario del sistema de mercado a nivel mundial. A partir de este momento, los recursos naturales, los bienes y fondos públicos, que se supone pertenecen a toda la ciudadanía, han ido pasando de manera más acelerada a las manos de la oligarquía nacional y los monopolios transnacionales. Muchos de quienes integraban las filas del ejército, la Policía Nacional y la Policía Militar Ambulante, pasaron a conformar bandas de crimen organizado alrededor de actividades ilícitas como el secuestro y el robo de vehículos, el contrabando y la evasión fiscal.

Saltando un poco en el tiempo, pasamos por una seguidilla de gobiernos corruptos e ineptos, que se convirtieron en los nuevos operadores de las mafias para infiltrarse y actuar de manera impune dentro de ese nuevo pacto de las élites poderosas que se planteaba a partir de la transición a una democracia meramente formal y corrupta desde su concepción, consagrada legalmente en la constitución de 1985. La putrefacción del sistema y el estallido social eran solo cuestión de tiempo. Y vaya que nos tomó un buen tiempo. Sin embargo, todo esto desemboca en la elección de Pérez Molina y Baldetti, que como ya se dijo, encarnan a la perfección dos de las dimensiones fundamentales de la mentalidad que este proceso económico e ideológico de seis décadas construyó en un sector grande de las capas medias urbanas: la militarización y el consumismo aspiracional.

Tomando en cuenta esto, podemos afirmar que la crisis que ahora vivimos no es solamente institucional, pues es el resultado de un proceso de degradación de la sociedad en todas sus dimensiones. Esta es la crisis de un sistema económico, político y social corrupto, que ha llegado al punto de su propia extinción. Para que esta realidad se transforme de manera cualitativa, no bastan reformas superficiales, hay que entrar a fondo. Este sistema ha colapsado.

Pareciera que el mal va gestando en su seno el remedio: justicia poética

A pesar de todo lo dicho con anterioridad, pareciera que el mismo mal viene generando en su seno el propio remedio o al menos cierto alivio, cierta oxigenación que se manifiesta en estas expresiones espontaneas de protesta. Y es que la historia de esta sociedad ha sido convulsa, podríamos decir extrema, de grandes desigualdades. Más que una sociedad, nuestras formas de interrelación, nos han hecho ver como un grupo de entes disociados, apáticos, atomizados. Pasa el tiempo y seguimos naciendo, viviendo y muriendo en este lugar, en este territorio, bajo este esquema. Cada generación hereda peores condiciones de vida, un sistema político más desgastado, mayor corrupción, diversos tipos de violencia. Los papeles varían poco de generación en generación y casi siempre dentro de un mismo orden. Los ricos siguen siendo pocos y ricos; sus fortunas crecen a un ritmo equivalente al que crece la pobreza y nacen más niños pobres. Pasan los años, las décadas, pero la riqueza y el poder en este país siguen sin democratizarse.

Continúan concentrado en pocas manos. De ahí la verticalidad de su composición y de las relaciones sociales en que esto se reproduce. Pero llega un punto dentro de este proceso, en que es tal la putrefacción del sistema que hace reaccionar, incluso a ese mismo sector urbano, una parte del cual, aportó con su voto a poner en el poder a estos delincuentes.

La breve y caótica línea de tiempo de la parte anterior puede servir para ilustrarnos acerca de la estrategia contrainsurgente que ha condicionado la atomización y la enajenación de estos sectores, convirtiéndolos de a poco en un nicho consumista del sistema de mercado. Es decir que esta situación que pareciera no poder ser peor, no es producto de la casualidad: es el resultado de un proceso histórico. ¿Cuántas veces nos hemos dicho que esto no puede estar peor? Muchas de esas veces, más que una afirmación sobre el presente, ha resultado ser una premonición temerosa del futuro. Las cosas han seguido yendo para peor. Grandes desigualdades económicas y sociales, mayor desempleo, mayor pobreza, mayor delincuencia y violencia, persistente racismo y discriminación. Todo esto, equivalente al nivel de miedo, la atomización, la apatía y la indiferencia de los sectores urbanos. Hasta la llegada de esta fórmula siniestra al poder.

Pareciera que ese proceso manipulado de desmovilización contrainsurgente, hubiera venido generando en sus contradicciones internas, a estos dos personajes. Y dado que responden a la perfección al tipo de humano que interesa y ha servido de manera obediente al sistema, los hubiera puesto a cargo del poder político, como premio lógico a esa carrera de servilismo y defensa de los intereses de las élites. Ya ahí los personajes se obnubilan con los brillos del poder, desde esa mentalidad individualista y ambiciosa que el mismo proceso histórico y el sistema han generado en ellos. Se rebelan, rompen relaciones con sus amos y emprenden, no solo el saqueo sistemático y descarado, también abren frentes en todos los lugares y dimensiones, enfrentándose con todos los sectores posibles de la sociedad.

En contraposición al sentido de comunidad, el lenguaje por medio del cual se comunican con el resto del conglomerado social es la violencia, ese lenguaje que nos ha sido impuesto como única forma de ser, a partir de la ideología del poder que es la del saqueo y el control. La llegada al poder de esos dos personajes y el saqueo que han llevado a cabo, han conseguido el milagro de unir a los sectores urbanos. Nos ha provocado un asco terrible, nos hemos indignado tanto que decidimos salir del silencio. Sin embargo, no podemos olvidar que esto también es el resultado de una acumulación de frustraciones a lo largo de los años. A esto se suma que en el mismo proceso, la apertura moderada pero persistente en cuanto al acceso a la información y la comunicación inmediata que brinda Internet, han sido una herramienta importante para este estallido, logrando diversificar los puntos de vista, construyendo tímidamente visiones más críticas y diversas.

Ese obscuro objeto de nuestro desprecio

Ella y Él: apuntes para un guión cinematográfico

Tomemos en cuenta que en 1993, Roxana Baldetti ostentaba el cargo de sub secretaria de comunicación social de la presidencia, para el gobierno de Jorge Serrano Elías. Corrían tiempos agitados, pues el mandatario se proponía suprimir los demás poderes del Estado y reinar en solitario durante un tiempo indefinido. El autogolpe tuvo lugar ese año, pero Serrano Elías nunca pensó en las consecuencias. Su mentalidad había quedado anclada en los años de las dictaduras militares, cuando todo presidente era un dictador y cualquier capricho repentino podía resolverse por medio de la imposición. Nadie sospechaba que aquella sobrina ambiciosa habría de convertirse años después en vicepresidenta del país. Tampoco podía predecirse que el mismo oficial que, según la leyenda pidió la renuncia de aquel presidente corrupto, sería en un futuro, el administrador de la finca.
La sobrina del golpista

Desarrollemos la caracterización de Baldetti partiendo de la idea de despolitización. Entendemos como despolitizado o despolitizada a todo aquel humano que mira en la política un medio para conseguir objetivos puramente individuales. No le preocupan los asuntos del colectivo, de la “polis”. No concibe el ejercicio político como un ejercicio de transformación de las condiciones sociales hacia una vida colectiva más digna y disfrutable. Una persona despolitizada ha perdido el sentido de comunidad y se encuentra encapsulada en la esfera de los intereses particulares, se relaciona con el entorno desde formas cerradas y mira a los otros humanos como medios para conseguir sus propios fines. Por tanto, ante el choque con el mundo reacciona con violencia, desde esa corrupción moral que ha generado en ella el sistema. Actúa desde la ambición y la desconfianza.

Incrustada en la política desde su juventud. Plenamente permeada por esa mentalidad de los políticos que aspiran a la opulencia. La política propia de los países saqueados, con altos índices de analfabetismo. Prepotente desde aquellos años mozos, en que siendo funcionaria pública, pretendió la censura de la prensa. Roxana Baldetti es un producto acabado, en ella se concretan todos los valores de superficialidad y ambición de las mentalidades condicionadas por el proceso ideológico de contrainsurgencia.

El comandante Tito

Caractericemos ahora a Otto Pérez Molina. Aunque a partir de su personaje, podemos hacer alguna generalización, este no es un soldado común. No solo es uno de los mandos medios fundamentales dentro de la ejecución del genocidio en los años ochenta, es también un soldado que reproduce los designios de esa militarización de la sociedad con los actos de su carrera militar y la imposición de estrategias de represión colectiva. Posteriormente, como político, habiendo cambiado la apariencia y el discurso al mismo tiempo que lo hacía y se lo exigía el cambio de discurso del poder económico, participa como negociador de la paz durante el gobierno de Álvaro Arzú, representando el contrapeso militar en el proceso de paz y propiciando desde ahí, las condiciones del aterrizaje del proyecto neoliberal que durante ese periodo se materializaría y en la privatización de los bienes y servicios del Estado. Tras la firma de la paz ha continuado defendiendo el saqueo que forma parte de aquel proyecto, reprimiendo a las comunidades que defienden el territorio, primero como comisionado de seguridad del gobierno de Óscar Berger por escaso tiempo y luego, desde que tomó posesión de la presidencia. Es pues, lo que podríamos llamar, un elemento orgánico del proyecto neoliberal de saqueo, en sus diferentes vertientes.

 

* Gustavo Maldonado (1974) Deviene por el campo minado de las ideas, utilizando como medios de expresión el texto escrito y la imagen audiovisual. Guionista y co-creador en Amorfo-te busqué (2006), cortometraje basado en textos poéticos. Guionista y director, en Colgar los tenis (2010) y Juegos de equilibrio (2011), que interpretan la realidad marginal de la ciudad de Guatemala. Ha publicado ensayo y poesía en medios digitales e impresos.

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