Hacia la desobediencia civil

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El interés de los miembros del actual Congreso de la República de Guatemala por mantener el estatus quo se evidencia en la lentitud para aprobar la LEPP, y en los cambios que se le propusieron; un ejemplo nada más: en caso que gane el voto nulo las votaciones se repetirían ¡con los mismos candidatos!, nada hay más contrario al espíritu de la ley que esta aberración.

El discurso de los partidos políticos dominantes (PP y Líder) se desmorona ante la práctica política de esas bancadas. Los diputados de la UNE tampoco son ejemplo. Y esa ley —como tantas otras que benefician al país— sigue a fuego lento. Pero en el Congreso no se trata del bien común, se trata del bien particular (en este caso de los mismos diputados), para conservar las prebendas. Ahí no hay colores partidarios: todos están de acuerdo. Como cuando deciden sus incrementos de sueldos, se aprueban por unanimidad: los que votan en contra esperan hasta estar seguros que van a ser vencidos.

Falta menos de un mes para las elecciones pero ellos están pensando no solo en cómo va estar conformado el siguiente Congreso, sino también el del 2020. Por eso el retraso.

Seamos claros: no es que los diputados sean haraganes, esta ley no les conviene.

Seamos más claros todavía, vamos hacia la desobediencia civil. Pero no vamos a llegar a tiempo en las próximas elecciones porque hay poco tiempo para que sea convocada y llevada a cabo. Porque para ello es necesario empezar con un paro nacional y esto significa detener los ingresos de la sociedad completa y, de alguna manera, así es como el país ha “funcionado”.

Quisiera equivocarme, pero hoy está el tiempo a su favor. El camino es detenerse un día, luego tres, luego la semana completa; y esto antes de las elecciones.

Convoco formalmente ¿quién se apunta?

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Gustavo Sánchez

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