Jimmy, o los conservadores nos tienen miedo

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Ronalth OchaetaComo antesala de este artículo, inicio con una frase célebre del conservador Michael Oakeshott:

“Ser conservador consiste, (…) en preferir lo familiar a lo desconocido, lo contrastado a lo no probado, los hechos al misterio, lo real a lo posible, lo limitado a lo ilimitado,lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo superabundante, lo conveniente a lo perfecto, la felicidad presente a la dicha utópica.”[i]

Oakeshott fue uno de los intelectuales más lúcidos del conservadurismo contemporáneo. Con estilo y propiedad categorizó al conservador actual; haciendo la siguiente distinción: el conservador contemporáneo se escuda en la Política de la fe (en la creencia de que el ser humano es bondadoso por naturaleza y está permanentemente en la búsqueda de la verdad; es benevolente, biempensante y actúa desde el plano de los valores y creencias, llevando su práctica su acción política vía la Política del escepticismo (esta es la acción y necesidad de comprensión de los puntos de vista pero no necesariamente compartir o validar la diversidad de puntos de vista, es preferible lo viejo conocido que lo nuevo por conocer).

En lo personal me encanta Oakeshott, da líneas interesantes de comprensión en como la ortodoxia liberal y conservadora que comparten mucho en común, incluso conecta con las ideologías de  izquierda ortodoxas que comparten sin querer rasgos comunes entre sus enemigos ideológicos; pues justamente la idea de “fe” de Oakeshott no necesariamente tiene que ver con valores religiosos, sino con las posiciones ideológicas que se dogmatizan y ambos comparten la política de los escépticos, debido a que inherentemente vilipendian y obstruyen cambios que nacen en las nuevas generaciones y satirizan nuevas formas de pensar y comprender el mundo.

¿A qué viene Oakeshott en la coyuntura y realidad guatemalteca?

Jimmy Morales es el tipo de conservador con el que probablemente Oakeshott estaría cómodo para que fuera gobernante, salvo que Oakeshott prefería a viejos políticos por la sabiduría que da la experiencia y no por la creencia judeocristiana que sostiene que la sabiduría la da esa cercanía con Dios. Esta inclinación religiosa de sabiduría es mágica y no necesariamente positiva cuando hablamos de política. Jimmy Morales no es el único ejemplo conservador, lo hemos tenido cerca con Serrano Elías o Ríos Montt en el poder, y el gen conservador que llevamos los guatemaltecos nos traiciona siempre. En síntesis, a los chapines nos gusta ser conservadores y buscamos siempre líderes conservadores  y parte de nuestro problema es la ciega creencia en la política de la fe.

Oakeshott odiaba a los nuevos políticos, porque representaban cambios a lo tradicional. Sin embargo, dado el stress institucional de status quo que se ha vivido desde el 25 de abril de 2015, no es casualidad que los conservadores cierren filas, realicen respectivos reajustes y fluya de nuevo la liquidez del poder para que el establishment aceite la maquinaría y hacer que la ira de las protestas se diluyan y pierdan sentido en el horizonte durante el 2016. El primer acto es cerrar filas en la opinión pública tradicional. Observamos cambios editoriales en El Periódico y Prensa Libre, progresivamente serán otros medios de comunicación tradicional que cerrarán vitrinas de debate público, y no es casualidad el cierre de columnas de opinión o programas de corte liberal progresista vayan cerrando, contrario a lo que piensa y cree el establisment, están cometiendo un asalto a mano armada a la libertad de expresión. En un segundo acto, salen a la palestra líderes religiosos, empresariales y de organizaciones sociales conservadoras en la defensa de Jimmy Morales, ellos buscan allanarle el camino y blindarlo de la crítica. En un tercer acto, que está por venir, los conservadores aplicarán toda su maquinara a favor la política del escepticismo, lo que implica un quiebre sobre la concepción de las ideas fundamentales sobre libertad y democracia que han venido erigiéndose durante los últimos 30 años en el país. Jimmy Morales y el establisment arderán en Troya de los protestantes durante el próximo año, su caída será inevitable y las apuestas ya están corriendo.

En resumen, los conservadores hoy tienen más miedo que nunca; Jimmy Morales les fallará.

Conversaba con un colega politólogo conservador y me hacia la siguiente observación: “1) Sabemos que necesitamos cambios institucionales fuertes, pero democratizar la política no necesariamente es bueno, dado que los de abajo querrán gobernar a los de arriba. 2) Los de arriba, queremos cambios controlados y graduales, no podemos darnos el lujo de perder privilegios que nos hemos ganado históricamente; es importante compartir el pastel pero queremos garantías en  administrar la cosa pública antes de hacer concesiones.”

Mi respuesta fue un tanto escéptica y le respondo:

“Winston Churchill ganó la 2da. Guerra Mundial, pero perdió las elecciones pasada la guerra frente a Clement Attlee y la ganaron los laboristas, esos comunistas que tanto miedo tienen ustedes inventaron el Estado de Bienestar y cimentaron las bases del capitalismo moderno, que luego ustedes desmantelaron con Reagan y Thatcher, y ese Estado de Bienestar que tanto odian ha sido el invento de ingeniería social más eficiente para generar riqueza y bienestar, y te advierto: los cambios se dan por necesidades generacionales y sociales, no por intereses estamentales.”

Sí fuere asesor político del CACIF o de los grupos conservadores del país, les diría que la cosa más inteligente es dejar la política “Ser” y preparar terreno para hacer concesiones y sobrevivir para el futuro. Una reforma política profunda traerá más beneficios de rentabilidad económica y des-capturar las instituciones, traerá certeza jurídica, cumplimiento del Estado de Derecho y mayor crecimiento económico, traerá más competencia y mayores oportunidades para todos. Los cambios a la Ley Electoral y de Partidos Políticos significa que personas de mi generación formadas bajo otros paradigmas y muchas de ellas ya formadas en el extranjero, tienen una visión más acorde a los tiempos actuales que implícitamente son necesidad vital para la sobrevivencia y transformación del país, incluso de beneficio para la sobrevivencia del propio status quo.

En conclusión, es difícil para los conservadores abandonar la idea de poder discrecional y privilegios; por lo tanto, no abandonar la corrupción y aferrarse con Jimmy Morales es de ingenuos. Si fuera conservador aplicaría las últimas palabras de la frase de Oakeshott, al inicio de éste artículo:

“Ser conservador consiste, (…)  en preferir…lo suficiente a lo superabundante, lo conveniente a lo perfecto, la felicidad presente a la dicha utópica.”

[i]       Consulta  web: 05/12/2015 http://www.alcoberro.info/planes/conservadorisme3.html

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