La cédula

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Ya no es la finca “La Palma” de Estrada Cabrera y en donde, dicen las malas lenguas, se refugiará cuando estaba a punto de ser derrocado. Luego se repartió en lotes, y se fundó el Barrio la Palmita. Mucho tiempo ha pasado de eso, el mercado de La Palmita ha cambiado. Ahí íbamos siempre con mis papás, los sábados. Mi mamá me llevaba a terapia del habla muy cerca del mercado, pasa que una no sepa pronunciar la r de primas a primeras. Frente al novicentro tomábamos el ruletero, aquellos buses paches, viejos, pintados de blanco con morado que era del tiempo de cuando todavía se daba boleto de papel periódico. Regresábamos a mi casa en Jardines de la Asunción Sur después de pasar por el Parque Navidad, rodeado de casas con techos de dos aguas, una puerta y dos ventanas, pintadas todas de colores diferentes. Alguien me dijo alguna vez que esas fueron casas construidas en el tiempo de la Primavera  y que luego se repartieron a trabajadores.

En ese mismo mercado me tomaron la foto para las moribundas cédulas. Iba vestida con una falda morada larga (muy fea, pero me encantaba) y una blusa blanca, pero para parecer formal llevaba un saco, el único que he tenido en toda mi vida. Me amarré el poco pelo en una diminuta cola y me senté en el banco. El fotógrafo me dijo que tenía que salir seria, tan serio como él.

-¿Seguro que no puedo sonreír?

-Seguro. Mire todas las fotos que están enmarcadas. Así lo pide la municipalidad.

– …

-­Bueno, pero si se va a reír, ríase bien.

El fotógrafo me hizo reír, y me hizo reír tan bien que no lo pude ocultar. A los días regresé a Foto Palmita, para sacar de un sobrecito blanco unas cuantas fotos. Hoy la única que conservo es la que está en mi inservible cédula. En la que a simple vista me describieron como una mujer morena clara, con ojos cafés, cabello negro. En donde quedaron claras tres cosas: que tenía un arete en la nariz, y que hasta 2011 fui una buena ciudadana que creía en las elecciones y en el valor del voto. Lo que mantengo firme hoy por hoy, es el arete en la nariz.

Tengo años de no ir al mercado. En 14 lustros un mercado cambia. Ya no está la “Foto Palmita”, ni la librería vecina de la que guardo muchos recuerdos y algunos libros para niños. Ahora han reacomodado el lugar para crear varios locales comerciales.

Hace ya diez años que me tomé esa foto para mi cédula.

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

3 comentarios

  1. Entonces todo era más sencillo, Gabriela, más “humano”. Tengo recuerdos similares, y aún me pregunto cómo nos dejamos llevar, “globalmente”, por esas oleadas de cambio, no necesariamente para bien. Una pregunta propicia sería, ¿Cumplía mejor con su función la Cédula de Vencidad, que el actual DPI? Personalmente, me sorprendió que nadie exigiera una legitimación social del nuevo documento, exponiendo sus ventajas y desventajas, sino que, “en aras de la modernidad”, todos corrimos a obtener nuestro nuevo, refulgente, moderno y biométrico plástico. Sería importante investigar y publicar los intensos debates y sesudos estudios que se han hecho en otros países, respecto a los documentos de identificación que llevan inserto un chip; no está de más mencionar que muchas de esas investigaciones han concluído que los documentos biométricos constituyen una de las más flagrantes y astutas violaciones a los derechos fundamentales de la persona.
    Pero, en la era de las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la digitalización de cualquier cachivache… ¿cómo seguir utilizando esa vieja y amarillenta libreta, con la aburrida caligrafía del funcionario de turno? ¿Qué diría Steve Jobs? ¡En fin!

  2. Guapa,.. esto me recordó una canción de bon jovi (these days)… pero al final, “se sobrevive a la nostalgia”..sino un café, una cerveza o cualquier aliciente es bueno, para tranquilizar la memoria (con dosis elevadas si es nostalgia de desamor, que no es este caso)… pero bueno.. saludos.

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