¿La década revolucionaria fue un proyecto comunista o reformista?

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La década revolucionaria es un proyecto reformista porque los tres gobiernos de la revolución se caracterizaron por implementar cambios graduales en sintonía a la construcción de un Estado moderno y capitalista. Mientras que si hubiese sido un proyecto comunista, como mínimo tuvo que haber apuntado a la distribución equitativa del trabajo en función de la habilidad y basarse en la transformación del sistema de propiedad hacía la propiedad comunal de los medios de producción a través de eliminar la propiedad privada, y estatizando la propiedad sobre dichos medios en un primer momento.

Por tanto, no se puede catalogar la década revolucionaria como un proyecto comunista por cuatro razones principales:

Primera razón: El triunvirato con la transición ordenada y organizada a elecciones democráticas se caracterizó por la participación plural de los diferentes sectores ideológicos. A excepción de los comunistas que continuaban en la clandestinidad o en la participación política infiltrada y ejercida en partidos políticos moderados que no tenían en su estructura organizativa ni programática planteamientos comunistas. Exclusión formal que se mantuvo hasta mediados del gobierno de Jacobo Árbenz, cuando los comunistas guatemaltecos pudieron organizarse abiertamente en un partido y operar interna y externamente en función de las directrices de su pensamiento político.

Segunda razón: El gobierno del doctor Juan José Arévalo se caracterizó por la implementación de reformas sociales concentradas en las áreas urbanas del país. Con la formulación y aplicación del código del trabajo, la implementación del sistema de seguridad social y la novedosa y moderna infraestructura de las escuelas públicas. Arévalo no aplicó ni una sola medida para transformar la estructura económica del país. Sus reformas impulsaron la modernización del aparato burocrático del Estado, la introducción de mejoras sociales principalmente en las clases medias urbanas, a crear las formalidades de la democracia representativa y a reconocer y respetar los derechos y libertades de los ciudadanos.

Tercera razón: El gobierno de Jacobo Árbenz, por su lado, tuvo un carácter económico. Se concentró en la transformación de la estructura económica del país, pero lejos de apuntar hacia un modo de producción comunista, apuntó a la implementación de un modelo capitalista, nacional y moderno que rompiera con el monopolio de la economía nacional en manos de transnacionales para que se configurara un sistema de competencias (principio básico del capitalismo). Para lograrlo, el gobierno de Árbenz implementó las siguientes reformas económicas: 1. Construir la carretera al Atlántico, para competir directamente con la vía férrea de la International Railways of Central America -IRCA-. 2. La construcción de un Puerto en el Atlántico, el puerto “Santo Tomás de Castilla”, para que el Estado participara de la administración y control de las exportaciones e importaciones. 3. la creación de la planta Hidroeléctrica Jurún Marinalá para romper el monopolio de la empresa eléctrica extranjera “Electric Bond and Share Company”. Y, 4. La reforma agraria. La cual consistía en convertir a los campesinos que eran predominantemente indígenas en propietarios de fincas, haciéndolos obtener ingresos en actividades agrícolas, que luego invertirían en nuevas actividades productivas y en el consumo, provocando la ampliación del mercado interno. Reforma que fue tachada de comunista y que realmente era una política agraria capitalista muy parecida a la que implementó Estados Unidos en el siglo XIX.

Y cuarta razón: porque hasta mediados del gobierno de Árbenz era ilegal toda forma de organización política comunista, por mucho que tuviera participación activa en la vida política del país. Eso provocaba que los líderes comunistas se plegaran a la lógica reformista de los incipientes proyectos de la revolución para sobrevivir y cuando tuvieron una participación decisiva en el diseño de la reforma agraria, el partido comunista y sus líderes estaban muy influenciados por la dogmática estalinista que plantea que se debe desarrollar el capitalismo al máximo hasta que este modelo se agote y así se establezcan las condiciones necesarias para que se transite hacia el comunismo. Por eso el partido comunista, sus líderes y militantes apoyaron la reforma agraria, porque la entendían como un mecanismo que iba a permitir el desarrollo capitalista que muchos años después iba a culminar en socialismo como modelo de por medio y posteriormente en comunismo como último estadio de organización social. Es decir, la fuerza política comunista no estructuró la reforma agraria para socializar la propiedad sobre la tierra ni sobre otros medios de producción.

Cinco conclusiones sobre la revolución y la contrarrevolución a la luz de los hechos:

1. El proyecto reformista de la década revolucionaria incorpora a las nuevas clases medias a disputar el poder político con las oligarquías tradicionales y representa un ascenso de la burguesía al poder que desató una disputa entre los propietarios y burguesías emergentes y capitalistas en contra de las oligarquías cafetaleras y con tradición colonial. Es una revolución de considerable apertura democrática que permite el surgimiento de nuevos partidos políticos con diferentes ideologías políticas y una modernización capitalista y nacional.

2. La década 1944-1954 en el contexto de la guerra fría es un momento de la historia en el que a Estados Unidos más que molestarle el comunismo, le molestaba e inquietaba la democracia de amplio espectro político. Buscaban y acompañaban democracias tuteladas o férreas dictaduras que les permitiera tener el control político y económico de los países que debían estar a su servicio.

3. Los intereses económicos y la visión monopolizadora del capital corporativo estadounidense superó la intención de determinar si existía comunismo en países vecinos. Ese fue el caso de Guatemala.

4. La contrarrevolución de 1954 terminó con un período de conquistas sociales y democráticas, pero ante todo, terminó con una oportunidad sin precedentes de transformar la estructura económica del país a través de la multiplicación de la propiedad y el surgimiento de campesinos propietarios que ingresarían al mercado nacional como dueños de lo que producen.

5. La contrarrevolución y la ideología anticomunista tuvieron un objetivo en común: fulminar el desarrollo.

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About Author

Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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