Finca, finca, Guatemala

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¿Recuerdan aquel juego de niños de hace algún tiempo ya? Nos sentábamos formando un círculo con las piernas cruzadas, esperábamos ansiosos que quién estaba a nuestras espaldas pasara rozando con la palma de su mano nuestra cabeza. A uno le decía pato, a otro le decía pato, y por fin a un último le decía ganso. El ganso se levantaba y corría intentando alcanzar al que le había dado la señal  para levantarse y correr, hasta que tomaba su lugar en el piso. Así es Guatemala, siempre corre atrás de la finca hasta que la finca toma el lugar de Guatemala. Fincas fuimos y en fincas nos hemos convertido.

No es nada nuevo. Ya hay quien ha hablado del “orden finca”, de los presidentes o empresarios que piensan que esto es una fincota que hay que administrar como tal, conocemos de la prepotencia de los capataces y las resistencias de los colonos. Aun así, yo ingenua,  pensaba en esa Guatemala ajena a la ciudad, imaginaba las fincas entre las montañas lejanas, de territorios a los que no he ido. En concreto, en mi corta visión nublada por centros comerciales y tantos pollos fritos, las fincas no estaban en la ciudad.

Pero la ciudad está en suelo de fincas, esa es la realidad. Finca somos, capitalino. Finca la Palma, Finca El Naranjo, Finca Vista Hermosa (y no una, sino tres), Finca Las Cruces, Finca La Pradera, Finca Lavarreda… En la zona 16, por ejemplo. Me adentro en la historia de este lugar que mi abuelo recorrió diariamente desde el Cerrito del Carmen hasta Santa Rosita para locutar, en donde mi padre hacía días de campo,  en donde vine cuando mi mamá era maestra de salud comunitaria en la Escuela de Enfermeras, aquí estudié, aquí vivo ahora y aquí mismo descubro que hubo y hay fincas. Finca Santa Sofía, por ejemplo, que mantiene la pequeña capilla resguardada por padres paulinos en los años 1960, ahora por los padres jesuitas, o la Finca San Isidro, en nuestros días un lujoso campo de golf, o Las Mercedes, o Lo De Batres, o San Nicolás, o Finca Cayalá.

Entre las fincas, entre los cercos de cada una de ellos, había poblados. Muchos de sus habitantes mantuvieron una relación estrecha con las fincas, con sus dueños, con los administradores. Algunos trabajaron en esas fincas, jugaban en sus tierras, pedían agua o misa. Pelearon también, como me dice don Gustavo, porque no era justo que les negaran acortar un camino cuando una camioneta hacía solamente tres viajes al día al Centro, porque no era justo que para impedirles pasar se les pusiera alambre puado. “En las noches nos juntábamos para ir a cortarlo”, y se ríe.

Son fincas que hoy son ciudad, lo urbano las ha alcanzado y las fincas se han convertido –casi metamorfoseado- en residenciales de lujo, en centros comerciales que siguen manteniendo las desigualdades y las jerarquías del consumo y las oportunidades, hoy son grandes bulevares. Siguen encerrando a los mismos poblados, determinando relaciones de unos superiores y otros que no se sienten cómodos en donde antes jugaban a cortar frutas de los árboles.

¿Qué significa vivir en una finca, en un conjunto de fincas? ¿Qué significa que la finca sea en donde estás pasando ahora, comprando en el último almacén de diseño con precios en dólares? ¿Qué se siente que no te dejen entrar al lugar en donde trabajaste antes, porque no tenés permiso? ¿Cómo es vivir en una finca, capitalino?

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

1 comentario

  1. Sabe que hoy tiene razón, en la Guatemala Pluricultural (perdón Guatemala de las fincas)…tener un capataz los hace estar mas cómodos, para los pluriculturales (perdón, para los mozos) la felicidad es tener patrón y que exista tierra donde ser explotados,…. cada quien en su “cultura” (perdón en su finca)… los mismos males pero mezclados con la modernidad: Caudillismo, colectivismo, nacionalismos (etnocentrismos, que es lo mismo), paternalismos, misticismos… que ha cambiado… la fincota al final de todo y un montón de mentiras de los intelectuales ()…

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