La alegría de los lapiceros

0

¿Qué cuerdas nos tocan los pequeños objetos cotidianos? ¿Cuál es el proceso por el que se establecen conexiones extrañas? ¿Cómo un humilde lapicero nos traslada a la infancia? Cualquiera puede dar ejemplos de pequeños objetos que nos despiertan historias curiosas, alegres, tristes, de repente insospechadas, de nuestro pasado. Al momento todavía no sé bien por qué, pero los lapiceros me ponen contento.

Tengo una relación curiosa con los lapiceros que no es la misma que tengo con otros objetos. Por ejemplo, soy bibliófilo y sin alardes, lo que más he acumulado en la vida (además de dolores y otras cosas intangibles) son libros. Ya tengo una regular biblioteca que resulta omnipresente donde habito. Y tengo una relación perdurable con esas criaturas que dormitan a la espera de que las abra y lea.

En cambio, con los lapiceros no. Me encanta cargar varios lapiceros en la mochila. Y me pone muy contento comprarlos. Antes compraba los paquetitos de a tres. Ahora no, ahora los compro según los necesito. Pero los vivo perdiendo.

Cada tanto tengo que conseguir, comprar, adquirir, prestar, birlar, tomar algún lapicero porque me quedo sin ellos. O se me pierden o se me arruinan. De pequeño traigo la tara de chuparlos o morderlos (parte de mi fijación oral). Si alguien me presta un lapicero me puede poner en aprietos porque debo desensalivarlo con disimulo para poder darlo.

No es una relación de exclusiva posesión, porque ya dije, los pierdo o los arruino. Es más bien el gusto de verlos y de usarlos. Todavía pertenezco a una generación para la cual escribir a mano es parte de una segunda naturaleza. Lo cual, pese a las arqueadas de ojos de las generaciones digitales no es tan malo como se escucha. Por ejemplo, hace poco hablaba con una doctora en psicología y me señalaba que el escribir a mano implica mayor comprensión que tomar notas en computadora.

Con la computadora se puede escribir más rápido, por supuesto. Pero al escribir a mano, hay una fijación y una interpretación mayor de lo que se va escuchando que al tomar notas con la computadora. Hagan el ejercicio y verán.

Pero volviendo a los recuerdos de los lapiceros… ahora rememoro que cuando era pequeño tenía que cuidar mucho de lapiceros, lápices y crayones. Mi mamá no andaba para comprar a cada rato. Si perdía alguna cosa era una pequeña tragedia para el escaso presupuesto. Al final, haciendo malabares los conseguía, pero era ponerla en aprietos. ¿Por ahí vendrá alguna conexión?

En todo caso, hoy los lapiceros me ponen contento. Y mientras escribo estas líneas, sonrío, mordiendo levemente un lapicero azul.

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

Leave A Reply