Interstellar

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El ser humano no siempre ha existido en la tierra y, por lo mismo, no siempre existirá. Quizá nunca nadie llegue a comprobar la anterior afirmación, porque el fin de los tiempos llegará algún día, pero no es posible predecirlo con certeza. Para quienes se aferran a la esperanza de trascender hacia otra vida, en la que todo será fluir de leche y miel, la destrucción del planeta sería el cumplimiento de la promesa divina.

Es obvio que el desarrollo de la civilización ha contribuido de forma decisiva al deterioro de la tierra, donde antes había ríos ahora hay tierras áridas. Pero más destructivo que el desarrollo ha sido la acumulación del gran capital, porque en el afán de generar enormes cantidades de dinero se ha sacrificado vidas y recursos naturales.

El cine ha mostrado muchas veces la proximidad de la destrucción de la humanidad y la lucha por preservarla. La mayoría de esas películas pertenecen al género de acción y ahí se le da mayor importancia a las explosiones y cataclismos, y pocas veces queda margen para la reflexión.

En “Interstellar”, el reciente trabajo de Christopher Nolan, la trama gira en torno a la búsqueda de soluciones que ayuden a salvar a la humanidad. Sucede que las condiciones para producir alimentos han desaparecido, al grado de que las tierras ya solo sirven para cultivar maíz; pero en un futuro cercano ni siquiera eso será posible. El planeta se está volviendo inhabitable y la extinción del ser humano es predecible. A la escasez de alimentos se agregan las continuas tormentas de polvo, entonces el panorama es desolador.

En ese mundo en ruinas vive Joseph Cooper con su familia. Interpretado por Matthew McConaughey, Cooper es un ex piloto de la NASA devenido en granjero, quien además de cultivar maíz se dedica a cazar drones, los que desarma para reutilizar las piezas en temas de sobrevivencia. La vida es dura y no hay muchas posibilidades de cambiar el rumbo, hasta que su hija descubre unos movimientos extraños que los llevan a ubicar una base secreta de la NASA en la que se está dando forma al plan que servirá para salvar a la humanidad. De ahí para adelante la trama deriva hacia una historia en la que se desarrollarán teorías científicas de la interpretación del tiempo y el espacio, y habrá viajes hacia otras galaxias.

El guión intenta estar apegado a hechos y suposiciones científicas, cosa que no es lo más importante, porque desde que se trata de una película, y no un documental, todo es ficción –ciencia ficción en este caso– y ahí hay licencias para inventar, siempre y cuando no se trate de un completo disparate.

En la parte técnica la cinta está construida al más alto nivel y es un espectáculo visual. Quizá solo desmerece un poco la atronadora música de Hans Zimmer, que eleva el volumen en determinados momentos como para decirle al espectador en donde debe emocionarse. Por lo demás, la dirección de arte, la cinematografía y la edición fílmica –a pesar de sus 169 minutosde duración– están bien logradas.

El filme flaquea en la propuesta filosófica del director, la parte más importante, porque elabora un discurso en el que el amor es el principio y final de todo y lo presenta como la tabla de salvación de la humanidad. Nolan se arriesga a hablar del amor en sus distintas manifestaciones y convierte la epopeya espacial en un pretexto para elaborar una tesis en la que el hombre debe redescubrir que amando al prójimo puede escapar a la autodestrucción. Por supuesto que no se trata de un discurso de fácil elaboración, pero el tono es en extremo idealista, porque en la vida real es imposible pensar en que un gobierno o una corporación invierta millones para salvar a la humanidad; quizá se salvarían ellos y quienes puedan pagar, pero creer que Estados Unidos como país tiene el genuino deseo de no permitir que la humanidad se extinga es ser demasiado optimista y cursi. Esa clase de planteamiento está bien para películas como Armagedón, pero no para un director serio como Nolan, quien hasta en la trilogía de Batman demostró que su forma de pensar es oscura, por eso extraña que ahora salga con una trama edulcorada.

A pesar de los fallos del guión, los actores hacen un trabajo de gran nivel. McConaughey demuestra de nuevo que se convirtió en un gran actor, incluso su acento y su forma de hablar arrastrando las palabras corresponden a la construcción de un personaje que lucha por sobrevivir; es impresionante su expresión facial y corporal en esa secuencia en la que lee mensajes de su familia. En el reparto hay que destacar a Jessica Chastain, quien interpreta a Murph, la hija de Cooper, ella construye un personaje que transmite los distintos estados de ánimo que le provocan las frustraciones y el abandono y la alegría. Completan el reparto Michael Caine y Anne Hathaway, ambos con menos minutos en pantalla, pero consiguen sólidas actuaciones.

“Interstellar” es un filme que remite, inevitablemente, a “2001: A Space Odyssey”, una de las obras maestras de Stanley Kubrick, pero pierde por mucho en la comparación, porque el mérito principal de “2001” es la profundidad del guión.

Aunque la cinta de Christopher Nolan se queda corta en su discurso narrativo –que también da para distintas lecturas por parte del espectador–, la parte visual y las actuaciones hacen que valga la pena verla. Calificación 7/10.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

2 comentarios

  1. Precisamente estaba leyendo muchas críticas en las que se compara a Interstellar con 2001: ASO, y me da pena no haber visto aún la segunda aunque ya vi el tráiler, leí el plot y toda la vaina. Me queda la impresión de que me voy a decepcionar mucho de Interstellar luego de ver la de Stanley Kubrick, sobre todo por el tema del guion, algo a lo que yo le pondero más que a lo visual, el riesgo en la propuesta y la musicalización, que hasta en eso último 2001 nos dejó un tema icónico para toda la vida.

    En fin, dejando de lado la comparación, también creo que el punto aquí es el hecho de que en Interstellar pudimos tener un pincelazo gráfico de la teoría de la relatividad de Einstein y cómo tiene el poder de alterar nuestro paso por la vida. Si se asocia con los fenómenos paranormales que ni la ciencia puede explicar ni la religión puede dejar de validar como la manifestación de ángeles y demonios, todo cobra mucho sentido. Creo que otra forma de ver el mensaje es que al final no necesitamos de Dios para fortalecer los lazos fraternales que nos definen como humanos, que tenemos que aprender a vivir con nuestras decisiones.

    En cierta manera, cuando el Dr. Brand revela sus verdaderas intenciones, creo que deja en evidencia lo que usted menciona sobre que ningún gobierno va a buscar la salvación de todo el mundo, y se agudiza cuando Mann ejecuta su plan de regresar a la tierra por lo cual tiene que matar a Cooper (podría solo haberlo dicho sin matar a nadie, fallo del guion), así que al final vemos cómo una decisión individual se termina convirtiendo en la salvación de todos. No fue un plan de la NASA que Cooper entrara en Gargantúa.

    Al final, nadie gana y nadie pierde. Somos tan buenos como malos. Y eso es a lo que juegan con nosotros quienes nos controlan, seamos nosotros mismos en una especie evolucionada o no.

    • Fernando Ramos
      Fernando Ramos on

      Lo bueno de la película es que, a pesar de todo, el guión da para diferentes interpretaciones y deja pensando al espectador. Me gusta tu lectura de la película.

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