La banda sonora de la vida: descanse en paz Juan Gabriel

2

Con la edad el gusto musical puede variar. En mi caso crecí siendo evangélico y cantaba himnos y coritos que todavía suenan en mi mente, hay un arreglo musical del salmo 150 que me parece maravilloso, porque es claro exponente de la polifonía, además interpreta exactamente el ritmo festivo del texto. Aunque asistía a la iglesia, siempre me gustó la música “del mundo”, diría mi mamá. En mi adolescencia estuve expuesto a toda clase de música en español y en inglés. Los cuates de la cuadra sacaban sus grabadoras y cassettes con canciones que “copiaban” de la radio: pop, rock, balada, salsa, marimba, cumbia, banda, rancheras, metal, hip hop; cada uno tenía sus gustos y en su respectivo turno ponía la música de su predilección.

Dejé los asuntos religiosos siendo todavía veinteañero, hace mucho. Mi gusto por la música varió radicalmente, pero sigo evocando las canciones que acompañaron mi infancia, adolescencia y juventud.

Las canciones que se escuchan se van integrando a la banda sonora de la vida. Los cantantes populares irremediablemente se vuelven referentes de una época, como Michael Jackson, por ejemplo.

Uno de los mayores referentes de mi adolescencia fue Juan Gabriel, sus canciones sonaban de forma constante en todos los radio receptores; no digamos en la rockola de la cafetería que había a la par de la casa, se programaba con cinco centavos. El divo de Juárez, junto a Camilo Sesto, Miguel Gallardo, y otros baladistas, eran parte de la banda sonora de la época. Sus canciones tronaban fuerte cuando de lidiar con el despecho y el desamor de juventud se trataba. Yo siempre fui algo lento en esos trotes, pero los cuates eran pilas para encontrar y perder pareja, por eso también llegaron primero a las chelas y al rechazo, las que acompañaban con temas como aquel que dice: “Que encuentres cariño y todo el amor que yo jamás te pude dar, tú que eres tan buena mereces ternura y cariño, yo tuve la culpa de todo no supe tu amor aquilatar, merezco tu olvido y tu ausencia ya nunca tendré más tu amor”. Les juro que había cuates que lloraban poniendo una y otra vez esa canción.

No soy de los que no pueden vivir sin audífonos, escuchando música, de hecho cuando uso solo me pongo uno; quizá porque me gusta oír lo que sucede a mi alrededor, metiche que es uno. Tampoco soy de los que hacen “play list”, pero la música da vuelta de manera recurrente en mi memoria y hay muchas canciones que me refieren a momentos específicos de la vida.

Nunca fui a un concierto de Juan Gabriel y no tenía la intención de ir, tampoco soy de los que buscan en internet o en las aplicaciones la música del cantante mexicano; pero su muerte me conmueve porque fue parte de esa época en la que suceden la mayoría de los eventos que se recuerdan para toda la vida. Además, Alberto Aguilera Valadez, su nombre de pila, es uno de los mayores exponentes de la música popular mexicana, quizá solo superado por el genial José Alfredo Jiménez, aunque será la historia la que dé el sitio a cada cual.

Juan Gabriel es ya una leyenda. Su comportamiento en el escenario y su talento marcaron toda una época. Rompió esquemas allá donde la rigidez era la norma, triunfó y se convirtió en ícono. Descanse en paz.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

2 comentarios

  1. Gloria Hernández on

    Me encanta la relación que haces de la banda sonora juangabrieliana de la vida de muchos latinoamericanos. Ya no nos gusta, es cierto, pero cuánto la escuchamos por doquier… Un beso,

  2. René Villatoro on

    No lo se, pero ahora como que todos son fanáticos de la música de Juan Gabriel. Cuando en vida, muchos de mis conocidos hacían una mueca al escuchar una canción interpretada por él, ahora cantan loas al “Divo de Juárez”. Quizás se trate de su sexualidad bastante ambigua, lo cual en sociedades machistas como la nuestra, no se perdona. En fin, que descanse en paz, coincido en que en vida, ya era leyenda.

Leave A Reply