¿Humor o burla?

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¿Qué pasaría si se publicara esta semana en el periódico de mayor circulación en Guatemala, o en el medio de comunicación con mayor arraigo en la población, un suplemento de caricaturas en la que se satirice la religiosidad católica de los guatemaltecos, especialmente sobre la parafernalia en torno a la anual Semana Santa contrastada con la doble moral que practican los consternados cargadores de procesiones? Seguramente que el liderazgo eclesial emprendería un reclamo de su inconformidad con el coro en segunda voz de la cachurecada. Ahora bien, recordemos el meme que está circulando estos días en el que aparece la imagen compuesta de la vicepresidenta recibiendo de un cura la imposición de la ceniza en el acto tradicional que da inicio a la cuaresma, sin embargo ella aparece con el rostro manchado de cal evocando la supuesta agresión sufrida en el teatro nacional Miguel Angel Asturias hace poco más de un año.

Navegar en las agitadas aguas de la caricatura política en estos tiempos impone hacer frente a distintos desafíos; uno de ellos es delinear los márgenes angostos o ilusorios de la libertad de expresión, un tema que ya he abordado en otras ocasiones en http://elsalmon.org/libertad-de-expresion-s-a/ y en http://elsalmon.org/otros-significados-de-charlie-hebdo/. Otro de esos dilemas lo presenta el contenido, lo que hay en la frontera entre la burla y el humor, o entre el irrespeto y la provocación. Dicho factor a su vez está relacionado con la salud psicosocial de una sociedad que hace humor de sí misma y también con la coherencia de los valores que son material esencial del que están hechos los ciudadanos y sus prácticas políticas cotidianas.

De la misma forma como el chapín transita entre el sumiso “disculpe, no se preocupe” y el linchamiento desencarnado y desbordado de violencia, deambula entre la facilona –y muchas veces inocente– pinta de muros y la lluvia de memes desbocados en las redes sociales, que degluten a cualquiera que se ponga a tiro. Recuérdese la comidilla masiva de la que fue objeto aquel osado enamorado que pagó una valla para declararle su amor a la chica que le quitaba el sueño. El aporte del Filóchofo de Chacón no tuvo herederos y la caricatura de Fo de Alfredo Morales es tan fina y sutil que no todo el mundo la aprovecha, porque sus inteligentes provocaciones abordan la política cotidiana de la que nadie se quiere enterar. Junto con la desaparición de Crónica en su primera época se fue el “Guilletazo” de Guillermo Lorentzen, incluso la caricatura mordaz del “No nos tientes” casi se ha diluido con la auto-cooptación del movimiento estudiantil.

Esta es una sociedad que no ha aprendido a reírse de sí misma sino que se burla de los demás, y la medida que esa lógica se exacerba no construimos un sentido político, no nos politizamos. La caricatura, que se origina del italiano caricare e implica cargar o exagerar los rasgos o los elementos ilustrados para provocar no la risa sino la crítica y la posición o la reflexión política a través de la risa, ha tenido un pobre desarrollo por las paredes, tabloides o espacios públicos del país.

Aquellos aportes de caricaturistas señalados arriba casi son parte de un pasado que se borra; en el presente afloran otros pero de manera incipiente como el recién estrenado “Balcón de los muppets” de Quique Godoy en su programa radial sobre construcción de ciudadanía, aunque el primer programa rápidamente derivó en variaciones motivacionales en clave de “nos vemos en la cumbre” o de “yo asumo más”, frustrando lo que se estimaba que debía de ser un diálogo de dos invitados sobre la sátira y el humor de los guatemaltecos.

Otras honrosas excepciones lo son la tímida pero incisiva viñeta de Vicente Chapero a quien recomiendo seguir en esta publicación, y el personaje de Don Prospero Ventura que logra ironizar muy bien la política cotidiana aunque para mi gusto le falta un paso más para terminar de provocar la reflexión, porque se queda en la sombra cómoda del ja ja ja y del ji ji ji.

En resumen, la realidad de este país evoca una tremenda caricatura, pero aún no somos capaces ni de reírnos ni de dibujarla siendo nosotros sus principales personajes.

 

*Crédito de la ilustración https://flic.kr/p/qFCQPS

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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