Hablemos de fútbol, hablemos de Xavier Hernández Creus

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“La velocidad del cerebro es más importante que la de las piernas”.

– Xavi Hernández

Un día, discutiendo con un grupo de amigos –entre ellos, un ingeniero- salió la clásica broma de “los arquitectos se encargan del maquillaje, de lo bonito, los ingenieros estructurales, de lo útil y lo funcional”. Verán, yo no sé nada de ingeniería, pero puedo comprender el rol de un especialista en términos de su incidencia en una construcción, obra o proyecto de infraestructura.

Lo digo porque el otro día, observaba la fachada de un edificio que me pareció interesante, llamativo y, por qué no decirlo, bonito. Una estructura metálica cubría el frente, con algún detalle geométrico que jugaba con la luz y la sombra y hacía que el lugar se vislumbrara atractivo, relajado, estético. Otra vez, no sé nada de estas cosas, pero para el mortal promedio – o sea, yo- era sencillamente agradable a la vista, bonito.

Luego de ver el lugar por espacio de diez minutos y disfrutar de sus formas y colores, observé el clásico cajón de concreto en el subterráneo, sí, ese que se utiliza como parqueo y entendí el total despropósito de la fachada si esas columnas rústicas y robustas no sostuvieran el peso del edificio. Grandes columnas y cimientos, siempre ahí, abajo, escondidas, relegadas al frío y la poca iluminación, sosteniendo el todo de la joya arquitectónica sobre la que estaba parado.

Y pienso en Xavier Hernández Creus, pienso en la joya arquitectónica que sostuvo con su ingenio, en una de las épocas más gloriosas del fútbol. Porque en el fútbol de alto rendimiento, existen los artistas, los magos y los genios. Y seamos honestos, es fácil enamorarse de los regates, el ingenio, las fintas y los goles, sobre todo de los goles. Pero Xavi fabricó la obra gris, la estructura sobre la que descansa todo el arte que dibujaron los virtuosos del césped, genios de la arquitectura del fútbol moderno.

Hablo del Xavi organizador, hablo de esa media cancha poseída. De los controles, los tiempos y la visión de campo. Hablo del juego de toque y las filtraciones en tres cuartos de cancha. Hablo de los pases largos y las asistencias. Hablo de la paciencia endiablada para llenar espacios, para abrirlos y habilitarlos. Xavi fabricó el cimiento, la estructura, la base.

Pero nunca escuchás a nadie preguntar por los cimientos del Taj Majal o La Sagrada Familia, porque los simples estamos asediados y obsesionados por la belleza exterior, por lo obvio, por lo que nuestros ojos son capaces de ver y nuestra mente, entender. Desde luego, es hermoso ver la bóveda de la Capilla Sixtina, o un regate de Lionel Messi en el Camp Nou, no vamos a discutir el arte y el talento. Pero ahí está también, la base, el edificio, el lienzo.

¿Y qué voy a hablar de números? Si ya dije que de esas cosas no entiendo, porque soy muy simple y solo miro lo obvio, y lo obvio aquí es el trabajo y la inteligencia. He visto a un Xavi adueñarse de la media cancha, retrasar el balón, abrir los espacios, habilitar a sus compañeros y anotar el primero de cinco goles al Real Madrid en aquel mítico 5-0. Todo esto en menos de dos minutos, en aquel que fuera, según el mismo Xavi “uno de los mejores partidos de su vida”. Poco que agregar sobre un genio que estuviera en la palestra de le élite mundial del fútbol, compartiendo reconocimiento junto a Lionel Messi y Andrés Iniesta en aquella triple condecoración del Balón de Oro.

Aunque también, hay que decirlo, he visto a un Xavi frustrado y sin camino, uno que al mismo tiempo que se hacía leyenda, iba desgastando el engranaje de la máquina perfecta que él mismo ayudó a fabricar. Esa máquina que cedió en las últimas temporadas del FC Barcelona, cuando caminaba más bien por la inercia que por la efectividad, pero que alcanzó para incluso ganar una de las Ligas récord más importantes de los últimos años. También vi a un Xavi impotente al ser eliminado en Champions League, contra el Atlético de Madrid, o caer en la Copa del Mundo de Brasil 2014, luego de haber tocado la gloria con la Selección de España.

Hoy Xavi, el Maestro, el ingeniero, llamálo como querrás, es un tipo experto. Un sabio con alma de aprendiz que quiere seguir desarrollando esa ciencia que él mismo convirtió en arte y sin duda, es la cosa que más ama hacer en la vida: el fútbol. Ya no es aquel muchacho, de aspecto blando, que un día llamara Van Gaal –a quien por cierto, hay que darle mérito de subir al primer equipo y darle la oportunidad de brillar- ahora es una autoridad, una persona a la que hay que escuchar sentado y viéndole a los ojos. No sé si ahora, o quizá en algunos años, el Maestro seguirá moviendo los hilos del equipo de sus amores, desde una posición distinta, con un área más pequeña, pero una responsabilidad mayor.

No cabe duda que todos esperan, como en aquellas sagas cinematográficas, la sucesión del control y el liderazgo, de un club de fútbol famoso por el buen trato del balón y la filosofía de juego desarrollado en casa. Quizá algún día el fútbol vuelva a sorprendernos, con ingenio puro y talento, quizá se vuelvan a conjugar la filosofía y el buen fútbol, mientras ese día llega, disfrutamos de una leyenda viviente del fútbol, disfrutamos de las clases magistrales, de uno de los mejores mediocampistas de la historia, hablamos de fútbol, hablamos de don Xavier Hernández Creus.

 

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About Author

Wiliam Ajanel

Discípulo de la normalidad y el perfil bajo. Aprendí a escribir por necesidad, más que por gusto. Estudié mercadotecnia y me gusta la informática; la academia me hizo una persona necia y la vida, un poco cínico. Mi rebelión tiene que ver con intentar ser feliz.

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