Hundidos en patrio ardimiento

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Foto tomada de agn.com.gt

Al iniciar septiembre, la noción de lo patrio empieza a aparecerse en las calles en forma de banderas de todos los tamaños. Los vendedores ofrecen las pequeñas de escritorio; las infaltables para instalar en la ventana del auto; una de tamaño mediano como para exhibir en el balcón del apartamento; y las gran tamaño como para izar en un asta. Nadie le compra banderas al vendedor que casi desaparece entre tanto azul y blanco. Con seguridad el juramento que declamamos todos en la niñez en medio de acartonados actos cívicos, fue solo eso, un acto reflejo que con los años no se decantó en una devoción perdurable para que ondeara un pedazo de tela que no significa nada sobre una patria indigna.

En este mismo mes, la selección de Guatemala le ganaba por goleada a una isla pequeña del Caribe. Ya las posibilidades de ir a un mundial se habían diluido en medio del diluvio de debilidades de todo tipo del equipo nacional, al haber perdido (como siempre) en el torneo regional, que nos dejaba amparados a la última oportunidad,  una conjugación imposible: ganar a la isla por un diferencia de doce goles, y que el país del norte perdiera en su último juego. Aquel partido ya sin importancia, era celebrado como si estuviéramos ganando el pase al torneo mundial; locutores y afición celebraban como premio de consolación, los goles del Pescado Ruiz que rompían de esta manera un récord que nadie recordaba: número de anotaciones en eliminatorias al mundial. Concluía así la carrera de una estrella fugaz que nunca tuvo oportunidad en las grandes ligas del futbol porque no importa el brillo de sus cualidades incuestionables (el periodista deportivo de Costa Rica Antonio Alfaro opinó que el Pescado pudo haber sido tico y le hubiera ido mejor), sino un Estado que no es capaz de producir deporte federado en ligas, y sostenido en el tiempo.

Al empezar la semana pasada, las bandas de colegios e institutos se aprestaban a sus exhibiciones seudomilitares, como resabios de un pasado que está presente en el imaginario de muchos. Un entrevistado del programa radial A Primera Hora, justificaba su orgullo por la doctrina militar como ejemplo de sentido patrio, por la disciplina de ese cuerpo. Seguramente que se necesitó de ella para desarrollar un poder del Estado que mató a su población y que luego se pervirtió en corrupción y crimen organizado hasta el punto de producir a uno de sus hijos predilectos, hoy tras las rejas.

La sesión solemne en el Congreso de la República, no faltó como acto que abría oficialmente la celebración del Estado. Tres discursos, uno por cada poder estatal fueron el plato fuerte de esa mañana, precedidos por el ingreso de la bandera. La estampa era casi irrisoria: diputados sin legitimidad que cargan el pabellón nacional henchidos en un ardimiento seguramente falso.

Cada discurso espaciado por la fanfarria de una (no podía faltar) banda militar, fue escuchándose con la atención ligera de pocos diputados. Del primero, a cargo del liderazgo de la Justicia no se recuerda nada, fue simple e inmediato. Del segundo a cargo del Presidente Morales resaltaron sus argumentos que contradicen la historia, al atreverse a decir que el movimiento de independencia al final del siglo XIX fue de masas, y no uno de élites como sabemos, que se movilizaron por el oportunismo político. Con una mejor dicción y articulación de gestos, como las que desarrollan los actores, el Presidente Morales resaltaba el papel de las mujeres en aquella gesta. El último claro fue del Presidente Taracena; con una gesticulación plana, aprovechó para resignificar “lo patrio” como las nuevas tareas ciudadanas en el presente. Esa misma tarde el Presidente Morales trataba de justificar a través de mensaje televisado, que su propio hijo y su hermano, no eran sujetos de travesuras de corrupción. Concluyó su recado indicando que nadie era superior a la ley…

Por supuesto el caos se apoderó de las calles de la ciudad en la tarde del catorce. Al parecer 45 mil antorchas con todo y su grupo de niños y jóvenes en pequeñas maratones desde el Obelisco, emprendían su recorrido entre lluvia y un mar de autos hasta sus lugares de origen. Nadie se atreve a reconocer que esa actividad como expresión de patriotismo ha perdido total sentido y ha degenerado en una pulsión de la que muchos participan sin saber realmente por qué.

El diecisiete de septiembre, en pleno puente de asueto declarado por el Gobierno, en un bar del centro de la ciudad con pocos clientes, se ofrecían cubetazos de cerveza que incluían souvenirs patrios.

Urge despertar del sueño colonial de independencia y empezar una tarea descomunal pero esencial, implementar un Estado democrático para el bien común.

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Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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