Historia ridícula de Guatemala. Propuestas iniciales

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En el campo de la historiografía guatemalteca, pese a los meritorios esfuerzos de eruditos e instituciones que han producido un importante conocimiento en torno a distintos hechos, procesos y etapas de la historia del país, hay un inmenso vacío que se debe resaltar: los hechos ridículos que atraviesan de cabo a rabo la historia del país.

¿No es cierto que es necesaria una historia crítica, irónica e iconoclasta que nos permita deconstruir mitos, tradiciones, personajes y que, en definitiva, nos permita reír liberadoramente de tantas taras que todavía nos aquejan? Por supuesto que hay esfuerzos en este sentido (la realidad da para ello), pero falta hacer un empeño sistemático en el asunto.

Sin ir más lejos, la historia recientísima de la política guatemalteca tiene material para algunos cuantos trabajos. Se podría producir al menos un capítulo extenso con las metidas de pata de gobernantes (sin incluir diputados o ministros, ese sería otro). Tan sólo del año 2000 para acá podría coleccionarse las burradas que han dicho y hecho, entre otros insignes, Berger, Baldetti y Jimmy (que pareciera querer romper récord).

Pero también es necesario un análisis irónico de arraigadas costumbres autóctonas como “votar por el menos peor” que, elección tras elección, infaliblemente acaba en decepciones que, lo peor, lo peor, lo peor, parecen no enseñar nada a los votantes.

Sin ser especialista, otros campos que tienen potencial son los relativos a períodos históricos o hechos particulares (la muerte de Barrios es un ejemplo que valdría la pena destacar).

Otro tema sería, por mencionarlo un tanto al azar, las costumbres arquitectónicas locales que incluyen, sin ánimo de ser exhaustivo el busto del Dr. Baldizón colocado por el Dr. Baldizón allá en Petén, la estatua de un jocote marañón o la de Godzila en Huehuetenango. Material hay, lo que falta es el esfuerzo.

Además, la iniciativa no está exenta de ilustres precedentes. En otras latitudes, Umberto Eco comentaba en las intenciones que tenían de formar una “facultad de trivialidad comparada”. Claro, eso era porque los italianos tienen mucho más dinero y pueden darse el lujo de imaginar una facultad de tal naturaleza. Aquí más modestamente, se propone apenas una colección que según estimaciones iniciales podría tener unos 40 volúmenes.

Porque, ¿no tiene el país suficiente material para una Historia ridícula de Guatemala? El desafío a los especialistas ya está lanzado.[1]

[1] Los miembros del GEA (Grupo de Estudios del Almuerzo para los curiosos), empiezan a discutir la iniciativa que suscitó reacciones de interés en el seno del mismo (no menciono los nombres de los distinguidos integrantes e integrantas, por el bochorno que les puede causar ver su nombre apareciendo en un artículo sin las debidas referencias académicas).

 

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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