La conspiración de la impunidad

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En medios periodísticos se filtró la intención de la perversidad por crear los mecanismos para remover a la Fiscal General Thelma Aldana. Las razones de semejante patraña están afincadas en las ronchas que ha levantado el procesamiento penal en contra de las estructuras responsables de buena parte de la debacle de la corrupción.

 En esa lucha y junto al Ministerio Público (MP), ha sido vital el trabajo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI). Desde el año pasado y mientras las acciones de tales instancias tocaron grupos de gobierno y ciertos entornos políticos, todo pareció estar bien para las élites que han sostenido el modelo de inequidad y corrupción hoy imperante. Toda vez se acercaron a las élites empresariales de la oligarquía que se ha beneficiado de la red de impunidad y latrocinio del erario, las cosas empiezan a moverse en otro sentido.

Es decir, no quieren dejar avanzar los procesos si estos han de limpiar definitivamente la cloaca de todas las plagas y no solo de los políticos de clase baja pero que fueron útiles en su momento para consolidar el sistema, De manera que una vez sus intereses se ven golpeados, como lo muestra la revelación de los manejos corruptos de Aceros de Guatemala y sus personeros, tienden puentes para asegurarse de que las cosas no se salgan de control.

De allí que ahora buscan entretejer los mecanismos que les permitan deshacerse de la institucionalidad del Procurador de los Derechos Humanos (PDH), de la Fiscal General, así como debilitar a la FECI y a la CICIG y golpear a otros actores de la cooperación internacional que puedan parecerles incómodos. Acción esta que encontró en un personaje poco transparente como lo es el Nuncio Apostólico, quien ha resultado un aliado en sus propósitos.

En definitiva, al igual que lo hicieron para impedir la reprogramación de las elecciones y con ello asegurarse la sostenibilidad del sistema como tal, hoy buscan debilitar a las pocas instancias que medianamente funcionan. Cuentan para sus propósitos con la complacencia de un gobernante de papel que vive alucinado con las luces del escenario que le han montado, pero incapaz de cumplir la función de gobierno. De hecho, se hace de la vista gorda con los desmadres de sus allegados políticos y las acciones que impulsan en el ejercicio del cargo en el Congreso los miembros de su bancada.

La conspiración de la impunidad busca no solo dar al traste con los mínimos logros contra la corrupción. También pretende asentar los cimientos de la regresión en materia política y remozar a los actores del autoritarismo y la represión. El golpe que pretenden asestar, empezando por el apoyo al corrupto de Gudy Rivera, solo es una muestra de la galería del horror que representa la intentona de la impunidad.

Por ello necesitan limpiar el camino de todo lo que les estorbe. Y les estorba quien se niega a servir de corifeo en sus afanes corruptores: un equipo fiscal que sea capaz de investigar y perseguir tanto la corrupción como las violaciones a los derechos humanos pasadas y presentes; un respaldo internacional que contribuya a la consolidación democrática y, sobre todo, una ciudadanía crítica y movilizada.

 En tal sentido, una presión ciudadana que además de desenmascarar sus intenciones se movilice para rechazarlas, es una de las más valiosas herramientas. Rechazar la destrucción de las instancias que han dado paso a la desarticulación de redes delincuenciales es una necesidad. Y, en ese camino, derrotar la impunidad y la corrupción es una tarea de todas y todos.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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