Hambre por el cambio, hambre de cambio

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Tras cuatro meses de roturar las calles con el paso del sartén, Brenda consideró que se necesitaba más para reclamar un cambio. Las masivas movilizaciones durante varios sábados, las constantes demandas, sábado a sábado, para la renuncia de Otto Pérez Molina, parecían insuficientes para provocar lo que, en definitiva era el grito ciudadano: un cambio real en el sistema de partidos y relaciones políticas.

Guatemala, este país y esta sociedad, nacida de la exclusión y alimentada con la impunidad, no daba para más. El cambio, ese fenómeno que en los contextos sociales apunta a la modificación de las condiciones, debía llegar porque el reclamo social así lo exige. Sin embargo, más que vislumbrarlo en el horizonte, más bien desaparecía por arte y magia de las maniobras políticas. Los partidos políticos, esas estructuras de franquicia electorera se afianzaron en sus trincheras e impidieron avanzar.

Las reformas indispensables a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), se iniciaron mediante un proceso que arrancó viciado y que en su inicio facilitó a sus detractores la posibilidad de frustrarlo. Los partidos Libertad Democrática Renovada (LIDER) y Patriota (PP), volvieron a las andadas y se amancebaron para impedir que la LEEP fuera modificada a fin de superar las fallas endémicas del sistema político vigente.

De esa cuenta, más que soberano, el pueblo es prisionero de las bandas criminales con franquicia política para controlar el Congreso, conducir el Ejecutivo y designar a las autoridades del Judicial. La podredumbre que caracteriza al sistema de partidos políticos ha contaminado y socavado todo el sistema del Estado y sus organismos.

De ahí que el cansancio ciudadano llame a nuevas iniciativas y acciones que provoquen una sacudida en el ambiente. Ese es el propósito de Brenda, la señora del sartén y de la voz altiva que se lanzó a un llamado para estimular la acción.

Desde el 14 de agosto a las 14, fecha emblemática en su vida familiar, arrancó un proceso de ayuno en el atrio de la Catedral Metropolitana. Flanqueada por los muros de la memoria que inspiró el obispo de la verdad, Juan José Gerardi, Brenda ha soportado sol, frío, lluvia, pero sobre todo hambre en el ayuno autoimpuesto. Es su forma de reclamar, de reclamarnos, una acción más decidida para no permitir que nuevas vidas sean arrebatadas por la voracidad de la violencia que se alimenta de la corrupción y de la impunidad.

El frágil cuerpo de Brenda, a quien el viernes decidió acompañar en el ayuno Gabriela, reciente la falta de alimento habitual. Su espíritu, por el contrario, se llena de la solidaridad a su alrededor, de la movilización de apoyo y agradecimiento a su gesto y sacrificio.

Con voz quebrada por la emoción y por el cansancio, Brenda responde que su gesto es un llamado, una invitación al movimiento, a no desmayar por transformar el sistema, a no creer que debemos continuar a ciegas por el sendero envenenado de la cita electoral.

En el #HambrePorelcambio de estas dos Mujeres de Guatemala, se refleja el hambre de cambio que siente toda Guatemala. Quienes conocemos a Brenda, sabemos que no dará marcha atrás en su decisión. Quienes le queremos, nos dolemos por su sacrificio que también le representa sufrimiento. De manera que, la mejor forma de atender su llamado es mantener el dedo en la llaga de la podrida clase política y reclamar, a voz en cuello, el cambio indispensable, así sea necesario detener las elecciones y buscar un gobierno de transición que recoja el consenso ciudadano.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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