Festivales navideños en el trópico

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Las luces Campero se han convertido en uno de los inicios oficiales de la temporada navideña. Junto al árbol gallo, utilizan los simbolismos de la luz, del crecimiento, del adorno, de la grandeza como sus principales llamativos. Se convierten en símbolos oficiales del mercado. Por su parte, la municipalidad de la ciudad también crea su visión de unidad y sana diversión en el festival navideño del “centro histórico”. Ahí mismo donde decenas de niños y jóvenes lustran zapatos todo el año –y a otros matan, como al “Chino”–, Arzú construye pistas de patinaje sobre hielo y resbaladeros gigantes, no sin antes cercar el parque y la calle contigua al centenario con anuncios publicitarios de las benévolas empresas de bebidas y comida rápida.

Los tres eventos navideños –pollo Campero, cerveza Gallo, Tu ciudad– se apropian temporalmente el espacio, sea el campo de Marte, el obelisco de la avenida reforma o el parque central. No son lugares cualquiera, sino tremendamente cargados de simbolismo de la clase social a la que pertenecen. La Reforma del presidente finquero Reyna Barrios, el Campo de Marte de los desfiles de Ubico, el Parque Central del paseo criollo de la ciudad. Sin embargo, la mediación es otra, el idioma es distinto, el abrigo de las masas consumistas es nueva, a pesar de la continuidad de las familias y capitales asociadas a dichos eventos. Durante noviembre y diciembre, la ciudad de Guatemala se convierte en un inmenso movimiento de mercancías, transacciones, carros; para, por último, terminar de manera orgásmica en una navidad con ideal de familia nuclear, ya en peligro de extinción con la disgregación social galopante. Pero no solo eso.

También en diciembre se acaba de celebrar el día de la anticorrupción, por lo que diversos personajes decidieron reunirse a celebrar las gestas cívicas del 2015 en la sexta avenida. Entre ellas el embajador Robinson, el presidente CACIF Briz, el director CICIG Velásquez y otros directores de Naciones Unidas. Con fotografías entre la 11 y 10 calle, “alfombras del pueblo” prefabricadas, jóvenes asalariados de instancias civiles y raperos anticorrupción, se celebraba esa Guatemala que “ya cambió”. En tiempo de Navidad, por favor no moleste a la gente con temas complicados como destrucción de la naturaleza, robo de tierras por finqueros, desnutrición infantil. No, eso es para enero. Ahora, debe haber efervescencia ciudadana y religiosidad bajo la división social del trabajo.

Por eso se crean guetos de esperanza, de sentido, orquestados por quienes han financiado generales de guerra y construido una maquinaria de desalojo de fincas y terrenos baldíos, la misma clase que como conjunto brinda el espectáculo de fuegos artificiales en el campo de Marte mientras –óigalo bien CACIF y su entonces presidente Castillo en 2012– apoyaban el desalojo violento en la Cumbre de Alaska, en Totonicapán. Todos callaron aquella ocasión, El Periódico no sacó ningún suplemento “homenaje a un pueblo que alzó la voz por su país”. Ahora que el fin de año hace converger al “país ciudadano” con el nacimiento  que ignora a Herodes, hay que tener en cuenta las características comunes de este universo heterogéneo –tan igual, tan desesperadamente igual– del mercado de raigambre finquera.

Algo tienen en común las luces Campero, el árbol Gallo, el resbaladero Arzú, los festivales CICIG-Naciones Unidas-embajada: nos quieren enseñar a ver hacia arriba. Los fuegos artificiales y sus estallidos hacen que movamos la cabeza al cielo. Ellos la guían. Los adornos y lucecitas del árbol nos enseñan que los sueños bajan desde la estrella del tope. Ellos la alumbran. La pista de patinaje y el resbaladero nos indican que, en diciembre, la plaza es lugar de diversión, no protesta ni huelgas de hambre. Ellos la construyen. Los grafitis y la parafernalia anticorrupción deben ser expresión ciudadana. Ellas la beatifican. En cada una de estas celebraciones del capital y de la gobernabilidad estatal, se educa para ser espectadores de las decisiones que vienen desde las altas oficinas de gerentes de mercadeo, alcaldes, estrategas de la denuncia anticorrupción.

Todo está construido para observarlos, para añorarlos, para estar dentro. Al aceptar la diversión y –si bien va– el aguinaldo o el tamal de doña Paty, nos quitan la iniciativa de construir desde nosotros la alternativa al mundo de comercio, desalojo, robo a SAT armada. En el fondo temen que los estallidos en ciudad de Guatemala no vengan coordinados con música y venta de cuadriles, sino de un pueblo que se atreva a ver hacia abajo –hacia sí mismo– para descubrir el dolor que les une: la esperanza de los humildes. ¿No es esto lo que nos enseña, en realidad, aquel hombre que nació en un pesebre, rodeado por los madrugadores que, hoy en Guatemala, serían los vendedores de periódicos y quienes cargan basura a las 4am?

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

1 comentario

  1. Cada quien vive su epoca como quiere, cada quien ve el matiz del color que sus sentidos perciban, creer que la oligarquia manda un mensaje subliminal en los antiguos centros del poder colonizador y sus posteriores secuelas es tener en la mano un martillo y a todo verle cabeza de clavo, ya no es una vision sana, ya no hay esperanza en esa percepcion, asi como se denota que los grandes capitales usan eso para mandar un mensaje intrinseco, los maniaticos del consumismo debemos de enteder que gracias a nuestra retrograda mania es que ellos logran hacerse de dicho “poder”, jamas he visto a las fuerzas represivas meterle una cerveza a alguien o entrar a patadas a otro a un “campero”, o que voten por arzu, comencemos ahi y mandemos un mensaje claro, no parecimientos y menos ver aparecidos.

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