Happy birthday mister Maldonado

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Cumplir 80 años no es cosa de todos los días, no lo es en un país como Guatemala en donde se mueren niños por hambre o cada día se les arranca la vida a 16 personas. Tampoco se puede llegar a esa edad como lo hace el señor Presidente de la República, con una engalanada y larga carrera política, llena de honores, de magistraturas, de aulas universitarias repletas de estudiantes creyentes y fervorosos, de diputaciones, candidaturas “a todo” y casi al atardecer de la vida -y por chiripazo de estar en el lugar correcto con la trayectoria de defensa de intereses deseable-, llegar a la vicepresidencia y presidencia de un país violento, conservador, racista, excluyente e injusto como Guatemala. Felicidades, señor Maldonado, no es poca cosa.

Si a Guatemala le tocara soplar las 80 velitas que usted tendrá en su pastel de hoy, seguramente pensaría en que este año fuera mejor: una velita para que las niñas solo jugaran en el patio de sus casas y preferiblemente chiviricuarta y no solo a ser mamás, otra por que haya suficiente oxígeno en los hospitales, o tal vez también para que todos tengan un salario que les permita comprar un pastel tan rico como el que su familia comerá en la casa en donde están reunidos , con todo lo que los rodea y que no les hace sentir necesidad de nada. Guatemala cerraría los ojos y ofrecería una velita por las familias del Cambray que perdieron a quienes querían por la negligencia de funcionarios públicos, dedicaría un soplo por los hombres y mujeres que se han fajado para que otros encuentren en la reivindicación de la vida y la dignidad la razón de las luchas. Apagaría otra por Rigoberto Juárez y una más por los defensores de derechos humanos que han sido amenazados, para que el miedo no gane terreno. Dejaría también las últimas candelitas para agradecer por los valientes como Marlon Denis García y por los ejemplos de resistencia como La Puya, pediría que fueran muchos más. No olvidaría anhelar que a nadie se le ocurra otra vez intentar siquiera subir de rango militar a un Jesús, manoseado tantas veces en una historia de sueños democráticos truncados. Cuando Guatemala apagara todas las luces de los años privilegiados que el señor Maldonado Aguirre ha vivido, pensaría en que quedaron muchos deseos por pedir.

Llega el Presidente a sus 80 primaveras, como bromean los señorones de su edad, confiados en que han vivido bien, intentando justificar su vida con los logros y los éxitos del camino andado. Pero tratar de revivir la sentencia del enemigo interno llamando “leninistas” a los críticos de sus decisiones, no es razón para la alegría. Tampoco se celebra la explotación de hombres y mujeres, que venderán su esfuerzo, su tiempo, su vida, por una miseria indigna, “un salario de superviviencia” que los encadenará a la pobreza  y que humilla a cualquiera. No hay gloria en ser recordado como una de las cortes más complacientes con los intereses de todos menos de la mayoría de guatemaltecos. Nadie se honra con exabruptos. No existe orgullo en el vulgar culto a la personalidad, tan pasado de moda. ¿Qué festejar cuando se es parte de una política cruel, egoísta y perversa que obliga a otros a vivir mal por decreto, sin opción?

Un pastel con 80 velitas y todo el tiempo para apagarlas, da chance para meditar. Happy birthday mister President.

 

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

1 comentario

  1. Alex Nájera on

    Me gusto la analogía de las velas y los deseos, me entristece la situación y me doy cuenta que pese a los intentos de tener una patria digna, siempre aparecen los que tienen lealtad perenne a los dueños de la finca.
    Espero que esta solo sea una idea gris que se pronto se borre y que no sea el preámbulo de las sorpresas que nos traerá el nuevo gobierno. Ah y si con esas ideas el sr. presidente se siente bien, pues entonces pasara un feliz cumpleaños.

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