Herta Müller: En tierras bajas

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En Latinoamérica el mercado del libro, el que contiene literatura, es pequeño, muy pequeño; por eso a las grandes editoriales no les interesa distribuir sus libros a estos países.  Si se agrega el poco o nulo conocimiento que de literatura tienen los libreros, el resultado es que existen escritores importantes cuyos libros difícilmente circulan en el tercer mundo.

La publicidad que se genera por la adjudicación del premio Nobel, cada año, da la oportunidad de descubrir, o redescubrir, a escritores que siempre han estado ahí.

Herta Müller ganó el premio Nobel en 2009. Nació en Nitzkydorf, Rumanía, en 1953; antes de serle otorgado su nombre no sonaba mucho por estos lares; por supuesto, sus libros no podían conseguirse.

Descendiente de suabos (inmigrantes alemanes y austriacos, que tenían como lengua materna la alemana, quienes se asentaron en la región conocida como el Banato, ubicada en la frontera entre Rumanía y Serbia), Müller es una escritora alemana de origen rumano, su obra está compuesta por más de veinte libros, de los que se han traducido al español menos de la mitad.  Hasta antes de serle adjudicado el Nobel era poco conocida en los países de habla hispana.

La primera parte de su vida sucedió en Rumanía, en donde vivió los años de la dictadura de Nicolae Ceauşescu. Su actitud hacia el sistema fue siempre de rechazo y no colaboración, por lo que sus primeros libros fueron publicados en versiones censuradas; las versiones completas fueron editadas años después en Alemania.

Sus años en Rumanía fueron de sobrevivencia, haciendo trabajos que nada tenían que ver con sus estudios de filología. Su oposición al régimen hizo que siempre estuviera bajo la lupa de las autoridades, por lo que fue interrogada en más de cincuenta ocasiones.

En 1987 salió hacia Alemania y situó su residencia en Berlín, desde ahí pudo desarrollar mejor su vocación de escritora.

Su visión, tanto de la vida, como de la literatura, la expresa en una entrevista que para la revista Crítica, publicación de la universidad autónoma de Puebla, realizara Carlos A. Aguilera. Herta dice: “La literatura es un espejo de la cotidianidad y, por ende, de la política. La política entra en la vida cotidiana y, aunque no se convierta precisamente en ésta, ella misma es ficción. Solo se puede escribir literatura a partir de lo vivido, de la experiencia. Por ejemplo, nunca he escrito sobre un interrogatorio de la policía secreta, pero después de haber pasado por cincuenta de éstos, sé de qué hablaría si lo hiciese. Por desgracia, las personas que han vivido bajo dictaduras han tenido que aprender de forma muy concreta que la literatura tiene que ver con la realidad y que tal vez, también, cumple una tarea, aunque no lo pretenda”.

En tierras bajas

Nacer y vivir en una región, de cualquier país, es un hecho fortuito; pero ese entorno es fundamental y define la forma de percibir la existencia.  Las vivencias de la niñez, de acuerdo a la sensibilidad de cada quien, se reflejan en la edad adulta, más cuando quien las describe es un escritor.

En 1982, un año que suena contemporáneo, Herta Müller publicó su primer libro: “En tierras bajas”, que contiene catorce relatos cortos y uno más largo, que da nombre al volumen; aun así, se trata de una pequeña publicación, que en la edición de “Punto de lectura”, en un formato un poco más pequeño de media carta, no llega a las doscientas páginas.

Los textos están ambientados en una aldea suaba, y están narrados desde la mirada de una niña.

Cada relato es un golpe a la sensibilidad.  En principio reflejan el asombro por el entorno bucólico y se resalta la magia que hay en las pequeñas cosas; pero la impresión inicial se rompe cuando interviene algún personaje adulto, entonces sucede una ruptura abrupta, que deriva hacia la pérdida de la inocencia.

Los cuentos van de lo tierno a lo violento, pero sin describir escenas grotescas, sin utilizar artificios; la voz infantil está bien lograda, es posible apreciarla a pesar de algunos defectos de la traducción. En la sencillez radica una de las mayores virtudes del libro.

“Desde que yo existo, los senos de mamá son flácidos, desde que yo existo, mamá está enferma de las piernas, desde que yo existo, mamá tiene el vientre caído, desde que yo existo, mamá tiene hemorroides y las pasa negras y gime en el retrete”.  Así habla la protagonista, con todo el desparpajo propio de la infancia, aquella edad en la que suele llamar a las cosas por su nombre, cuando no se tienen prejuicios.

En otros pasajes la niña admira una mariposa, queda fascinada por sus colores, sabe que antes fue oruga; pero de inmediato el abuelo le rompe el esquema, cuando le dice que deje de jugar con las mariposas, pues no sirven para nada.

De esa forma sucede con las flores lila, con el bicho que se le mete en la oreja, con las flores de acacia, con los pastelitos de arena; de todos ellos el abuelo siempre dice que al que al jugar con ellas, al comerlas, al contemplarlas, la gente se vuelve tonta.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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