Estos días en el mundo-mall

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Transitamos por un luminoso mundo-mall, vitrineando días sin historia. Diezmadas clases medias inmersas en ciclos de largas horas de trabajo, compensadas luego por un masivo consumo de entretenimiento, sin respiro alguno para desarrollar en libertad su capacidad creativa. Como consumidores ya disciplinados nos cuesta criticar al sistema ¡y cómo! si es el gran proveedor de los gustos hedonistas que nos llenan (aunque momentos después vuelva el vacío del deseo cumplido).

La posmodernidad nos ha alejado de las utopías, de los grandes proyectos colectivos, que de alguna forma nos encaminaban hacia un fin compartido; ahora que el sistema promueve el bienestar personal (de quien puede pagarlo) y del hedonismo inmediato, estamos cada vez más cerca de un futuro decadente, distópico. Y de ese futuro estamos conscientes (Hollywood nos lo recuerda cada tres películas), pero la inercia del sistema es tan fuerte, que no nos deja bajarnos de su tren, a sabiendas de lo limitado de los recursos naturales, de la contaminación en la que nos estamos embarrando y de la brecha de desigualdad, que cada día nos separa más unos de otros.

Quizá algunos, que aún vivimos cierta transición de la modernidad a la posmodernidad, vemos de forma más evidente la fragmentación, el descompromiso y la incertidumbre de estos días.

El sistema capitalista, en su fase de consumo ad infinitum, se nos cuela en cada rendija cooptando cada espacio que encuentra, incluyendo a las ideologías, que no se han escapado de su mano invisible.

Sin una definición ideológica clara ni consciente, nuestro actuar puede fluctuar como lo hace el tipo de cambio o el precio del petróleo. De ahí también que la vida misma carezca de congruencia de un momento a otro.

Un amigo me preguntaba hace algún tiempo -¿pero y a vos para qué te sirve tener ideología, si no vas a ser político?-

Su pregunta refleja la percepción de muchos que pertenecen a generaciones más recientes, que solo a lo lejos han oído de historias de un mundo dividido en bandos antagónicos y que ahora tienen en su mente solo la imagen de este mundo-mall –libre- (libre de consumir), en el que lo importante es vivir intensamente el presente.

Mientras en la tv, un político que perdió en la primera vuelta, trataba de rescatar lo vigente que aún son las propuestas políticas de Manuel Colom Argueta, pero haciendo la salvedad, en repetidas ocasiones, que -a pesar de su ideología- o  -dejando a un lado las ideologías-, cuando en realidad no es -a pesar de-, sino por su ideología tan bien definida que su plan iba alineado en cierta dirección.

Solo en este escenariodel mundo-mall, donde se sobrepone lo emocional y el entretenimiento, es posible que legitimemos electoralmente a un actor que hoy personifica a un político, y que tantos le voten, como audicionando para ser extras de su próxima tragicomedia. Qué más da pues, si su plan de gobierno solo cuenta con siete páginas (incluyendo carátula e introducción), o si presenta una ideología nacionalista, que refiera de nuevo al patriotismo que hasta hace poco, con ánima fiera, parecíamos despreciar.

Solo en este escenario del mundo-mall, donde se desprecia la historia y la ideología, es posible reconsiderar a Sandra, cuando en su cogobierno se perpetuó la corrupción, se mantuvo la política extractiva y se declararon más estados de sitio (más que en el gobierno patriota).

Aún así, hay que analizar los matices entre ambos y, para quien decida ser pragmático y votar, considerar esas diferencias que a largo plazo puedan pesar un poco más. Pero aún así, no le llamo voto inteligente ni bien informado, solo pragmatismo no resignado (ya que al menos algunos trataremos de mantener la indignación a un pie de la plaza).

No desatender la ideología que presenta cada uno de los partidos, es un comienzo, ya que nos da la base general de cuál será su forma de gobernar. Para los partidos, el reto también de que el mercado no condicione su ideología. Los afiliados merecemos respeto y en la práctica, si no fueran congruentes con esta, como base del partido estaríamos en derecho de exigir que mantuvieran cierto lineamiento.

En este mundo-mall el pensamiento que manda es el ilusorio, el cual coincide perfectamente con la lógica consumista, ya que no cuestiona al sistema, sino más bien lo refuerza aportándole rasgos positivos. Es ilusorio, por ejemplo, pensar que votando habrá un cambio, solo porque así lo deseamos. Algunos realmente creerán que el outsider al autocalificarse como -no corrupto ni ladrón-, derramará su pureza en las estructuras mafiosas existentes, purificando el sistema cual ungido. Otros guardan con fe la esperanza de que Sandra, en su sapiencia de gobierno, cumpla sus promesas, aunque no sean más que eso.

Votar aplacó a muchos sensibilizados ciudadanos en la primera vuelta, canalizando ese entusiasmo de la plaza a un papelito, que es solo uno de los ejercicios democráticos, dejando a un lado el análisis de las causas de esa corrupción por la que estaban protestando. Todas las líneas de corrupción esperaban con ansias nuestros votos, sin importar por quién, ya que votando validábamos también la estructura que los soporta.

¿Cómo contrarrestar la nueva lógica cultural de estos días en el mundo-mall? En vez de buscar respuestas, yo diría que nos tenemos que hacer cada vez más preguntas, tratando de ser lo más críticos que podamos, lo más radicales en nuestros pensamientos yanalizar cada situación desde una perspectiva histórica. De otra manera olvidaremos hacia dónde queríamos llegar.

[Publicado en la revista Estudios Digital, de la Escuala de Historia de la USAC]

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Vicente Chapero

Ingeniero Químico, dice en un cartón, pero prefiero pensar en la esencia libre que me hace intentar tomar fotos, crear collage digitales, leer compulsivamente, subir volcanes y viajar a cualquier parte.

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