Instructivo breve para no matar al niño

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Es un hecho que los niños no vienen con el pan bajo el brazo y tampoco traen instructivo para que a los interesados en ser buenos padres se les facilite el trabajo. Y en este mundo desigual no todos tienen la oportunidad de nutrir y criar de forma adecuada a sus patojos. La mayoría debe enfrentarse a situaciones de extrema pobreza y ni siquiera pensar en que puedan consultar periódicamente a un pediatra para que los guíe en la tarea de lograr que los güiros crezcan sanos y fuertes. Pero entre las persona que han tenido la posibilidad de dar el salto hacia arriba de la línea de la pobreza existe bastante ignorancia y desidia en eso de ser mamá y papá.

Sin dejar de lado las posibilidades económicas de cada familia, hay muchos mitos y malas costumbres que se transmiten de generación en generación para la crianza de los patojos. Desde el mismo momento del nacimiento, cuando lo primero que se hace es ponerle al recién nacido algo de color rojo, para que no le hagan “ojo”, y mejor si la gente de “sangre pesada” no se acerca. Luego curar el “ojo” no es tan sencillo, porque pasarle un huevo crudo en todo el cuerpo puede no ser suficiente y luego habría que probar con un puño de pimientas gordas envueltas en un pañal de tela y después sumergir el huevo en un guacal con agua y dejarlo debajo de la cuna del niño y quemar las pimientas en fuego de leña o carbón y si el huevo da la impresión de estar cocido y las pimientas truenan fuerte es porque se pudo ahuyentar el “ojo”. Entonces mejor no arriesgarse. Lo cierto es que no es recomendable que muchas personas vean a un recién nacido, porque independientemente de si son pesados o no, los bebés son susceptibles de pescar cualquier virus oportunista y es fácil que se enfermen.

No soy pediatra, ni cosa parecida, pero las experiencias propias y el sentido común, además de seguir al pie de la letra las instrucciones de algún buen pediatra –y sobre todo, la manía de ser pretencioso–, hacen que algo se aprenda de ese fino arte de criar niños sanos y fuertes. Por eso me atrevo a escribir unos pocos tips que en algo pueden ayudar a los nuevos padres o a los reincidentes.

En principio hay que tener claro que los bebés lloran porque algo les molesta, sea que estén mojados, que tengan hambre, calor, frío, que algo les duela; en fin, no lloran por gusto, entonces no se deje llevar por el consejo de que es bueno dejarlos llorar un rato porque eso hace que se desarrollen los pulmones. Ante un llanto aparentemente espontáneo es necesario descartar posibilidades, como revisar que la ropa esté seca y que se le haya dado de comer al menos cada tres horas –cronometradas–, créame, vale la pena llevar ese control de tiempo.

Algo que ayuda a mantener cómodo al niño es el cambio recurrente del pañal –mientras más absorbentes sean mejor–. Un pañal que se ha usado más de tres horas se vuelve pesado y tiende a romperse y al final el bebito queda todo mojado y empieza la lloradera. “¿Qué tendrá, si acaba de comer, de plano no le sacaron bien el aire, o quizá tiene calor, es que solo en los brazos quiere estar, ya lo malacostumbraron?”, y así surgen toda clase de teorías, cuando lo que pasa es que el angelito tiene la ropa mojada.

Hacer que el niño saque el aire, que eructe pues, es de las cosas más importantes que existen en los primeros meses de vida. Un bebé que no saca el aire puede padecer cólicos tan severos que lo harán llorar durante horas. Y es algo sumamente sencillo, aunque muchos creen que es necesario obtener una maestría para aprender la técnica. Ahí tienen a los papás apoyando al retoño contra el hombro y dando palmadas en la espalda durante unos 15 minutos y lo que logran es cansarse y en el peor de los casos hacer que el bebé regurgite. La forma más sencilla de hacer que un niño saque el aire es sentarlo sobre una de las piernas del padre o la madre, procurando que las piernitas queden colgando y la espalda en posición erguida, como que estuviera sentado en una silla. Y no se tiene que hacer más, solo esperar unos 10 segundos, el “burp” surge como por arte de magia. Solo se debe adquirir la habilidad de sujetar correctamente la espalda y la cabeza.

El mayor enemigo de los padres es el cólico infantil, contra eso no hay más que un poco de Sertal, paciencia y el apapacho. Por eso es importante prevenirlo. Una de las causas más comunes del cólico infantil es el aire frío de las noches y la madrugada, lo que provoca congestión nasal y obliga a los bebés a respirar por la boca y a tragar el aire frío que de inmediato ocasiona el cólico. Muchas veces sucede porque los padres hacen que los niños duerman en la misma cama con ellos. Lo mejor es dejarlos a dormir en el “Moisés” o en la cuna y cubrirlos con una sábana algo gruesa, de manera que no quede ningún espacio sin tapar, eso hará que la misma respiración del pequeño haga circular aire caliente, manteniendo la temperatura adecuada y así el aire frío de la madrugada no se colará, por eso es importante cubrir todas las posibles entradas. No se preocupe, el niño no se asfixiará ahí adentro.

Acerca de la alimentación del neonato hay bastante desconocimiento, cuando es una de las cosas más sencillas; por supuesto, siempre que se tengan los recursos necesarios para que la leche no falte, tomando en cuenta que, en promedio, se consume un botecito cada dos o tres días. Aunque hay condiciones genéticas hereditarias que no se pueden obviar, en un alto porcentaje el que los guatemaltecos seamos “chiquitíos” se debe a la mala nutrición desde el vientre de la madre. Además de la lecha materna -que ojalá todas las mamás tuvieran en abundancia- si se tiene la posibilidad de dar alimento adecuado y suficiente al bebé, lo recomendable es darle de comer cada tres horas, sea pecho o pacha, y durante los primeros seis meses de vida, si la de la madre no es suficiente, solo leche de fórmula. No sucumba a los consejos de que es bueno darle agüita de esto o lo otro, porque ahí empieza la malnutrición. Recuerde, leche, solo leche, nada de inventar que ya se le puede dar papilla o que debe probar otros sabores.

Hay muchos otros tips que he aprendido, pero lo voy a dejar ahí por el momento, a ver si hay oportunidad de seguir después con este rollo, que surgió a raíz de que “el Cuete”, nuestro amigo salmón, también conocido como Alejandro Echeverría, se convirtió en padre primerizo.

 

(Debo aclarar que el título de esta nota me lo fusilé del nombre de un libro del maestro Víctor Muñoz, llamado: “Instructivo breve para matar al perro . Y otros relatos sobre la atribulada vida de Bernardo Santos”)

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. René Villatoro on

    Esos consejos son de tomarse en cuenta. Solo te comento que en todos estoy de acuerdo, menos en no dejar que mucha gente toque al niño o se acerque demasiado, con el argumento que pueden pescar una virus o bacteria y puedan enfermarse. La realidad es otra muy distinta. No hay que olvidar que el niño ha vivido durante nueve meses en el vientre de la madre y ha logrado, a través de ella, madurar bastante su sistema inmunológico, de manera que si se enfrenta a un bicho raro días después de nacer, no pasa nada, sus glóbulos blancos se lo despacharan en un decir Jesús. Además, la lactancia materna refuerza este sistema, de ahí la importancia vital que durante los primeros seis meses de vida de los críos, sean alimentados exclusivamente con leche materna, ya que solo en casos extraordinarios muy raros, las mamás no producen leche (1 en un millón). Aclaro, tampoco soy pediatra, pero si el padre de 3 chiquilines que al día de hoy, crecen fuertes y sanos, y fueron atacados no por enfermedades parasitarias, sino por el temible ojo, a ese, si hay que tenerle miedo, pues no hay leche que proteja a los bebés de tan insidioso mal…(jejeje)

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