Grafiti: Ejército asesino

4

Cuando era pequeño escuchaba historias que narraban cómo en los pueblos el ejército llegaba a reclutar forzosamente a los jóvenes. Nunca supe que en la capital hicieran redadas de reclutamiento, aunque varios amigos y compañeros de cuadra sacaron el curso de las reservas militares. Era obligatorio tener la inscripción militar para obtener la cédula de vecindad y también para gestionar el pasaporte.

Quienes nos hicimos adolescentes y posteriormente jóvenes en las décadas de los setentas y ochentas vivimos inmersos en la peor época de terror que ha ocurrido en Guatemala, aunque los capitalinos tuvimos la fortuna de verlo desde lejos, en la mayoría de los casos ni siquiera nos enteramos de la barbarie que sucedía en los departamentos de occidente.

La radio y la televisión se encargaban de glorificar a la institución que Guatemala adentro masacraba a muchos de sus habitantes: “Un soldado es un hijo un amigo un hermano”, rezaba la canción que de forma insistente era programada por los medios de comunicación. “Mamá me ha contado que él es un buen soldado que cuida las fronteras de la patria”, decía la niña que escribía la carta a su hermano militar. A ritmo de tierra arrasada la institución castrense demostró que no tenía humanidad: quemaron aldeas enteras y mataron a sus habitantes; desplazaron de sus tierras a pueblos completos y dejaron que generales y oligarcas se apoderaran de los latifundios. No cuidaron la patria, la asesinaron.

Bajo las órdenes de su “chacal de oriente” y el “energúmeno del Verbo”, el ejército mató a todo el que soñó con una mejor vida y con los que consideraron que amenazaban al régimen que defendían. La matanza dejó a Guatemala huérfana de líderes y alcanzó dimensiones de genocidio. Dieron muerte a cientos de miles y luego se empeñaron en negarlo.

Nunca el ejército ha sido símbolo de paz. Ver escuadras en las calles, no digamos batallones, fue símbolo de terror.
Bajo el lema de que son obedientes no beligerantes, tuvieron que dejar el papel de golpistas al servicio de millonarios y las circunstancias los obligaron a traspasar el mando del país a gobiernos civiles; su rol cambió, pero siempre estuvieron dispuestos a disparar a quien sus jefes ordenaban para preservar el status quo.

No sin trauma, se acomodaron al papel de espectadores del proceso democrático, aunque en los primeros años fueron cómplices de intentos de golpe de Estado, fue difícil erradicar esas viejas mañas. Mejor se dedicaron a saquear a manos llenas las instituciones militares, incluso llevaron a la quiebra y desaparición al banco del Ejército y al Instituto de Previsión Militar.

Tuvieron la oportunidad de redimirse al instalar en el máximo cargo público del país a uno de sus generales, pero prefirieron utilizar todas sus argucias para volver a aterrorizar y asesinar al pueblo –Alaska no se olvida– y después llenaron sus bolsillos con todo lo que pudieron hasta lograr que Otto Pérez se convirtiera en el jefe del gobierno más corrupto que se haya visto.

Nada hay que celebrar, ni conmemorar, en esta fecha. Será un verdadero día festivo cuando el ejército haya desaparecido y todo ese presupuesto que utiliza se destine a salud y educación. Mientras tanto el kaibil –“kaivil”– en el poder sigue mostrando el cobre de una institución que ha sido nefasta para el país.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

4 comentarios

  1. Señor Fernando Ramos, MIS FELICITACIONES por su articulo, lo apoyo al 100 % en lo que expresa. Desafortunadamente TUVE que salir de Guatemala desde 1968, por presiones del Militarismo, con el secuestro de mi Padre el Lic Adalberto Echeverria Magistrado hasta 1954, y antes de esa fecha Diputado por el departameno del Quiche. El secuestro de mi Padre en 1967, cambio toda la vida de nuestra familia, emigrando a California (legalmente), y regresando a Guatemala en 1976, esperando ver algun cambio con los Gobernantes de nuestra patria, PERO NO encontre cambio alguno, al contrario MAS militarismo, y oprecion por lo que TUVE que regresar a E.U.A como” asilado politico” , y tramitar la venida de mi Esposa y dos hijos , lo cual YA LO LOGRAMOS, y me siento un poco tranquilo de tener a mi familia a salvo.—-Y le digo un poco mas tranquilo por saber que el militarismo SIGUE Y SIGUE, destrullendo nuestro pais, y aprovechandose de los Guatemaltecos honestos, como dijo Juan Jose Arevalo , ” EL CANCER SOCIAL DE GUATEMALA ES EL EJERCITO”. Lamento que los Guatemaltecos sigamos en ese atraso . Felicitaciones de Nuevo por su articulo.

  2. César Antonio Estrada on

    Bien dicho, Fernando. Yo soy de su misma generación y tuve experiencias semejantes. El ejército, por el papel que desempeña en esta sociedad, de esbirro y gendarme de la burguesía y del imperialismo, envilece a sus integrantes (es de suponer que habrá alguna excepción). A partir de los años setentas, los altos jefes militares decidieron no sólo ser cipayos sino acumular riqueza mal habida para convertirse en nuevos empresarios, que ahora compiten con sus amos en el “libre mercado”. Ojalá hubiera un agujero negro, de ésos de los que ni la luz escapa, que se “chupara” a toda esta gente.

  3. Solo una corrección, en la capital si habían redadas para el reclutamiento, lo hacían en el salon de baile “La Flor del Chinique” por allá por el Trébol, los días domingos y en las ferias locales como la de Sta Marta zona 6, por ejemplo.

Leave A Reply