Instrumentos de la muerte

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El círculo de la violencia en Guatemala no se detiene. La danza de la muerte continúa cobrando vidas a lo largo y ancho del territorio nacional. Hombres y mujeres, cuya vida productiva es truncada, caen víctimas de la criminalidad que se encuentra armada hasta los dientes. Para algunos, armarse es la solución. Para otras y otros, le pena de muerte, es decir, la violencia misma, es indispensable.

Ni una de ambas ideas ha sido exitosa contra la violencia. Esa que en Guatemala ha cobrado ya casi 500 muertes en menos de dos meses del 2017. Todas las vidas que se ha cobrado la escalada de violencia impactan en las familias, los círculos sociales, las comunidades de quienes mueren por efecto de la violencia.

De todas las vidas truncadas, 8 de cada 10 fueron arrebatadas por el uso de armas de fuego. Guatemala sigue siendo territorio armado. Cálculos conservadores estiman en un millón seiscientas mil las armas de fuego (legales e ilegales) en circulación. Según una investigación de la Universidad de Sidney, sobre la política internacional de armas de fuego, Guatemala está en  el sitio 41 de 178 países por número de armas de fuego por habitante. Según la entidad, hay 11.57 armas por cada cien personas.

La entidad Dirección General de Control de Armas y Municiones (Digecam), responsable de mantener el registro de armas en circulación, indica que hay un total de 537 mil 747 armas registradas. De estas, 383 mil 659 fueron registradas por el Departamento de Control de Armas y Municiones (DECAM), ente al cual sustituyó la Digecam. Esta última institución, indica que hay 68 mil 246 licencias para portar armas, de las cuales, el 38.65% son para personas residentes en el departamento de Guatemala.

La diferencia, abismal, entre el número de licencias y el número de armas registradas, obedece a que hay personas con un alto número de armas por permiso. Por ejemplo, tan solo en el departamento de Guatemala hay 56 mil con licencias para entre una y 3 armas, otras 166 que tienen registradas entre 11 y 20 armas de fuego, 620 con permiso para entre 21 y 50 armas, 17 con autorización para tener entre 51 y cien y, cinco personas con licencias para más de 101 armas de fuego. Además, según la Digecam hay 36 mil 59 personas cuyas licencias no están vigentes. Algo que no les afecta a menos que portaran el arma fuera de su vivienda pues, resulta que no hay multa o penalidad por no renovar el permiso para portar armas, una vez vencido.

Las armas de fuego, incluso las registradas o, importadas cuyo registro ha sido obtenido, suelen tener un uso impresionante entre la delincuencia. De acuerdo con un reporte publicado por Prensa Libre, una pistola Pietro Bereta, incautada en 2015, había sido utilizada en 47 crímenes. El dato lo proporcionó el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), que durante los procesos de evaluación o necropsia a víctimas de ataques con armas de fuego, había obtenido el registro de la misma.

Está claro que las armas de fuego cuya importación y circulación resulta relativamente cómoda en Guatemala, son la fuente principal de las muertes violentas. Pese a ello, las políticas de seguridad no se enfocan en reducir el número de armas de fuego en circulación. Las importaciones se mantienen en altos niveles en materia de pistolas o revólveres, así como escopetas y rifles de asalto.  Entre 2009 y 2016, se autorizó la importación de cien mil pistolas, 43 mil escopetas y cerca de 17 mil revólveres. Es decir, más de 150 mil armas de fuego.

La espiral de la muerte está arraigada en el negocio de las armas y en la falta de políticas para impedir su circulación libre. Para tener esperanza de vida como sociedad, necesitamos evitar que continúe la ola de armamentismo irracional. Necesitamos que las autoridades entiendan que a más armas, más muertes y violencia.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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