Eterna violencia

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eternityEl fenómeno de la violencia hacia las mujeres es en Guatemala, junto con el racismo estructural, uno que tenemos tan arraigado, que hemos normalizado tanto, que nos pasa inadvertido en toda su gravedad.

Conductas de dominación y control son vistas como “protección”, celos percibidos como “amor”, y abusos minimizados como episodios esporádicos en que un hombre actúa mal y luego se arrepiente.

Hemos reducido la violencia hacia la mujer al ámbito privado de las relaciones de pareja y la hemos dejado ahí olvidada, como algo en lo que no debemos “meternos”. Al creer que es una cuestión entre dos personas, trivializamos su significado y las secuelas que ocasiona en la vida de quienes la experimentan y presencian.

En este contexto, el libro “Eterna Violencia” de la Doctora Cecilia Menjívar, habla fuerte y claro sobre las causas múltiples de la violencia hacia el grupo de mujeres menos mencionado en Guatemala: las ladinas de oriente.

Cecilia nos lleva a las casas de las mujeres que protagonizaron su estudio, nos cuenta sus relatos con una calidez humana difícil de encontrar en publicaciones académicas –recordemos que la Antropología solo recientemente ha incluido el sentimiento de los sujetos de estudio en su quehacer–, pero además nos explica cómo confluyen los muchos causales en esas historias de dolor, en esas vidas autodeterminadas a la resignación.

Nos habla de cómo una niña es considerada desde que nace un ser de segunda categoría; nos relata cómo muchas veces su instrucción escolar no es considerada importante. Nos habla de las pocas oportunidades laborales que encuentra, todo esto en el marco de un Estado negligente hacia las mujeres y una sociedad en su conjunto que las convierte en objeto y desempodera.

Por supuesto, cuenta también sobre el inicio precoz de la vida de pareja, muchas veces robadas por un pretendiente, de cómo se espera que de ahí en adelante la mujer “sea del marido” y coloque sus necesidades en último lugar. Nos cuenta de lo importante que es el qué dirán para una mujer y cómo este la limita, porque debe parecer siempre una mujer “decente”. Nos habla de la terrorífica subordinación que la mujer debe tener a la familia de su pareja, hasta el punto de perder toda identidad propia.

Habla del papel de madre abnegada que se le exige a las mujeres en todas circunstancias, de cómo saben desde antes de tenerlos que sus hijos vivirán continuamente enfermos y es posible que mueran, debido a la ausencia de eficaces políticas públicas de salud.

Menciona el papel clave de la religión, como red social de soporte, pero también como candado que cierra la celda en la que muchas mujeres viven, porque los sacerdotes y pastores las instan a “tener paciencia”, a resignarse con la vida que tienen y porque se ve el sufrimiento como virtud.

El libro representa un magnífico esfuerzo de Ediciones del Pensativo, en colaboración con Flacso, para desmitificar la violencia hacia las mujeres. Prueba abundantemente que no solo las mujeres indígenas o pobres viven violencia, que esta no es un una acción aislada de parte de ciertos hombres y nos hace comprender todo lo que debemos luchar para que se comprenda y desaprenda.

Necesitamos seguir estudiando este tema doloroso, necesitamos más voces como Cecilia que nos ayuden a desmontar este complejo entramado que hace que Guatemala sea el segundo lugar en el mundo en femicidios, la tierra donde las mujeres viven en Eterna Violencia.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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