Guatemala, una disputa entre la contradicción y la esperanza

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El caso “la línea”:

Guatemala experimentó un 2015 atípico, por la respuesta institucional y social que existió ante las prácticas de corrupción que imperaban con normalidad en el país. Las corruptelas y el clientelismo político mantenían su rutina hasta que en abril, la Comisión Internacional Contra la Corrupción –CICIG– y el Ministerio Público –MP– denunciaron públicamente un caso de defraudación aduanera liderado por la exvicepresidente Roxana Baldetti y el expresidente Otto Pérez Molina. El escándalo por el desfalco aduanero provocó masivas manifestaciones que estuvieron marcadas por el liderazgo del movimiento estudiantil unificado, un hecho inédito en la historia política de Guatemala porque a pesar de que el movimiento estudiantil de la Universidad de San Carlos desde las luchas antidictatoriales de 1920 ha ejercido un rol preponderante en las gestas sociales y reivindicativas que han demandado mejoras a las condiciones de vida, nunca se había unido con las Universidades Privadas para manifestar en forma conjunta los descontentos de la población urbana.

Las elecciones y Jimmy Morales:

El 2015 en Guatemala también fue un año electoral y dejó sorpresas, enseñanzas y el paulatino regreso a la estabilidad del sistema clientelar. A pesar de que las manifestaciones fueron multitudinarias y constantes, no lograron alcanzar el punto de inflexión de la crisis política. La crisis del sistema político se ha convertido en un modus vivendi en el país, es permanente y se profundiza con cada nuevo gobierno. Y su ruptura se encuentra lejos de las victorias derivadas de la labor de la CICIG y el MP, y de la presión ejercida por los ciudadanos desde las concentraciones sociales. Las elecciones en vez de haber sido una oportunidad para transitar hacia una nueva clase política en medio de la indignación, fue la expresión de una cultura política de contradicciones, anacrónica y conservadora.

Se marcó un incremento en el rechazo ciudadano hacia los partidos políticos y partidos más fuertes, pero no hacia sistema de partidos que es la plataforma que configura la competencia en función de la desigualdad de condiciones y de redes de recompensas que premian el servilismo. Y es un rechazo que en términos generales se queda en el discurso porque el tipo de voto inconforme termina en personas que reproducen el sistema y no se canaliza hacia alternativas con diferente forma de hacer política dentro del sistema. Un tipo de voto que todavía se destina a “súper hombres” o “ungidos” enviados por Dios.

Las elecciones también evidenciaron la necesidad de diseñar discursos con los que los manifestantes se sientan plenamente identificados. El liderazgo del movimiento de indignación asumió un discurso que establecía una ruta de acción que fue proyectada como la mejor salida a la crisis y que estaba fundada en un planteamiento ideológico coherente, legal y legítimo, pero que no respondía a la visión sobre los sucesos que tenían las personas que nutrían las manifestaciones. La crisis resultó siendo la razón principal para derrotar el abstencionismo y votar por alguno de los candidatos presidenciales, principalmente por un candidato que pudiera evitar que Manuel Baldizón ganara las elecciones y que no estuviera inmerso en las dinámicas del político guatemalteco “común”. Los resultados de las elecciones eligieron a Jimmy Morales como Presidente y a un Congreso condicionado por la dispersión, víctima del voto cruzado que permitió la llegada de algunos nuevos políticos alternativos al político tradicional y la permanencia de políticos acusados abiertamente de corruptos.

Jimmy Morales, el actor de la antipolítica, que se benefició del disciplinado voto evangélico y del hartazgo hacia la clase política y la corrupción será el encargado de proteger a ultranza la expresión más conservadora del status quo. No todo lo que dejó las manifestaciones en la plaza fue esperanza y despertar ciudadano, también apadrinó con su voto a políticos avalados por las corruptelas que operan en las corporaciones privadas e instituciones del Estado. Los ciudadanos están refugiados en la suerte, deseando que el carácter hibrido de Jimmy Morales quien no cuenta con base política ni equipo de trabajo, permita que atienda las reformas mínimas que exigió la ciudadanía en las calles y los movimientos sociales en las mesas de discusión en las que se elaboraron propuestas de reformas que se consideraron claves durante la coyuntura. Morales es un político que actúa el rechazo a la política tradicional porque en realidad es un representante del cambio que no cambia: nace de lo mediático, es conservador, promilitar y con rasgos caudillescos y autoritarios. Es la apuesta más radical de conservación del sistema, aunque maquillada, que pudieron poner las élites en el sistema electoral.

Las pequeñas luchas y el movimiento estudiantil unificado:

Una mayor articulación y profundidad de las líneas acción de los movimientos sociales permitirían su constitución como grupos de presión que podrían forzar reformas o cambios relevantes, al menos en sus espacios inmediatos. Creando redes de solidaridad y de trabajo que operen como apoyo a las gestas individuales de cada organización, con el propósito de que un primer momento se logren objetivos focalizados. Pequeñas luchas que podrían emprender las diferentes organizaciones de la sociedad civil y cuyo resultado podrían ser cambios mínimos pero importantes en las instituciones del Estado, por el impacto positivo que tendría en sus espacios inmediatos y cotidianos.

La unión estudiantil que le dio vida a la Coordinadora Estudiantil Universitaria de Guatemala –CEUG– no habría sido posible sin el carácter anticorrupción que caracterizaron a las manifestaciones que se realizaron de forma escalonada y con diferentes niveles de intensidad social durante cinco meses, un clamor de amplio espectro ideológico que puso a prueba la capacidad conciliadora y de consenso de las nuevas generaciones. Cuya consolidación aún está en proceso, precisamente por la dificultad de cohesionar desde los disensos y de superar barreras ideológicas y las visiones particulares de cómo se debe desarrollar el Estado. La legitimidad del movimiento estudiantil unificado ha permitido el posicionamiento de nuevos líderes en los imaginarios sociales. Para que la unidad se mantenga es necesario que sus relaciones con la CICIG y el MP se mantengan, para poder reforzar el sentido anticorrupción a través de la limpieza de las diferentes instituciones del Estado, a la vez que se configuren como el principal acompañante de las luchas de las otras organizaciones sociales y sean capaces de diseñar demandas que planteen un modelo educacional de mayor calidad.

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About Author

Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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