Imágenes de un lago en mosaico

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Poéticamente hablando, los lagos son relacionados con ojos, ojos milenarios que han visto mucho antes de que nosotros estuviéramos acá, ojos inmensos que sin guiñar han visto no solo la superficie de nuestro mundo sino lo infinito del firmamento y lo misterioso del centro de nuestro planeta.

En nuestro país los lagos son importantes, quizá porque de alguna manera, al igual que el resto de nuestra geografía, son los únicos ganchos de los que el guatemalteco se sostiene para decir que Guatemala es un país bello, o por lo menos un país con materia prima para postales de turismo. Puede ser, lo cierto es que los lagos, así estén contaminados y al borde de la muerte, y en sus orillas alberguen todo tipo de dramas sociales, son de lo más elogiado de esta tierra.

Hace unas semanas, a través de Edgar Gonzáles, quien forma parte del proyecto “Infancia con futuro”, conocí la importante y conmovedora labor que hace este proyecto con los niños y jóvenes de las aldeas del Relleno, en el Lago de Amatitlán, área sumamente conflictiva y peligrosa en la que se han dedicado a facilitarles a los niños un contacto con la creación, el arte y la sensibilidad. Como consecuencia de estar al borde de la economía el país entero se ha convertido en un foco de violencia, pero hay lugares más complicados que otros, las aldeas del Relleno son un ejemplo de ello. La opción que llega a los niños y jóvenes, en favor de la creación, la imaginación, la libertad y la palabra se convierte entonces en una válvula de escape para la ira, el miedo, la imposibilidad…

El día que vi a Edgar llevaba un pequeño libro cartonero llamado Imágenes de un lago en mosaico, el libro contiene poemas escritos por los niños y adolescentes del área. Son poemas delirantes. Uno no puede leer esas palabras y quedar igual, esa válvula de escape ha sido efectiva; estos jóvenes han encontrado en el arte su manera de nombrar el mundo, un mundo que solloza desde el centro mismo de la locura. Monstruos, deformaciones, clautrofobias, vértigos, voces. Si este libro tuviera una forma me atrevería a decir que lo que más se le acerca es a un carrusel, cada poema es un personaje de ese carrusel, luego giran unos tras otro hasta que la realidad se ve como una deformación veloz e intensa.

La sensibilidad y el arte no aparecen en la paz, aparecen en la conmoción; no aparecen en la felicidad, casi siempre aparecen en la angustia, y este lugar fue el nido perfecto para que el arte germinara. En realidad la belleza se desborda en sí misma y se trasciende, algunos de los poemas dan miedo, vértigo, claustrofobia, otros una ternura inmensa, ya que evidencian que a través del lenguaje el escenario más hostil se llena de encanto. Los poemas de Imágenes de un lago en mosaico son extraños conjuros de la locura, la realidad no les basta, ven en el lago de Amatitlán un centro de formación de monstruos, traducen el miedo en verdaderos entes que rondan las calles y sus más internos miedos, han encontrado en el lenguaje la herramienta idónea para nombrar no solo el mundo evidente, sino el mundo de las sensaciones, es decir han encontrado la forma efectiva de hacer poesía, ese espacio en el que las fronteras de lo tangible y lo intangible existen sin reparo en un mismo espacio.

Este ejercicio poético me remitió inmediatamente al que hizo el imprescindible escritor Luis de Lión en 1983, cuando daba clases en una escuela pública de la zona ocho de esta capital. En 1983 había una guerra de la que el mismo Luis de Lión fue víctima cuando lo desaparecieron en 1984, pero en medio de esa guerra él estaba enseñándole a un grupo de niños a escribir poesía. A la fecha los poemas escritos por esos niños aún nos conmueven y nos traducen un encanto primigenio de la conciencia enfrentándose al mundo. De Lión logró traspasar la visión poética del mundo a esos niños y esos niños lo tradujeron con la sencillez y la pureza de las metáforas que nombraban el cielo, la calle, sus pasos, lo que tenían alrededor. Una intensa ternura invade las páginas de Una experiencia poética, título del libro que muchos años después se publicó en Editorial Cultura.

Pongo sobre la mesa estos dos procesos de escritura, de dos épocas, de dos momentos, de una guerra y una posguerra, porque creo que es necesario ver en estos niños lo que el arte significa en nuestro país, la capacidad que tiene de invocar a la ternura, cómo la palabra es capaz de trasladarse desde el horror hasta el estado primigenio del encanto en el pequeño y trascendental gesto de nombrar al mundo.

Con una guerra culminada, pero con una sociedad llena de patologías en constante lucha por sobrevivir como una criatura herida, nuestro pequeño país, este país arrugado que en cada surco guarda un drama, es evidente que también guarda una gran fuerza. El arte ha sido la evidencia de ello, Guatemala se ha traducido en su palabra, ha traspasado su delirio a la poesía, a la música, a la plástica. Sin ello quizá todo atisbo de futuro pareciera aún más complicado. El papel del artista en este país es vital pero es difícil de explicar, sobre todo cuando tenemos claro que es un país que tiene hambre, que está sumido en la desigualdad, que está condicionado a crecer orillado a la sobrevivencia, pero el arte, contrario a lo que se piensa, no discrimina el lugar del que surge, estos versos son evidencia de ello, son evidencia de como cualquier monstruo que surja de la profundidad de nuestros miedos y carencias, no se elimina pero se transforma.

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About Author

Carmen Lucía Alvarado

Poeta y editora. Fue miembro de los grupo Ritual y Metáfora con quiénes fue parte de la organización del Festival internacional de poesía de Quetzaltenango. Coordinó los espacios de discusión y diálogo Poesía para armar y Desarmable en el Centro Cultural de España en Guatemala. Fue subdirectora de la revista electrónica Luna Park y actualmente dirige el proyecto Catafixia Editorial. Coordinadora de la antología crítica El futuro empezó ayer, apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala (Unesco-Catafixia Editorial). Publicó los libros de poesía Imagen y semejanza (2010) y Poetas astronautas (2012).

1 comentario

  1. Carolina Martínez on

    Qué poemas más bellos. Estos poemas son un escudo y una lanza para estos niños. Mi gran admiración para quienes proponen y realizan tales proyectos. Saludos Carmen.

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