La democracia como bien público

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Ronalth OchaetaPor Ronalth Ochaeta

¿Por qué es tan importante hablar de financiamiento de los partidos políticos? Es una pregunta que hoy muchos se hacen en Guatemala, siendo un dilema vigente en el resto de América Latina, pues desde diversos ámbitos se encuentran cuestionamientos sobre la regulación del financiamiento público y privado en la política.

Hace algunos días Daniel Zovatto puntualizo aspectos a considerarse para reformas a la LEPP. Principalmente, señaló lo indispensable en regular el financiamiento privado y apostarle a reformas que tracen líneas en materia de reelección, transparencia, democracia interna, igualdad de oportunidades, cuotas y políticas de acciones afirmativas, descentralización, organización territorial y fortalecimiento institucional, en síntesis; Guatemala necesita una reingeniería política del siglo XXI.

Desde la ciencia política contemporánea se busca explicar los problemas asociados a la calidad de la política y democracia, interesándose por los procesos políticos que han creado incentivos perversos en la forma de hacer política y que han influido en el diseño actual de la democracia; señala la disciplina con urgencia hacer que la política retorne de nuevo a los ciudadanos y se propongan reformas medulares a la forma de hacer y financiarla, tomando como eje central la transparencia del financiamiento y construir una nueva moralidad en la política.

Sheldon Wolin (2008), nos habla de que la democracia, si la situamos como bien público, ha sido víctima de los procesos privatizadores producto de las reformas estructurales del Estado que como daño colateral ha erosionado a los partidos políticos en su capacidad de intermediar y representar a la sociedad. Giovanni Sartori (2002), señala que la política teledirigida ha encapsulado el poder de transformación de la misma, menguando la capacidad de representación del político/política. Para Bauman & Bondoni (2014), el dinero opaco ha creado incentivos de representación oculta, estos incentivos deliberadamente erosionado la confianza en la democracia y dañado la capacidad del Estado en administrar de manera efectiva los problemas de realidad social en función del poder y la política.

Lo anterior lo observamos en los partidos políticos guatemaltecos, han perdido capacidad de representación y por ello los movimientos sociales y ciudadanos han emergido como ese actor “outsider” que representan esas agendas olvidadas por los partidos políticos, siendo los movimientos sociales y ciudadanos una nueva forma de intermediación entre la relación Estado y sociedad, creando capacidad de gestión, auto-representación, movilización y organización para presentar reformas políticas, véase el caso #RenunciaYa.

Por otro lado, en sintonía en Guatemala como en otros países, escasamente los dilemas del desarrollo son de poco interés de los políticos, solo se presentan como interés partidario cada elección en los programas de gobierno para ganar adeptos pero difícilmente los partidos políticos reclutan a líderes que provienen de esas luchas y causas populares/ciudadanas para legitimar esos problemas estructurales de la agenda pendiente, lo que deja un vacío de representación popular/ciudadana, por ello es necesaria la competencia y democracia interna para construir partidos programáticos.

Para finalizar, ante el escaso nivel de regulación del financiamiento, las víctimas inmediatas son el Estado, instituciones y contribuyentes, debido a que los políticos son incapaces de tener poder de resolución (capacidad de implementar políticas públicas perdurables y efectivas), que minimiza la resiliencia de las mismas, porque se defenestran las reformas en cada cambio de gobierno; lo que implica la no continuidad de procesos de cambio institucional, siendo recurrente la escasez de resultados e inefectividad de la acción política, pues los políticos no están comprometidos con los votantes, sino con los financistas.

Desde 1985 la “pistocracia” es el modelo de financiamiento a la política, es técnicamente mercantilizada (privada) siendo el lubricante que aceita la corrupción. El peso del financiamiento privado (Acción Ciudadana: 2012), sitúa una relación proporcionalmente de 9 a 1, donde 1 es el financiamiento del Estado y 9 es el financiamiento privado. Guatemala es el país más caro en hacer política durante una campaña electoral en América Latina y es uno de los más caros en el mundo, ser el sistema electoral más caro no significa calidad en la política, al contrario ha significado corrupción, subdesarrollo y captura del Estado.

Por tanto, el financiamiento debe ser transparente, regulado y los partidos políticos subsidiados y controlados por el mismo Estado, no hay de otra; si nuestro interés es crear incentivos que promuevan la calidad de la política y el aumento considerable de la calidad de la democracia y políticas públicas para el desarrollo (mejorar la inclusión social, condiciones de competencia y liberad de mercado). La literatura en síntesis concluye: “Aquellos sistemas electorales y sistemas políticos financiados, regulados y controlados por el Estado son países más inclusivos, prósperos y democráticos”.

Pero queda una pregunta en el aire, ¿Qué pasa si eliminamos el financiamiento privado?

En la mayoría de países desarrollados el financiamiento de la política es mixto, es decir; el financiamiento público y privado, ambas figuras coexisten, pero el financiamiento privado está sujeto a regulaciones fuertes. En países como Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Holanda y Dinamarca el financiamiento de la política es prácticamente público con poca influencia del financiamiento privado, mientras que en países como Japón, EEUU, Inglaterra coexisten ambos modelos pero el financiamiento privado es mayor pero con fuertes regulaciones estatales. En Chile y Costa Rica el financiamiento privado ha sido fuertemente cuestionado, destapándose casos de corrupción, dañando seriamente la credibilidad en la democracia y de los partidos políticos.

En este sentido, Sheldon Wolin (2008), explica cómo el modelo de financiamiento actual ha creado modelos de democracias plutocráticas, pues el votante mediano (ciudadano común), difícilmente verá representados sus intereses y predominan las agendas corporativas en los tres poderes del Estado. Por tanto, hay segregación en la representación y modelo de democracia moderna se ha separado y asilado de la ciudadanía. Lo que es preocupante; dado que el modelo de financiamiento desregulado ha erosionado las capacidades de la democracia como sistema para gobernarnos.

En el plano ideal, el financiamiento a la política debería ser público; sin embargo, en el plano real el financiamiento privado es necesario, más no indispensable. Elinor Ostrom (2011), señala que los bienes públicos y entre ellos la democracia, pueden administrarse de manera eficiente y efectiva, pues su calidad está en el diseño de los incentivos, pero para procurar dicho bien público, a toda costa se debe evitar que caiga presa en la tragedia de los comunes.

En síntesis, la democracia debemos protegerla de los “free-riders” en este caso de los “oportunistas políticos”, que la cooptan y crean incentivos perversos que resguardan intereses oscuros, tales como privilegios fiscales, asociación ilícita con el narcotráfico o crimen organizado, enriquecimiento ilícito, captura del Estado, corrupción y legislación/regulación favorable en detrimento de la calidad de vida de los ciudadanos, siendo los oportunistas políticos los principales enemigos de la democracia.

¿Por qué la democracia es un bien público?

La democracia por concepto no puede ser un bien excluyente, ni exclusivo y no pueden asignarse derechos de propiedad para garantizar su eficiencia, la naturaleza de la democracia es ser articuladora y gestora de derechos e inclusión mediante procesos políticos y electorales para que se construyan decisiones desde todos los sectores de una sociedad, es por excelencia la acción colectiva en su forma más pura.

La democracia es el sistema más caro en términos monetarios que el ser humano ha diseñado para tomar decisiones y hacer el mundo más justo; sin embargo, la mala democracia puede ser proporcionalmente mucho más cara que la buena democracia, porque engendra al demonio llamado corrupción y hace perder los fines en que concebimos el Estado.

La democracia puede ser un sistema imperfecto pero es el regulador y redistribuidor de las relaciones de poder más efectivo entre la sociedad, Estado y mercado. Sin embargo, la democracia tanto como el Estado, si los situamos en la dimensión bienes públicos, le pertenecen al ciudadano y no al sector privado. La dimensión de ciudadanía puede conjugarse con el ámbito privado y público, pero hay límites de ética pública que debemos distinguir parar definir las fronteras del financiamiento privado y el rol de Estado en el control, financiamiento y subsidiariedad a los partidos políticos.

La conclusión final es no confundir y pensar que la democracia funciona igual que el mercado para que sea eficiente. Suponer o anteponer a democracia bajo las reglas del mercado es ponerla en manos del pecado capital de la avaricia y codicia. La democracia funcionará, sí y solo sí, posee los incentivos y controles correctos que aseguren la inclusión, transparencia, responsabilidad, regulación y control del Estado y la propia ciudadanía. La democracia, vista desde la perspectiva libertaria y conservadora (la exclusividad del financiamiento privado en la política ya no es viable, hemos perdurado con ese modelo por treinta años).

Tras las marchas, la ciudadanía pidió detener la corrupción, exigió más transparencia, Estado y democracia; por tanto entrémosle a una reforma a la LEPP pensando en una reforma equilibrada e inteligente, a la altura de una idea de ingeniería política del siglo XXI, basada en la regulación al financiamiento y subsidiariedad a la política con fuertes controles estatales y apostarle al desarrollo de capacidades de las instituciones democráticas, que nos garanticen una democracia justa y acceso a la igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones y así contribuir a mejorar la calidad en la política.

Bibliografía

 Acción Ciudadana (2012) – ¿Cuánto costó la campaña electoral de 2011? Magna Terra Editores. Guatemala, Febrero 2012.

 Bauman, Zygmunt. & Bondoni, C. (2014) – State of Crisis. Polity Press. Cambridge. UK. 2014

 Ostrom, Elinor. (2011)- El gobierno de los bienes comunes: La evolución de las instituciones de acción colectiva. Ediciones Fondo de Cultura de México.

 Satori, Giovanni. (2002) – Homo Videns – La sociedad teledirigida. Ediciones Fondo de Cultura. México. 2002.

 Wolin, Sheldon. (2008) – Democracy Incorporated – Princeton Universtiy Press. Princeton, New Yersey. 2008

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2 comentarios

  1. Qué son los bienes públicos? Cómo un concepto pretende ser un bien público? Las elecciones son el único elemento de democracia?

    • Andrea, creo que el autor del articulo confunde el atol con la cola,… mire pues… la democracia no es un “bien publico”, es una “herramienta” para la toma de decisiones… por eso la democracia es la “decisión” de las mayorías, ya sea en elecciones, referendos, consultas populares, leyes, acuerdos… existen varios tipos de democracia, la representativa (donde las decisiones son tomadas en representación, en nuestro caso los diputados son nuestros representantes) y la democracia directa (donde actuá toda la población)… en Guatemala se manejan las dos, si se entiende el estado y no se deforma el concepto y la realidad (como lo realiza el columnista), la democracia abunda en nuestro país sin limite alguno (mas en el tema de la democracia representativa, donde el diablo -diputados- nos representan, debe ser limitada la democracia)…
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      La pregunta que queda en el aire…. si el financiamiento debe ser transparente, la lógica que se entiende es que debe ser sencillo el sistema de financiamiento… pero si lo “regulo mas”, se esta in situ proponiendo mas discrecionalidad, porque quien controla eso (quien estaría a cargo de controlar todas esas regulaciones), y va de nuevo, entramos en el juego de la honorabilidad de nuevo…y otros 100 años de soledad… aburrido y se acaba la vida…
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      Lo de que es un bien publico… son otros lenes mas, otro día talvez… saludos…

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