Infidelidad online

0

puertaDe los medios de comunicación
en este mundo sofisticado
con Internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el beso artesanal
que desde siempre comunica tanto.

Mario Benedetti

Por Olga Contreras

Típico día de muchas personas: levantarse, lavarse los dientes (sí, seguro…), si anda uno de humor pues le da los buenos días a la familia y ¡a encender la compu! (o chequear el BB o iPhone) y con un solo clic aparecen listos, prestos y dispuestos el grupo de amigos –viejos, nuevos, que ni siquiera hemos visto, cercanos, lejanos, extranjeros, nacionales– para todos los gustos, sabores y presupuestos. Vaya que han cambiado los tiempos. Antes para acceder a los amigos había que “tenerlos” físicamente, no estaban al alcance del mouse. Díganme vieja y anticuada pero no hay mejor forma de comunicarse que cara a cara, de frente; no hay sustituto para oír las diferentes tonalidades y matices de las voces, sino de qué forma podríamos entender al amigo, compartir su alegría o su pena. Con ver a los ojos hasta podemos descifrar mentiras o descubrir aquello que las palabras callan.

Pero la amistad virtual también es positiva: se van borrando distancias, se aprende mucho de las personas que van entrando en nuestras pantallas, se reencuentra uno con amistades que hace años no veía, podemos compartir en nanosegundos una alegría o ayudar en un problema. Lo negativo: pues por muy hi-fi que sea la cosa no podemos “ver” más allá y la pantalla aguanta con todo y le hace honor a su nombre: enmascara, oculta nuestros defectos, nuestras intenciones, aquellas verdades que no queremos mostrar. La foto del Facebook o del chat siempre es la más bonita, la más “posada” o divertida… no he visto a nadie que ponga una foto de sí mismo recién levantado, de goma, o llorando porque se siente solo a pesar de tener 1,256 amigos en su lista. Pongo en mi estado: “¡Qué día más increíble!” Y todos me felicitan, se alegran por mí, me dan 87 “likes”… cuando en realidad lo increíble de mi día fue que me despidieron, no por inepta sino porque mi imagen no es suficientemente fresca (¿acaso soy lechuga?); me asaltaron y cuando vieron que cargaba un celular viejito, encima me apalearon por pobretona y me entero de que mi marido me es infiel con alguien 25 años menor ¡su compañero del gimnasio! Sí, nadie creería mi día.

Amo las redes sociales, soy adicta a ellas y lo confieso sin empacho. Y para describir una de las tantas cosas que me gusta de ellas voy a usar una palabra de moda: diversidad. Puedo interactuar con personas de toda edad, sexo, religión, nivel educativo, orientación sexual. Y lo que es más, puedo o no estar de acuerdo con este o aquel a la vez, pues no hay censura y como todo es a través de una pantalla… La censura y la mesura en este caso vienen a converger en una línea borrosa, bastante elástica. La línea a veces se oculta, se nubla al calor de la conversación, se estira cual material maleable y muchas veces se rompe.

Voy al caso específico de los affairs virtuales a los que se meten personas que están casadas o en una relación estable de pareja…

¡Dichosos los solteros, de ellos serán las mieles del reino de la Internet sin culpa alguna! No sé qué es lo que nos atrae tanto a tener una relación cibernética pero ahí estamos puras palomillas atraídas sin voluntad hacia la luz que parará quemándonos inevitablemente.

Para definir las cosas debemos establecer primero las clases o tipos de relaciones virtuales más comunes: conversaciones impropias, cibersexo y affairs virtuales.

• Conversaciones impropias

Estas son las más leves de las infracciones. Más del 80 por ciento de las personas acepta haber tenido conversaciones que van más allá de la amistad, describiendo de forma más explícita gustos o fantasías sexuales. Es un juego que puede quedar ahí sin pasar a más o bien puede evolucionar y llegar a los que es conocido como cibersexo.

• Cibersexo

Edgar Gómez Cruz (2005) define el cibersexo como: “Una forma de sexo sin penetración ni contacto físico alguno, donde dos o más personas se transmiten mensajes explícitamente sexuales, mediante alguna forma de equipo comunicacional.” Se debate sobre si el cibersexo supone un tipo de infidelidad. Aunque no hay contacto físico, los críticos sostienen que las fuertes emociones que se experimentan pueden suponer una presión añadida sobre las relaciones de pareja, especialmente cuando el cibersexo culmina en un romance por Internet. Así como se han dado casos de compromisos matrimoniales a través de la computadora, también se han dado casos de divorcios provocados por el sexo virtual.

• Romance virtual hecho real

El romance virtual ya implica otro nivel de relación, pues las personas luego de haber pasado por tener conversaciones que los llevaron al cibersexo hacen planes para conocerse, se conocen y llevan a la vida real algo que era meramente virtual. Obviamente aquí ya aplica el término de infidelidad de lleno.

Traición o limbo cibernético

Vamos por pasos. Es debatible –bastante debatible– que se use el término infidelidad al hablar de un affair virtual, pues si la definición más aceptada de infidelidad es “la falta o rompimiento del respeto mutuo entre los miembros de una pareja, en particular al respeto y cumplimiento de un pacto, explícito o implícito, de exclusividad.” ¿Caemos en infidelidad si mantenemos conversaciones impropias con alguien que no está físicamente cerca? Sí y no.

Sí, desde el punto de vista puramente afectivo. Estamos confiando sentimientos, emociones, intenciones que deberían estar reservadas únicamente para la pareja.

No, porque por definición, solo hay una relación virtual no real.

“La penetración física es sexo, lo cual es algo muy superficial. Es algo animal. La penetración psicológica es más profunda, importante, hermosa. Es algo humano. Luego hay una tercera clase de penetración: cuando dos consciencias se encuentran, se funden, se fusionan. Eso es algo divino. A eso lo llamo amor.” Osho

Pero si tomamos la cita de Osho… los ciber-amantes están fregados. No nos vamos a ir puros abogados con sus tecnicismos, que si no hay penetración o contacto físico no hay infidelidad. Eso está como cuando Bill Clinton se defendió diciendo que la infidelidad no incluía el sexo oral… ¡POR FAVOR! Qué clase de cinismo. Y personalmente creo que es más peligrosa una infidelidad emocional que puede llevar a dos personas comprometidas a enamorarse.

La Academia Americana de Abogados Matrimoniales declara que Facebook es motivo en la actualidad de uno de cada cinco divorcios en Estados Unidos. La asociación reveló que 80 por ciento de las pruebas de infidelidad matrimonial que se presentan actualmente en casos de divorcio son muestras de interacción de los acusados de deslealtad en las redes sociales, pero

entre ellas destaca Facebook.

¿Por qué –Dios mío– por qué?

Son muchas las causas por las que las personas deciden entrar en una relación virtual, pero difieren bastante de los motivos que los llevan a involucrarse en un romance real, de carne y hueso.

• La monotonía puede ser la causa más común y la solución a la misma está al alcance del mouse. La sociedad moderna nos da una bandeja de beneficios, pero cada uno de ellos tiene un precio. Si sumamos rutina, con monotonía y soledad, no esperemos ver en el resultado otra cosa que números rojos.

• La soledad, la necesidad de querer compartir emociones, sentimientos, vivencias con personas que –por no conocernos con nuestros defectos reales– nos apoyan virtualmente, nos comprenden sin conocernos (paradójico ¿no?) y generalmente terminan diciéndonos lo que nosotros necesitamos o queremos oír. Yo puedo decir a través de la pantalla lo que se me dé mi real gana, y hay casos de personas que –desafiando toda ley física– juran y aseguran tener una gran “química”: vana ilusión diría yo, a menos que ya se conozcan personalmente. Podemos sentirnos arropados y seguros por la luz tenue de la computadora, lo que puede darnos el coraje para decir cosas que de otra forma no nos animaríamos.

• La creencia que si la relación es puramente virtual no conlleva infidelidad. Eso puede darle a la persona un falso sentido de seguridad de no estar infringiendo la ley. Puede que en el sentido literal de la palabra, no se esté llegando a una falta, pero como están involucrados los afectos, se ven mancilladas las lealtades que se espera existan entre una pareja.

• El anonimato que nos da la pantalla, no tener que exponerse físicamente ante otra persona, para que no vea nuestros defectos, inseguridades. Muchas personas tímidas se involucran en estos juegos pues la pantalla les da la seguridad que les hace falta en el trato personal.

• La falta de comunicación: sí, leyó bien… Es irónico, paradójico y parece un mal chiste pero las parejas modernas se comunican cada vez menos y a veces hasta se valen de los mensajitos y correos electrónicos para decirse lo necesario: que hay que recoger a los niños a tal hora, que la cena con los amigos es el jueves, que hay que cambiar los azulejos del baño. Una pregunta loca: ¿por qué no probamos tener una conversación triple equis con nuestra pareja? Mínimo nos llevaremos una sorpresa agradable, a la vez que aprenderemos más de los gustos o fantasías de nuestro gordo.

• La pura curiosidad de ver qué se siente estar en una posición prohibida, que resulta atractiva y con altos niveles de adrenalina para muchos. Las relaciones cibernéticas no conllevan peligros reales a simple vista, pero pueden convertirse en un problema de carne y hueso si la pareja se entera de las actividades cibernéticas secretas.

• Para poder realizar de forma anónima las fantasías sexuales que por creencias morales, sociales o religiosas no se pueden llevar a cabo. Uno en internet puede usar el sobrenombre Papiriki 80, lo que no sabe la otra persona es que el número 80 hace referencia a que tiene 80 años, 80 libras de sobrepeso, 80 entradas a un centro psiquiátrico o bien son 80mg de viagra los que necesita.

Al fin solos…

Ahora me pregunto ¿qué pasa cuando finalmente se conocen en persona? Pues puede ser que se lleven muy bien, hagan “clic” y se metan de lleno en un romance o bien se detesten, les caiga mal hasta el sonido de la voz, el acento, el olor, las mañas, la forma de masticar la comida… No es lo mismo verla venir que tenerla ya enfrente, reza el dicho.

Me están dando gato por liebre, pensó Susana al tener a su ciber-amante ya frente a ella. No tiene los ojos verdes, tal vez a la luz del sol de mediodía…y el abdomen de six-pack, más parece que tuviera dos doble litros. Me dijo que era consultor independiente, pero más bien creo que eso es sinónimo de desempleado profesional. ¿Será que me mintió en el chat’?

Cuando se decide cruzar esa línea entre la fantasía y la realidad, se debe estar preparado para justamente enfrentar la realidad, sea cual sea.

En conclusión, las ventajas de Internet y la era digital son innumerables y tanto peso ejercen en nuestra vida que no nos acordamos cómo era la vida antes del correo electrónico y Google. Pero en este caso la curiosidad sí que puede matar al gato y las personas con tendencias al “ojo alegre” pueden inclinarse al “tecleo alegre” sin considerar que las relaciones virtuales pueden hacer un daño bastante real y muy doloroso. ¿Vale la pena arriesgar nuestra vida real por unas líneas calientes en la pantalla? Esa es una pregunta que cada quien debe contestar.

Share.

About Author

Firma Invitada

Autores invitados y colaboradores en la página de El Salmón

Leave A Reply