¿Haría usted lo que hizo Tugce Albayrak?

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Se repite en todos lados, en países desarrollados, en países corruptos, en países religiosos a no más. Cualquier hombre puede ser “el hombre”, el que va caminando con traje y se ve todo galán, el compa de la organización de Derechos Humanos, el amigo de la universidad con el que compartimos tanto, el que está atendiéndote en el banco, el hombre que admiraste y el que llegaste a amar. Cualquiera, porque en el mundo si hay algo que se ha construido universalmente es el machismo. El éxito del machismo es colosal, poderoso, legitimado una y otra vez, hasta el cansancio o la muerte. Por ejemplo, la muerte de Tugce Albayrak a las afueras de un restaurante en Alemania.

La joven de 22 años, turca de familia, estaba comiendo en un local de comida rápida luego de salir a una fiesta con amigos. Escuchó gritos que provenían del baño, y encontró a tres hombres intentando violar, o abusando ya, a dos jóvenes, más pequeñas que ella. Logró que salieran de ahí pidiendo ayuda, pero afuera la estaban esperando para golpearla en la cabeza. Eso fue el 15 de noviembre, sus padres decidieron quitarle todo el equipo médico que la mantenía con vida el viernes pasado. Su coma duró dos semanas, hasta el día en que cumplía 23 años.

Veo las fotos de su funeral, en la pequeña localidad de Wächtersbach. Hubo vigilias en muchos lugares, cientos de personas se conmocionaron por la muerte de Tugce. Han pedido con más de 130 mil firmas que sea reconocida por el gobierno alemán por su gesto heroico. En las redes sociales de Alemania no se dejó de hablar de ella, del coraje que le costó la vida. Pienso en Guatemala. ¿Quién se atrevería a hacer algo así? ¿Usted, yo?

La violencia, el acoso, el abuso sexual está a la orden del día. Se ve siempre, en cualquier lugar. Pero algo nos detiene para no hablar, sean hombres o mujeres. Miedo a ser metiche, tal vez. Miedo al golpe, al grito, al “¿y a usted quién lo llamó?”. Nos quedamos quietos, impotentes, no sabemos qué decir al hombre que sabrosea a la mujer en la calle hasta atemorizarla, al amigo que se está pasando con la niña que crecieron, al jefe que va con el comentario de doble sentido y hace sentir incómoda a quién no puede responder porque es falta a la autoridad. Nadie dice nada y hay mucho que está pasando afuera y adentro de los espacios en los que nos movemos.

Decir, evidenciar, enfrentarse al violento, al acosador, al violador no es fácil, pero es necesario. Por lo visto, puede llevar consecuencias radicales, mortales. Es un acto transgresor, es un acto que va en contra del sistema de valores que sigue existiendo en nuestras sociedades. Es un acto infinitamente humano a ser reconocido.

Ojalá aprendamos de Tugce. Hoy prenderé una vela por ella en Guatemala.

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

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