La aspiración democrática

0

¿Para qué sirve votar? o ¿por qué votar?. En potreros medievales como este, la evidencia arroja que no hay utilidad efectiva, no hay beneficio inmediato o evolución progresiva en la dimensión púbica de la vida ciudadana. Es más, la relación costo del voto (US$11.0 cada uno, siendo el más alto de Latinoamérica) sobre algún beneficio es negativa, pues a cambio no hay reflejo evidente en servicios públicos o en calidad de la vida en general. Entonces vuelvo a preguntar, ¿para qué sirve votar?.

Seguramente la pregunta puede revestir un reduccionismo impertinente, lo cual es un riesgo por la terrible consecuencia que se puede desatar en la moral del individuo que lo asuma de esta manera, arrojando una respuesta innecesaria e igualmente reducida; por ejemplo, el que se vea agredido en su moral cívica. Obviamente que el acto de votar como acción última y procedimental del sistema hegemonizante, es parte de un entramado que edificó poderosas instituciones, subsistemas, leyes y una ética que trata de darle coherencia a otro sistema mayor que pasó de regir las relaciones de producción a tutelar las relaciones.

El entramado que teje las grandes hebras de la sociedad con las finas en el entorno más cercano del individuo, vamos a decir ciudadano, forman parte naturalmente de una sola alfombra de la cual uno no es consciente necesariamente del otro. En el acto de votar no se asume necesariamente la conciencia de las complejidades desatadas por la lucha que ocasiona el poder; lo que sí hay es una inercia asegurada por un acto colectivizado en el tiempo, que a veces entona contenido politizado y otras veces no.

Pensémoslo de otra forma, la plenitud o la inconformidad que nos aporta el entorno inmediato a cada persona, es decir la familia, lo que comemos, lo que consumimos, o las relaciones laborales, nos demuestran de manera casi inmediata una lógica política. Es claro que la relación de poder que establecemos en la familia, dibuja ya una forma de ejercer influencia, sin embargo es mucho más complejo desatar o comprender desde la condición de ciudadanos, los significados de la edificación más grande que implica mercados, guerras, luchas transfronterizas, derechos humanos, instituciones supranacionales y nacionales, consumo masivo; todo esto y a pesar de la cantidad de símbolos que connotan estos elementos mayores.

Ahora bien, considérese el rol de un Estado en el desarrollo de al menos los siguientes escenarios de un país ficticio: i. el contexto de un mercado de alta competividad en el que el Estado regula y protege de los monopolios. ii. un ciudadano que pierde el trabajo y debe ser subsidiado pro el Estado para no perder la vivienda y poder subsistir. iii. Los partidos políticos que se ven financiados plenamente por los recursos públicos derivados de la explotación del espacio radioeléctrico, evitando el financiamiento privado; iv. El mundo de familiares de víctimas de un genocidio de un conflicto antiguo en ese país, que se ven resarcidas por el Estado.

Como se ve, el mismo Estado cumple el papel de subsidio, regulador, jurisdiccional, y financiador. El ciudadano como sujeto dinamiza la condición del objeto que puede ser el Estado por la significación que aquel le imprime; el objeto entonces se vuelve sujeto y viceversa porque son esencialmente relación social. En contextos en los que no se logró el desarrollo de la edificación más grande que es el Estado, el individuo deambula en su propio albedrío, no se ha desarrollado la condición primordial de la democracia, que hayan demócratas, y aquellos individuos no han logrado ser ciudadanos porque estos mismos no lograron desarrollar el Estado. En tal sentido la aspiración democrática es solo eso….

El análisis anterior es una digresión de una crítica mayor a la legitimidad del sistema democrático en sí mismo. Este paréntesis trata en todo caso de revelar la imposibilidad de una red de vasos comunicantes entre sistema e individuo cuando no se haya desarrollado la condición de Estado.

Share.

About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

Leave A Reply