Guatemala ya no aguanta más

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Es un reto dimensionar el tamaño de los recursos que el Estado ha dejado de percibir como efecto de la corrupción. El límite de la imaginación llega al tratar de pensar cuánto significa una cantidad medida en millones de quetzales, pero cuando se lee en los periódicos que la defraudación fiscal ocurrida por “La Línea” alcanza miles de millones, la razón se pierde. Es más fácil en ese caso, contrastar la deplorable situación de las escuelas públicas contra las riquezas obtenidas por esa defraudación. O comparar las redes de corrupción alrededor de la medicina en los hospitales públicos, con el crecimiento desmedido del patrimonio de los funcionarios públicos. Estos son  apenas dos pequeños ejemplos de una gran estafa.

Los contrastes de este país en su naturaleza y en su cultura también se expresan dramáticamente en la inequidad socioeconómica de las personas. Como ya sabemos, los hay muy ricos y los hay muy pobres y en medio casi no hay nadie. El 25A como ya se nombra la fecha del pasado sábado, condensó de manera inédita, el hartazgo de muchos guatemaltecos especialmente de la ciudad capital; algunos hablan de veinte mil y otros aseguran treinta mil reunidos en el parque. Este número puede ser grande o pequeño; me parece que para la magnitud de los hechos ocurridos y para la desfachatez de este Gobierno para con su población, fue tremendamente significativo. Para la historia de desmovilización social ocurrida en los últimos treinta años, lo de ese sábado fue tremendamente grande. No importa que no se movilizaran cientos de miles hacia la capital y no importa que en las profundidades de este país, aún no se sepa de la gran impostura.

Lo cierto es que en un país tan centralizado como éste, acostumbrado por mucho tiempo a que la capital es a la vez el destino y el origen, resulta tremendamente significativo que aquellos veinte mil que acudimos al sábado a la plaza central, sintetizan de alguna manera el malestar de un pueblo entero. Este no es un país del cual se desprenderán columnas de habitantes para tomar la ciudad, para eso hubo otros momentos en la historia. En la movilización del sábado importó cuántos pero también quiénes le decían al Gobierno que ¡Guatemala ya no aguanta más!, unos con su propia creatividad y por momentos todos al unísono.

El balance inicial de la crisis ha dejado al director de un medio impreso con la Línea hasta el cuello, un secretario privado de la Vice Presidenta huyendo por todo el mundo (aunque quizá solo está en su casa), el sistema de seguridad y justicia del país completamente superado en una investigación de altísimo riesgo  -del que solo fue espectador hasta el último momento-, un  Presidente que trata por todos los medios (spots, anuncios, visitas, entrevistas) de decir “yo no sabía”, una entidad internacional que sale más que airosa y con oxígeno para varios años. Las ratas huyen del barco oficial que encalla inevitablemente en los riscos de su propias ambiciones, aunque algunas preferirán quedarse para no ser descubiertas. Y una vice presidenta que yace sola, tremendamente solitaria.

Los escenarios de resolución de esta crisis institucional remiten directamente al proceso electoral. La elección ha quedado abierta y no le toca a nadie. Los partidos la tendrán difícil, convencer a una sociedad que vuelva a creer en ellos. En el palco de los poderes internacionales, también se está acabando la paciencia y los mensajes sutiles ya llegaron a sus destinatarios. El órgano electoral tiene de frente organizar la posibilidad de un mejor destino para un pueblo cansado. La alternativa debemos construirla ya.

De cualquier forma, la sociedad ya empezó su reclamo y su despertar.

Imagen: Vicente Chapero

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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