Instantáneas escritas -1-

0

Casi las seis de la tarde, un día de septiembre. Cerca de un semáforo, calzada Mateo Flores, esquina del Motel Taj Mahal, un niño pide limosna.

Carros que vienen de Mixco, buscando la Calzada San Juan; otros de la calzada Roosevelt, camino hacia Mixco; motoristas hacen malabares, circulan en distintas direcciones.

Gente atravesando la calle, por las cuatro esquinas; una señora vende banderas, es el mes de la patria; personas vestidas de futbolistas salen de Parti-Do; trabajadores de maquila caminan buscando la Roosevelt, nadie mira al niño.

Una señora como de 38 años, vestida de pantalón de lona; blusa negra, de mangas que no le llegan al codo; pelo corto, tez morena clara; lleva puestas botas negras, de tacón puntiagudo; del hombro le cuelga una cartera.  Se para frente al niño, mete la mano en el bolsillo, saca una moneda, la pone en las manos del niño (quien la lleva a su bolsa), le da un abrazo, lo toma de las mejillas, le sonríe, mete una mano a la cartera, saca una bufanda negra con franjas blancas; la estira, la toma por los extremos, uno en cada mano; la pone en el cuello del niño, la acomoda; le dice unas palabras, casi al oído; vuelve a acomodar la bufanda, se aleja. Camina unos diez metros, se queda parada, voltea para ver al niño.

El niño se queda en el mismo lugar, acaricia la bufanda, como quien intenta ver si le talla; se la enrolla en el cuello, la desenrolla, sonríe.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

Leave A Reply