La cultura de la protesta

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Hace varios años escribí este poema

Quema el sol amigo

pero seguimos esperando
Presiento que después de varias horas

odiaremos a los que nos precedieron

reiremos de los que quedaron hasta atrás
Nuestra piel habrá cambiado de color
Estaremos por momentos limpiando el pavimento

con la palabrota retenida en el murmullo

la protesta sin salir de nuestra boca
Con el paso de las horas el sol estará aún más alto
Pero al final seguimos esperando

La cultura de la protesta fue castrada por la represión de los años setentas y ochentas del siglo pasado. Asesinaron a gran cantidad de líderes populares, desaparecieron a muchos otros y obligaron a salir hacia el exilio a otro buen número. Lo que quedó fue la tierra arrasada y el terror sustituyó a la protesta. El plan para preservar el statu quo fue ejecutado sin piedad y el pueblo puso los miles de muertos. Además de la mortandad el resultado fue obtener el silencio y la pasividad del pueblo ante los desmanes que habrían de venir.

Ante cada intento de salir a protestar la represión fue siempre la respuesta. La clase media fue la más dañada, su voz nunca más fue escuchada y se disolvió entre la apatía y la aceptación del discurso individualista y aspiracional; “Trabajen huevones” fue de las pocas consignas que atinaron a lanzar como respuesta al llamado a unirse.

La protesta en las áreas urbanas casi desapareció y lo que quedó, marchas sindicales y plantones de maestros, fueron movimientos que se vendieron a los intereses del mejor postor.

En este país han sucedido abusos de proporciones apocalípticas y robos de gran magnitud, propiciados por la corrupción que pudre todas las esferas del Estado, todo en contubernio entre políticos y sus financistas, quienes lo han destruido para su propio beneficio. Saqueo y violencia desbordada es lo que toca a los demás.

Hasta antes de la jornada del 25 de abril la pasividad había sido la respuesta. Pero llegó el día en el que la clase media dio señales de vida y llenó la Plaza central en señal de protesta, exigiendo juicio y castigo para los corruptos. Desde ese día las manifestaciones ciudadanas no se han detenido y parece que van creciendo. Se pudo ver en la marcha del 1 de mayo, que a diferencia de otros años tuvo la participación de sectores no tradicionales, como grupos de punk y estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, por mencionar algunos. El 2 de mayo miles de personas volvieron a reunirse en la Plaza para manifestar su rechazo al sistema y a exigir la renuncia de los gobernantes.

Las redes sociales no paran de convocar y programar más fechas de protestas. Parece que finalmente el miedo está empezando a desaparecer. Y ojalá que siga así, porque el sistema está podrido y solo la protesta del pueblo puede obligar a que se den los cambios.

No es el momento para ser llamarada de tuzas. Que las muchas manifestaciones se conviertan en la nueva cultura de la protesta.

(Ojalá que los acontecimientos me den razones para escribir la contraparte del poema del inicio)

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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