Gracias al hastío

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FBPor Fernando Barillas Santa Cruz

El bullicio empezaba a escucharse cuadra y media antes de llegar. No eran aún las tres, y aunque en las redes sociales distintos grupos convocaban a reunirse en determinados puntos de la capital para caminar juntos, frente a la Plaza Mayor los que llegaron por su cuenta, representándose a sí mismos, ya tenían el ambiente encendido.

Al primero que me encontré fue a un amigo de años atrás, con el cual estamos distanciados por razones que no vienen al caso. Sin embargo, fue a la primer persona que me detuve a saludar. Compartimos unos minutos, repasamos la coyuntura, nos despedimos respetuosamente y cada uno tomó su camino entre la muchedumbre. Gracias al hastío, no tuvimos problema en saludarnos.

Nos acomodamos en un sitio que consideramos prudente: ni tan lejos de la puerta principal de Palacio Nacional para no perdernos los detalles, ni tan cerca de ella por aquello de que la situación se tornara tensa.

Había agentes de la PNC custodiando los dos graderíos del edificio. Mi impresión es que estaban tranquilos. Alertas pero relajados, hasta podría decir que consecuentes. Los policías son los funcionarios públicos que más sufren, pues la población ni los quiere ni respeta y el Estado tampoco los dignifica. Con la plata que se robaron tendrían mejores camas, mejores sanitarios, mejor formación, mejor equipo, mejores condiciones para sentirse un poquito más comprometidos con su trabajo y con la ciudadanía que les toca defender. Estoy seguro de que, gracias al hastío, el clamor que escucharon no les fue ajeno ni indiferente.

Quizás no estábamos todos los que debíamos estar. Hicieron falta, por ejemplo, las madres y esposas de los pilotos de autobuses que mueren semanalmente en el país, y cuyos asesinatos se mantienen en la impunidad –entre otras cosas– por la carencia de recursos que este gobierno se ha robado. Hicieron falta los maestros que dan clases en condiciones precarias, por la carencia de recursos que este gobierno se ha robado. Hicieron falta los médicos y enfermeras que atienden con trapos de cucaracha en los hospitales públicos, por la carencia de recursos que este gobierno se ha robado.
Y no, no piense que me refiero a Joviel Acevedo, Luis Lara o Juan Tiney. Gracias al hastío, sobre estos individuos ya tenemos claro por qué se mueven y qué intereses defienden, que definitivamente no son los de la gente. Me refiero a los de abajo, a los afectados directamente por el saqueo de las arcas nacionales.

Pero esta marcha convocada por el hastío –finalmente– de las clases medias ante las respuestas altaneras, cínicas y estúpidas del presidente y la vicepresidenta, provocó que muchas de las distintas Guatemalas que convivimos y que no nos toleramos, nos encontráramos y coincidiéramos en un solo grito.

Vimos de todo. Ahí andaban los artistas y los que pretenden ser artistas. Los fotógrafos y los que pretenden ser fotógrafos. Los amigos, los que ya no lo son tanto: los de izquierda, los de derecha, los que se dicen apolíticos; los camisas blancas que repitieron vestimenta; la esposa de algún empresario custodiada por su guardaespaldas, que cuando se cansó de hacer sonar su bubuzela se la entregó para que él siguiera con la bulla mientras ella tomaba fotos. Había piñatas de dinosaurios y gente que aún piensa como dinosaurio. Andaban las monjitas, que fueron las más aplaudidas, los roqueros, las feministas, los gays, los poetas, los cucuruchos, los periodistas, los estudiantes, los músicos. En fin, estábamos casi todos, gracias al hastío.

Lo importante fue que todos pudimos manifestar nuestra inconformidad de forma pacífica, enojada pero pacífica, sin descalificarnos o despreciarnos por nuestras diferencias.

Hubo también muchas piñatas, pero sin duda Baldetti fue la piñata de la fiesta. Y no solo en el sentido literal, sino porque sus constantes sandeces y su obvia vinculación en esta red de defraudación aduanera la han posicionado en la conciencia colectiva, sentenciada a ser un referente de codicia y corrupción. Su nombre y apellido será siempre recordado, y no precisamente de la mejor manera. Esto es, para los que manifestamos en este memorable 25 de abril, otra forma de justicia que no excluye la justicia penal. El ser mal recordado y señalado de por vida, también será la gran condena de este gobierno. Gracias al hastío.

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