Feliz cumpleaños “Paz”

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Recuerdo vagamente una conversación que tuve con mi hermano pocos días antes, o la misma noche, de la firma de la paz entre el Gobierno de Guatemala y la URNG. Acostados en nuestras camas en la habitación que compartimos durante toda nuestra infancia y adolescencia, nos preguntábamos qué sería de nosotros de no haberse terminado la guerra. La conclusión a la que ambos llegamos es que seguramente habríamos llegado a militar en alguna organización, no necesariamente en la guerrilla, pero sí en clara oposición al gobierno.

Teníamos 14 y 20 años y habíamos pasado toda nuestra infancia escuchando y viendo las historias de combates, masacres, ejecuciones y desapariciones que ocurrieron durante los años más cruentos, a principios de los ochenta, en que nuestra familia tuvo que salir del pueblo huyendo de “la violencia”.

Para nosotros el conflicto armado fue algo a su vez cercano y distante. Por un lado estaba esa historia del éxodo, que provocó un sentimiento de amor y desarraigo por la tierra de nuestros ancestros, pero a su vez crecimos en un ambiente privilegiado, alejados de las violaciones a derechos humanos más fuertes, enterándonos de lo que pasaba en Guatemala por las pocas noticias que mostraba la televisión.

Hasta que mis hermanas mayores entraron a la Universidad. En esos últimos cinco años del conflicto, si bien los años más duros habían pasado, supe de libros que tenían que tener la carátula cubierta con papel periódico o papel bond, para ocultar su título; de casetes con grabaciones de canciones que tenía prohibido tararear en el mercado y de simpatías por revoluciones de toda América latina.

La firma de la paz cumple hoy 18 años. Ya es más vieja que yo en el momento en que se firmó, pero aún está muy lejos de alcanzar la mayoría de edad que otorgamos a los seres humanos cuando llega esa fecha.

Pareciera que el país pasó de ser de la eterna tiranía al de la eterna transición hacia la democracia y la verdadera paz. Se supone que ahora tenemos más libertades y de hecho las hay para algunas situaciones, pero los problemas estructurales que empujaron a miles de guatemaltecos a buscar un cambio por la vía de las armas o la disidencia siguen presentes. Y hemos tenido que lidiar con nuevos conflictos, muchas veces conectados con aquel que supuestamente terminó.

Estando mal calificada en la mayoría de los índices que miden a la región, muchas veces se nos hace difícil ver los avances que tenemos, pero los hay, aunque sean pequeños. Uno de ellos precisamente es la posibilidad de hablar y divulgar lo que pasó durante el conflicto. Incluso, este 2015 puede ser un año en el que se juzgue y condene por segunda vez a Efraín Ríos Montt, uno de los responsables de la mayor parte de violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el gobierno. Si eso sucede y oficialmente Guatemala pasa a ser el primer país del mundo en juzgar a sus propios genocidas, puede ser una señal más de avance y de que finalmente estamos llegando a esa mayoría de edad como país. Aunque seguirá faltando mucho.

Feliz cumpleaños, “Paz”.

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César Ramiro García

Parafraseando a Savater y Galeano, soy un pesimista que piensa que es necesario actuar para que las cosas cambien porque los optimistas están felices con nuestra situación actual. Trabajo contra el racismo y considero que es necesario luchar por la memoria y el medio ambiente. Soy lector y ciclista urbano.

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